Sequía, granizo y tensión preelectoral

Domato avivó polémicas en abril de 1989 con su discurso en la Asamblea Legislativa. La Marcha Blanca que ATEP impulsó liderada por Héctor Raúl Núñez copó la Plaza Independencia.

29 Jun 2014
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Abril de 1989 se singularizó por una acumulación de conflictos que sometió a un jaque continuo al gobernador José Domato.

A esas dificultades se adicionaron dos factores condicionantes: la crisis terminal de la gestión económica del Gobierno alfonsinista y la incertidumbre política generada por la elección presidencial del 14 de mayo. El ministro de Economía, Juan Sourrouille, renunció y lo reemplazó Juan Carlos Pugliese, quien sentenció que la transición política había empezado.

Ese era el contexto al 1 de abril, cuando Domato habló ante la Asamblea Legislativa. Propuso reducir el área plantada con caña de azúcar de 250.000 a 150.000 hectáreas, lo que era un sinceramiento de la economía.

Se quejó por la manifiesta falta de voluntad de acompañamiento de la Legislatura para revertir los desequilibrios heredados de una administración caótica. Advirtió, además, acerca del impacto negativo de la prolongada sequía en los distintos cultivos. Se perdieron 110 millones de australes, cuantificó. Defendió su política de salud y renovó ofertas salariales para la docencia que se hallaba de huelga desde el 28 de febrero.

En cadena

Domato esquivó definiciones categóricas sobre la situación nacional debido a la cercana elección de mayo. Y el pantano legislativo del que no podía salir el Ejecutivo se debía a la carencia de bloques oficialistas aliados.

Las reacciones se dispararon en cadena tras el mensaje gubernamental. UCIT le recriminó su plan de reducción del cañaveral. Jamás propuso un plan de diversificación, replicó. La Sociedad Rural, la Federación Económica de Tucumán y CACTU no ahorraron críticas al mandatario.

Los hospitales entraron en crisis al suspenderse los servicios de limpieza y alimentación. Los directores de los hospitales de Niños, la Maternidad, Padilla y Centro de Salud renunciaron en desacuerdo con la Casa de Gobierno.

Había irritado que Domato dijera que la crisis en la salud era un problema mental. ATSA, en tanto, se oponía al achicamiento de los hospitales. Pero la tormenta se disipó con la transferencia automática del impuesto a la salud al Siprosa, y la regularización del pago de salarios a profesionales y empleados.

Desde la esfera política, el radicalismo atacó al Gobierno por sus ideas en materia azucarera. Lo novedoso fue que el PJ, por primera vez, le reclamara que resolviese los distintos diferendos que agitaban la sociedad.

En medio de esas turbulencias, el 9 de abril Domato prevenía: los próximos 30 días serán inciertos en lo económico.

La protesta sindical

Coincidentemente con el inicio de la Marcha Blanca organizada por ATEP, una intensa lluvia y granizo castigó el sur de Tucumán. Importantes daños a los cultivos y la mortandad fue el saldo que dejó el fenómeno. El Gobierno, a todo esto, oscilaba entre aceptar resignadamente la protesta y avivar el fantasma de la agitación subversiva.

Miles de docentes y padres de familia tomaron la plaza Independencia desde el 12 de abril. ATEP, liderada por Héctor Raúl Núñez, invocaba históricas reivindicaciones salariales. Ctera avalaba la manifestación. Las tratativas entre el Ejecutivo y la dirigencia de ATEP encabezada por Núñez y Lauro Herrera no arrojaron ningún resultado.

En la madrugada del 15, unos 500 policías desalojaron a los núcleos que aún permanecían en la plaza. Abril concluyó con ATEP en huelga.

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