El juego de la pobreza

Tucumán debe recuperar su papel de polo cultural.

07 Diciembre 2003
Por Gustavo Martinelli

aHay muy pocas cosas en la vida tan claras como las reglas del "Estanciero". Hoy, las nuevas generaciones prácticamente lo ignoran. Sin embargo, no existe un juego de mesa en este mundo que sea, en un mismo rodar de dados, tan universalmente pesimista y a la vez tan profundamente argentino. Tal vez por eso tuvo tanto éxito: porque, en su escasa geografía de cartón, pinta los fracasos argentinos.
El juego en realidad es muy simple. El tablero representa a toda la Argentina y a los jugadores se les asigna una pequeña suma de dinero antes de tirar los dados. Cada provincia tiene un valor y, en el decurso del azar, llega la posibilidad de invertir. Se empieza desde los casilleros más postergados (todos los jugadores evitan caer en Formosa, Santiago del Estero o Tucumán porque son considerados lugares poco atractivos para invertir) y, si la suerte ayuda, se pasa luego por las viñas mendocinas y las granjas santafecinas para terminar en las ubérrimas chacras de la Pampa Húmeda o en las ricas estancias de Buenos Aires.
Claro, es un juego. La realidad es distinta. O, al menos, debería serlo. A más de tres décadas de su apogeo, el "Estanciero" sigue siendo un espejo con dos caras; una que refleja el empobrecimiento paulatino de algunas regiones y la otra, la riqueza de unas pocas provincias.
En Tucumán la realidad es más dura que la ficción lúdica. En los últimos tres años ninguna inversión relevante vio la luz en esta tierra que, paradójicamente, cobijó el primer grito independentista. En consecuencia, no hubo un crecimiento, sino un brutal retroceso que, por ejemplo, obligó a los empresarios a declarar en "emergencia turística" a la provincia dos años atrás, aunque hoy sigue tan pobre como en los tiempos de la convertibilidad. Y, para muestra, basta un botón. O, en este caso, una publicación.
Recientemente, una conocida revista de actualidad porteña, publicó un dossier en el que se hablaba del turismo del NOA. Pero, para sorpresa de muchos, todas las páginas estaban dedicadas a exaltar las bellezas y atracciones de Salta, mientras que Tucumán quedaba relegado a una sola página en la que sólo se destacaban las bondades paradisíacas de los Valles. No había ninguna nota sobre la historia de la ciudad, la magia del circuito chico o la frescura de El Cadillal. Esta suerte de postergación, que ya lleva varios años, no hace más que ratificar la ausencia de una política agresiva que tenga como objetivo recuperar los laureles perdidos. Históricamente Tucumán fue siempre el pilar del NOA, la provincia que marcaba tendencia, no sólo desde el punto de vista económico, sino también cultural. Hoy, Tucumán sólo puede exhibir las cenizas de lo que fue un admirable hogar. Como si se tratara de un golpe de suerte, otras provincias tomaron la delantera del juego en materia de inversiones y de generación de cultura. Así, Salta destina un presupuesto de casi 1 millón de pesos sólo para el funciona- miento de su Orquesta Sinfónica, y sus festivales de cine y de teatro congregan multitudes. Allí se filmó "La ciénaga", la película premiada en Francia que dirigió Lucrecia Martel, quien actualmente rueda "La niña santa" en los mismos páramos. Es la provincia que albergó en 2001 al actor Harvey Keitel, que vino directo de Hollywood para filmar "En ninguna parte", con el chileno Luis Sepúlveda. Y, como si fuera poco, es la provincia en la que ha puesto sus ojos Steven Spielberg para rodar una parte de "Indiana Jones IV".
Tucumán, en cambio, sigue espantando a los realizadores. No sólo por los absurdos trámites burocráticos que deben cumplir, sino por la ausencia de una política que priorice la cultura por sobre la barbarie. La falta de apoyo a algunos realizadores jóvenes, como Pablo Kühnert (que debió suspender dos veces el rodaje del thriller "El cuarto oculto" en El Corte) demuestra que los proyectos oficiales siguen siendo adjetivos y no sustantivos.
Sólo cuando esa situación se revierta, Tucumán podrá superar la ficción y salir de ese vasto territorio llamado soledad, representado por un gaucho engañador en la portada de un viejo y olvidado "Estanciero".

Tamaño texto
Comentarios