BUENOS AIRES.- Cuando aún perduran los ecos sobre las discrepancias de Eduardo Duhalde y su esposa con el poder central sobre la política oficial con los piqueteros, la primera encuesta nacional -Consultora OPSM que dirige Enrique Zuleta Puchero- ha revelado que la estrategia presidencial tiene el apoyo de una considerable mayoría, sin perjuicio de que el 87,4 por ciento rechace los métodos de las protestas. Por otro lado, siete de cada diez indagados tampoco comparten absoluta o parcialmente los motivos de esas acciones. Tucumán figura entre los puntos de la encuesta, cuyos resultados superan en inquietud los de un mes anterior, pero revelan que tan solo el 15 por ciento quiere respuestas represivas drásticas o modificar la política actual. Otras referencias que no modifican la apreciación general de esa encuesta favorecen a la tesis del gobierno, pero también advierten que el rechazo de la sociedad al piqueterismo como recurso de peticionar va "in crescendo" y demanda soluciones menos demoradas que el largo plazo requerido por la lenta demanda laboral.
Arriando velas
La encuesta de referencia se acomoda con otra reciente de Analogías, igualmente nacional, donde la evaluación general de la gestión de Néstor Kirchner se eleva al 85,9 %, poco menos que pasando por alto otras cuestiones que devalúan aspectos sectoriales del gobierno. Las muestras de ambas indagaciones de opinión ciudadana han coincidido igualmente con la recomposición del gobierno de la provincia de Buenos Aires, donde reasumirá Felipe Solá, y cuyo perfil político es observado como un acercamiento significativo al Presidente, en detrimento del poder duhaldista. El panorama reafirmativo de la gestión presidencial se completa con el público propósito de la familia Duhalde, de acallar la polémica provocada por sus declaraciones a los medios, reprochando a la política oficial sobre las actividades de los piqueteros. El ex presidente transitorio ha pretendido descargar las responsabilidades por sus opiniones a quienes las publicaron, fulminando a los mensajeros de aquellos críticos conceptos.
La tolerancia con el desorden es, pues, la regla de juego que la sociedad parece compartir, a pesar de sus efectos y seguramente por temor a que una ola de violencia restrinja o ponga fin una vez más al sistema de vida libre y democrática, y que tan trágicas consecuencias acumuló en el pasado. Por ello, no parece intolerable que las autoridades de la Legislatura porteña hayan debido pactar con los ocupantes del recinto de sesiones, para que pudieran asumirse los nuevos mandatos. Todo ello a costa de dejar sin efecto por un año más, la finalización de 170 contratos de trabajo de su personal transitorio. "Algo muy irregular y preocupante", ha dicho el alcalde Aníbal Ibarra, bastante más inquieto ahora por lo que advierte en la ciudad que durante su reciente campaña electoral. (De nuestra Sucursal)







