Un paro que sólo perjudica

Los niños siguen siendo los más afectados.

04 Diciembre 2003
A dos días de la finalización del ciclo lectivo, tres gremios docentes (Atep, Apem y Amet) han reanudado medidas de fuerzas por 48 horas. Hace casi dos semanas, el motivo del paro fue oponerse a la reinstalación de la EGB 3 en la escuela pública, a la falta de pago del incentivo docente y a la descalificación del equipo que conduce actualmente la cartera educativa, cuando apenas llevaba 20 días en funciones. El Gobierno decidió descontar a los huelguistas los dos días de inasistencia al trabajo. Los sindicalistas argumentaron que por tratarse de un paro legal, la sanción era improcedente y, ante la firmeza del Poder Ejecutivo en su decisión, los gremios decretaron una nueva medida de fuerza en rechazo del castigo económico. Reclamaron también por haberes impagos del incentivo docente, y denunciaron agravios, amenazas y la falta de una política educativa.
En poco más de un mes en el poder, la actual administración que está intentando atender los múltiples problemas de una provincia devastada por las malas gestiones que le antecedieron, debe enfrentar un nuevo conflicto cuando aún no ha tenido tiempo de desarrollar la política que ha diseñado para el área educativa.
Se sabe que en una década se han perdido dos ciclos lectivos completos, a causa de las medidas de fuerza; en consecuencia, los principales perjudicados fueron los niños y jóvenes tucumanos. Más allá de lo justo o injusto de los planteos esgrimidos por el sector gremial, así como de la inoperancia de los gobernantes, la consecuencia de estos desaciertos está reflejada en una realidad que ha ubicado a Tucumán en una situación de atraso que debe preocupar y avergonzar a toda la sociedad.
En esta misma columna y en relación con el anterior paro docente, señalábamos hace pocos días que en la prueba de autoevaluación institucional y de calidad educativa en el nivel medio, se tomó examen a 5.399 alumnos -desde el 8º año de la EGB al 2º año del polimodal- de 197 escuelas estatales y colegios privados. El 87% quedó desaprobado. Indicábamos que el 52% de los niños no asiste a la escuela, a causa de la pobreza. Hay alrededor de 16.000 chicos que desertan de la escuela, entre primero y séptimo grado. Se estima que sobre una población de 1,3 millón, hay unos 600.000 analfabetos.Estos datos están mostrando que la educación viene haciendo aguas en la provincia desde hace mucho tiempo. El incremento del analfabetismo y de la incultura en vastos sectores de nuestra sociedad; la falta de respeto a las leyes; la casi ausencia de controles desde los poderes del Estado; la corrupción en constante ascenso, y el crecimiento de la ilegalidad son también consecuencia de un sistema que ha dejado de formar éticamente a sus ciudadanos. Una cosa es impartir conocimientos y otra es formar personas. Si un niño va a la escuela a comer y luego a aprender; si un docente está más preocupado en dar de comer que en enseñar y formar, algo grave está ocurriendo.
No es efectuando medidas de fuerzas ni arreglos políticos entre gremios y gobiernos como va a dignificarse la educación. Las pruebas de ello están a la vista. Se trata de cambiar la intransigencia por el diálogo, y las mezquindades sectoriales por el compromiso auténtico con la sociedad. El objetivo debe ser siempre la formación de nuestros niños y jóvenes, teniendo como norte la calidad educativa.
Revertir esta decadencia no será fácil y llevará un tiempo impredecible. El actual Gobierno ha expresado su voluntad de intentar recuperar el terreno perdido, pero no podrá lograrlo solo, sino con el aporte de los docentes, los gremios y los ciudadanos. Si no se lo entiende así, la esperanza será sólo una palabra.

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