La construcción de un nuevo orden político en Tucumán es una tarea trabajosa y llena de conflictos. José Alperovich sucedió a Julio Miranda en la gobernación, y desde el mismo 29 de octubre emprendió la búsqueda de su propio camino.
La edificación del orden implica la armonización de las distintas partes, de acuerdo con una línea directriz. Alperovich decidió que su administración debía diferenciarse de la homogéneamente peronista que regenteó los destinos de Tucumán entre 1999 y 2003.
El punto de quiebre se sitúa en el discurso de asunción del ex senador. Las designaciones de funcionarios de distintos niveles acentuó la impresión de que hubo un corte. El malestar creció con el transcurso de las semanas siguientes. La exclusión de la dirigencia mirandista de las jerarquías del poder parece un hecho que no tiene vuelta, al menos por ahora.
En las filas de la ortodoxia partidaria comparan situaciones y extraen conclusiones. Ven diferencias en la actitud de Miranda y de Alperovich ante las elecciones legislativas nacionales de 2001 y de 2003. En la boleta de senadores de hace dos años la imagen del gobernador compartía el riesgo político con el entonces candidato Alperovich. Miranda se avaló a sí mismo en los sufragios del 26 de octubre pasado, con su foto y su postulación. En cambio, el nombre de Alperovich -candidato suplente- aparecía casi perdido. Eso y el enojo por el maltrato a algunos cuadros mirandistas se combinaron explosivamente.
Sensación térmica
En esos rincones del PJ se acusó a Alperovich de haber quebrado los códigos del peronismo. Del otro lado del puente, se ven las cosas de un modo distinto. Funcionarios de la nueva administración se quejan de la herencia que encontraron en distintos organismos. El control del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA) es, por caso, uno de los puntos de conflicto más duros entre mirandistas y alperovichistas.
La arremetida del matrimonio formado por el legislador Juan Eduardo Rojas y Rosa Augier contra Alperovich, que pretendió colonizar la Defensoría del Pueblo con nombramientos signados por el nepotismo, contuvo cuestionamientos duros contra la marginación de los mirandistas. Los ecos llegaron hasta la Casa de Gobierno.
Uno de esos diálogos acercó a hombres de extrema confianza de Miranda y de Alperovich, a una oficina muy cercana a la del gobernador. El político mirandista distinguió la temperatura de la sensación térmica para explicar lo que pasa dentro del PJ. Esta última noción serviría para explicar el disgusto de los desplazados, mientras que la mayoría del partido sentiría menos irritación.
Su interlocutor oficialista le contestó que Alperovich hizo lo que correspondía, porque empezaba con las cuentas en rojo. Para sanear el déficit político acudió a elencos ajenos a la tradición peronista. La pelea electoral está lejana y, en consecuencia, no habría margen para disputas que desestabilicen el Gobierno.
Dentro de ese clima, se situó a la cena del viernes que compartieron Alperovich y Miranda, con sus cónyuges. Según los ortodoxos del PJ, el senador era el portavoz de las quejas de los perseguidos por el oficialismo. Ya había expresado su fastidio por las constantes denuncias de corrupción ante el propio gobernador, unos días antes de jurar en el Senado, por el período 2003-2009.
Los alperovichistas le dan otro sentido al encuentro. Dicen simplemente que se trató de un gesto de unidad hacia adentro del peronismo. Y que si alguien pagó un costo ante la sociedad, es el gobernador, porque Miranda se devaluó más tras las elecciones del 26 de octubre. La división irremediable del peronismo haría trizas la gobernabilidad.
El banco de pruebas
La Legislatura es una de las piedras angulares del nuevo orden político. En esa rama del poder es donde se pondrá a prueba la gobernabilidad, por la primacía indiscutida del peronismo. La oposición no tiene número ni capacidad de fuego como para erosionar al oficialismo.
Sin embargo, una disposición imprudente de la Casa de Gobierno puede juntar a unos y a otros, con consecuencias catastróficas para Alperovich.El vicegobernador Fernando Juri es consciente de esa situación. También sabe que debe levantar la gigantesca hipoteca y revertir el descomunal desprestigio que le dejó la anterior composición de la Legislatura. Avanzar en un sentido distinto fue la opción elegida por Juri.
La acción del legislador Rojas descolocó a Juri, quien se agarró de la cabeza ante la inclusión de parientes y de amigos del ex defensor del pueblo en un organismo que depende de la propia Cámara. Le abrió, incluso, un atajo a Alperovich para que vapuleara a un legislador y, en forma indirecta, a todo el Poder Legislativo.
El vicegobernador halló la manera de sacar el problema del medio, al conseguir que la Cámara lo autorice a nombrar al defensor del pueblo por 180 días.
Durante ese lapso deberá dilucidarse cuál será el mejor sistema para designar a ese funcionario.
Juri tiene claro que debe escoger a alguien que no tenga un fuerte color peronista, ni mucho menos opositor. Exprime su imaginación tras la búsqueda de un abogado que pueda congelar su ejercicio profesional por 6 meses y satisfacer intereses contradictorios.
Por la naturaleza híbrida de su cargo -coparticipa del Poder Ejecutivo y es cabeza de la Cámara-, Juri debe desplazarse de un punto al otro del tablero político, manteniendo un equilibrio perfecto. La Constitución de 1990 lo puso en ese brete. A las razones de naturaleza jurídica se adicionan las de corte político.
Dentro de esa oscilación, procura conducir el Poder Legislativo compatibilizando los criterios del bloque mayoritario y de los que son hostiles a la Casa de Gobierno. En los primeros 30 días consiguió acuerdo de pareceres de todos los sectores. La comunidad clavó su vista en otro costado de la cuestión. En épocas recientes, la dieta del legislador originó una espiral escandalosa que acabó en la Justicia. Parece que ahora se quiere blanquear la situación. Se empezó por el pago de dietas y salarios en un banco. El proceso se profundizará cuando las manifestaciones juradas de bienes de los legisladores puedan ser conocidas por todos.







