03 Diciembre 2003 Seguir en 
La situación definitoria en que ha entrado el debate sobre la actividad irregular de las organizaciones de piqueteros, ha planteado desde una nueva perspectiva el estado de incertidumbre en que se encuentra el sistema laboral del país. Jurídica y socialmente, el régimen sindical vigente desde hace seis décadas está pagando el alto precio de su viejo modelo, inspirado en el corporativismo ítalo-fascista, que prioriza la atención de la fuerza laboral con empleo, desatendiendo a los desempleados, de los que se ocupaba el Estado empresario. Concebido para servir a un régimen político autoritario donde la "forza del lavoro" -como el "brazo sindical del peronismo" en su momento- era una estructura solidaria del partido gobernante, la crisis política puso inevitable fin a esa relación y, en consecuencia, ese modelo gremial desapareció en su país de origen, con la democratización y pluralismo de la fuerza de trabajo.
No ocurrió lo mismo en nuestro caso, pues el sistema de sindicato único por rama de actividad económica superó todas las encrucijadas políticas bajo la protección del más poderoso partido, hasta que la recesión y crisis económica histórica hizo de la fuerza del trabajo desempleada y con empleo en negro, una expresión social numéricamente equivalente. Recién en ese punto de inflexión, la CGT legal y única advirtió su error de haberse opuesto al régimen de seguro de desempleo, después de haber sostenido, en desmedro de los desocupados, que tal sistema estimularía los despidos. La grave equivocación, unida al desprestigio de una dirigencia con fuerte rechazo de la sociedad por su falta de renovación, dio lugar, primero, a un sindicalismo disidente y, en los recientes años, a otro informal y caótico representado actualmente por las llamadas organizaciones de piqueteros. Estructuras confusas en su organización, pero sostenidas por las demandas sociales y los subsidios del propio Estado, y cuyo poder contestatario ha desalojado de sus tradicionales espacios de poder social al sindicalismo legal corporativo.
El viejo régimen de personería sindical selectiva y excluyente había enfrentado con éxito para sus intereses a todos los gobiernos que se sucedieron desde la restauración constitucional, aun a pesar de las reiteradas descalificaciones de que fue pasible por los organismos específicos internacionales -Organización Internacional del Trabajo, cartas de Costa Rica y de las Naciones Unidas y Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres-. También ha logrado sobrevivir al artículo 14 bis de la Constitución Nacional, pero finalmente la crisis y recesión histórica dejó a la CGT oficial sin su viejo poder partidario, cuando el justicialismo enfrenta una recomposición interna de magnitud, donde se está planteando por la fuerza de los hechos la revisión del sistema de unicato sindical. A esa dirección apunta el presidente Néstor Kirchner, quien desde su asunción del poder mantiene una relación permanente con el sindicalismo disidente y el informal representado por las múltiples y conflictivas siglas de piqueteros, a la vez que un distanciamiento manifiesto de las organizaciones y dirigencias corporativas.
La violencia virtual -y hasta real- que por momentos bloquea rutas y zonas urbanas del país mediante la acción de ciertas organizaciones irregulares con claras militancias políticas extremas de sus líderes, asigna al múltiple movimiento contestatario un equívoco rumbo provocador que puede quebrar la estrategia del gobierno central, consistente en liberalizar el sistema gremial.
Tan incierta coyuntura echa sombras que deben preocupar sobre la posibilidad de que el partido mayoritario del país ponga fin al último residuo de corporativismo que todavía perdura, confrontando con una realidad conflictiva que perturba la mejor evolución de nuestra democracia.
No ocurrió lo mismo en nuestro caso, pues el sistema de sindicato único por rama de actividad económica superó todas las encrucijadas políticas bajo la protección del más poderoso partido, hasta que la recesión y crisis económica histórica hizo de la fuerza del trabajo desempleada y con empleo en negro, una expresión social numéricamente equivalente. Recién en ese punto de inflexión, la CGT legal y única advirtió su error de haberse opuesto al régimen de seguro de desempleo, después de haber sostenido, en desmedro de los desocupados, que tal sistema estimularía los despidos. La grave equivocación, unida al desprestigio de una dirigencia con fuerte rechazo de la sociedad por su falta de renovación, dio lugar, primero, a un sindicalismo disidente y, en los recientes años, a otro informal y caótico representado actualmente por las llamadas organizaciones de piqueteros. Estructuras confusas en su organización, pero sostenidas por las demandas sociales y los subsidios del propio Estado, y cuyo poder contestatario ha desalojado de sus tradicionales espacios de poder social al sindicalismo legal corporativo.
El viejo régimen de personería sindical selectiva y excluyente había enfrentado con éxito para sus intereses a todos los gobiernos que se sucedieron desde la restauración constitucional, aun a pesar de las reiteradas descalificaciones de que fue pasible por los organismos específicos internacionales -Organización Internacional del Trabajo, cartas de Costa Rica y de las Naciones Unidas y Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres-. También ha logrado sobrevivir al artículo 14 bis de la Constitución Nacional, pero finalmente la crisis y recesión histórica dejó a la CGT oficial sin su viejo poder partidario, cuando el justicialismo enfrenta una recomposición interna de magnitud, donde se está planteando por la fuerza de los hechos la revisión del sistema de unicato sindical. A esa dirección apunta el presidente Néstor Kirchner, quien desde su asunción del poder mantiene una relación permanente con el sindicalismo disidente y el informal representado por las múltiples y conflictivas siglas de piqueteros, a la vez que un distanciamiento manifiesto de las organizaciones y dirigencias corporativas.
La violencia virtual -y hasta real- que por momentos bloquea rutas y zonas urbanas del país mediante la acción de ciertas organizaciones irregulares con claras militancias políticas extremas de sus líderes, asigna al múltiple movimiento contestatario un equívoco rumbo provocador que puede quebrar la estrategia del gobierno central, consistente en liberalizar el sistema gremial.
Tan incierta coyuntura echa sombras que deben preocupar sobre la posibilidad de que el partido mayoritario del país ponga fin al último residuo de corporativismo que todavía perdura, confrontando con una realidad conflictiva que perturba la mejor evolución de nuestra democracia.







