BUENOS AIRES.- Justo cuando Néstor Kirchner se prepara para comenzar el próximo miércoles el período de cuatro años que le asigna la Constitución, los referentes más tradicionales del justicialismo han comenzado a mover la cola sobre el hormiguero. Es que la sombra de la transversalidad amenaza las estructuras del PJ y muchos de los caudillos tradicionales observan preocupados cómo se está gestando un espacio que debería desembocar -a la corta o a la larga- en un nuevo partido político. Esta es la razón de fondo que motivó las nerviosas manifestaciones que durante la última semana tuvo como protagonistas a conspicuas figuras del duhaldismo, antes de que su jefe hiciera mutis por el foro para viajar por el mundo junto a Lula. Es notorio que muchos intendentes, no se cansan de decir que Kirchner y Felipe Solá no representan al peronismo y que -más allá de los desplantes que habitualmente le hacen- le auguran en privado corta vida al gobernador. "El principal problema de Solá es Felipe", dicen que dijo el propio Eduardo Duhalde para definir el panorama que le pintan los jefes comunales del conurbano y para describir el poco feeling que tienen con "ese muchacho", como lo define a veces el ex presidente, y con quien dice que no tiene ningún problema.
Medición de fuerzas
En cambio, su relación con Kirchner es de una permanente medición de fuerzas y en ese tironeo se inscriben los sablazos de sus adláteres y los que le propinó al Gobierno su propia esposa, respecto de la "mano de seda" que se utiliza con los piqueteros.
El duhaldismo jura que en este tema su vocación no es reprimir, ya que pagó muy duramente las muertes de Kostecki y Santillán. Dicen sus principales referentes que el problema es que la sociedad cree que los piqueteros tienen más derechos que el resto de los argentinos, situación que empujó a la violencia a los ahorristas estafados de Nito Artaza, hartos de no ser recibidos en la Casa Rosada. Y también diagnostican que los piqueteros hacen lo que quieren, precisamente porque el Gobierno les dice que no los va a reprimir. Esta situación comenzó a ponerse en claro durante la semana, cuando Alberto Alvarez Gaiani, el titular de la Unión Industrial Argentina, apuntó contra la inacción oficial hacia los violentos que efectúan actos intimidatorios y que espantan las inversiones que, a la postre, generarán empleo. Un punto que pasó inadvertido es que Kirchner, quien tenía en su poder el discurso desde unas 36 horas antes, por omisión, le dio vía libre al dirigente empresario para exponer sus argumentos.
A partir de entonces, el discurso oficial viró hacia marcar una divisoria de aguas entre lo que es la represión y lo que significa el deber del Estado de apelar a su acción disuasoria para restablecer el orden. Nada más ni nada menos lo que buena parte de la gente le exige al Gobierno: criterios de equidad entre los derechos de los piqueteros y los que debería tener el resto de la sociedad. En este aspecto, para las autoridades, los taxistas porteños se han convertido en voceros peligrosos de la disconformidad, ya que con su prédica inciden en la clase media, pero además tienen los mismos problemas que marcó Alvarez Gaiani en su alocución. O bien son trabajadores que pierden horas de recaudación atascados en el tránsito o bien pequeños empresarios que se niegan a comprar nuevas unidades -o a mejorarlas o a incorporar choferes- porque nadie les asegura un retorno efectivo para su inversión. Esta traba también se manifiesta en la inseguridad creciente que se verificó durante los últimos días en pleno Buenos Aires. Dicen desde el Gobierno que, en esta escalada, se huele alguna operación política, pero lo cierto es que a los vecinos no les importan razones y exigen protección.
Viento en popa
Entonces, si el Gobierno quiere avanzar rápidamente hacia la construcción de nuevos espacios de poder está obligado a remover estos dos serios obstáculos que se le presentan. No es el caso de la economía, donde, salvo en el caso de la complicada renegociación de la deuda, todo sigue viento en popa. El importe de la recaudación impositiva no sólo alegró a Economía por la cifra, sino que el desagregado permitió comprobar que el aumento provenía del mayor nivel de actividad. Uno de los desvelos del equipo económico pasa ahora por empujar la pata del crédito para consolidar el envión y en este aspecto, un informe de Standard & Poors hizo un punto central en la alta dependencia del Estado que tiene el sistema bancario (incumplimiento de la deuda, pesificación asimétrica, etc.) y en su poca actividad crediticia, pese al actual nivel récord de liquidez. Doble situación que también le preocupa al FMI. Con las estadísticas conocidas en materia de comercio exterior, se pudo observar también que la pretensión de mejorar el nivel del tipo de cambio tuvo que ver adicionalmente con cierta necesidad de bloquear mayores importaciones que comenzaban a abortar el proceso de sustitución.En este aspecto, el BCRA continuó comprando dólares, emitiendo pesos y esterilizándolos a través de pases, Lebac y las nuevas Nobac de mediano plazo. Y aunque dicen que habrán de compensarlo con lo que se gane por redescuentos otorgados a los bancos, la jugada cuesta un dinero que la autoridad monetaria guarda por ahora bajo llave. (DyN)







