Juan Manuel Asis
Por Juan Manuel Asis 10 Julio 2014
“No es lo mismo basta o va a estar,
ni es lo mismo, decir, opinar, imponer o mandar
las listas negras, las manos blancas... (verás)
no es lo mismo” (Alejandro Sanz)

Un 9 de julio más, pero distinto. Sin Cristina, pero con Boudou. ¿Es lo mismo? Para nada; no es lo mismo y, como dijeron algunos dirigentes peronistas que ayer estuvieron en los alrededores de la plaza Independencia -un poco en serio, un poco en broma-, es hasta un poco más costoso. Ni para Alperovich fue lo mismo y le costó políticamente más tener que organizar semejante mitin en el teatro Mercedes Sosa para hacer aplaudir a un vicepresidente procesado por la Justicia. Pero cumplió con la jefa de Estado, hizo su parte: le dio a Boudou 30 minutos de tranquilidad celebratoria teniendo a la fecha patria como telón de fondo. Vale mencionar la ocurrente salida, con un poco de picardía, de un hombre del Ejecutivo que, para justificar la movilización en favor del vicepresidente, señaló: “es uno de los nuestros”. Tiene que haberlo dicho en tono jocoso porque sostener que son parte del mismo grupo es aludir a complicidades que no se pueden admitir, máxime con el grado de compromiso en una causa judicial por parte del vice. Otros, en voz baja, se animaron a más: “es un golpe a Alperovich”. Y lo fue, quedó maltrecho, pero aguantó el garrón. Como el resto.

En ese marco se puede entender que casi se tomara asistencia a los que fueron invitados al coliseo para que no hubiera lugares vacíos. Cada cual con su entrada en la mano. Y a ocupar su sitio y cumplir con su misión. Es que ir para batir palmas por el compañero de formula de la mandataria nacional cuesta, y cuesta en términos de vergüenza política e institucional. Máxime el Día de la Independencia, por más buitres que revoloteen por Tucumán. Y tenían que tener el cuidado de no ponerse colorados, para no quedar al descubierto. Algunos trataron de expiar sus culpas diciendo que asistían por el gobernador, respondiendo a su liderazgo, como para mitigar en algo que tuvieran que ir para darle un forzado baño popular a Boudou. Hasta a los integrantes del gabinete nacional pareció molestarles tener que trasladarse 1.200 kilómetros para acatar la orden de Cristina de no dejar solo al vicepresidente. Para que por lo menos la foto no muestre un “vacío” difícil de llenar. Fue difícil. Hasta ellos tuvieron que tragarse el sapo y blindar al hombre de peor imagen del Gobierno nacional, pero al que la jefa de Estado no quiere soltarle la mano. ¿Las razones? Mil especulaciones, pero la respuesta vendrá del lado de la investigación judicial. Dirá hasta dónde y hasta quién llega la trama por la causa Ciccone.

En fin, Cristina hizo lo suyo -irritar aún más a la oposición que cree que apostó al enfrentamiento enviando a su vice a Tucumán: “es una afrenta”, dijo Binner, “en el error ellos redoblan la apuesta”, acotó Sanz-; los integrantes del gabinete nacional también cumplieron su papel -obedecieron aún a regañadientes la orden de la Presidenta de dar una señal de que no hay grietas en el poder central-; los convocados también aportaron para el rol al que fueron invitados: aplaudir y darle color a la fiesta de la Independencia. Cada cual en lo suyo, mostrando una cohesión que no es tal, ni una unidad de la que muchos puedan vanagloriarse. Esto último dicho por los legisladores tucumanos del oficialismo. Algunos llevaron sus barras, sumaron pancartas, dijeron “presente”, pero no todos del brazo. Es que la historia de la “hermandad” legislativa del Frente para la Victoria es una mentira disfrazada. ¿Culpables? Varios apuntan a la indefinición de Alperovich sobre lo que quiere para 2015. Decir que “hay lugares para todos” no es suficiente, la muchachada quiere saber ya dónde. Si no, pasa lo que está ocurriendo en la Cámara: todos salieron a jugar la suya, y se están desconociendo feo.

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