Chi chi chi, le le le

“La roja” pegó de entrada, pero se relajó y casi se le escapa el triunfo.

14 Jun 2014 Por Federico Espósito
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LA EMPIEZA Y LA TERMINA. Alexis Sánchez marcó su gol número 23 con la selección y alcanzó la marca de Leonel Sánchez, cuarto goleador histórico de “la roja”.

Tal vez no sea el mejor momento para hablar de España, pero cabe recordar que en 2010, gracias al seleccionado de la Madre Patria, se derribó ese mito de que para ser campeón hay que ganarle a todos: lo que terminó siendo su primera conquista mundial empezó en forma de derrota ante Suiza.

Tal amnistía era inviable ayer para Chile y Australia. Con Holanda y España como compañeros de grupo (y al margen de la vergüenza que pasó “la furia” en su debut), el que perdiera ese partido quedaba casi eliminado del Mundial.

Y le tocó a Australia, tal vez el menos mortífero de ese “grupo de la muerte” que es el B. Aunque bien podría haber sido Chile, con un poco menos de fortuna y algo más de eficacia oceánica. “La roja” se impuso 3 a 1, un resultado que a la vista de lo sucedido, le queda un poco grande, aunque poco le importe. Ganar vale tres puntos, y eso ya es el 30% de lo que es posible obtener.

Gran parte de ese desahogo final (porque fue eso más que un festejo), se gestó en el primer cuarto de hora. A los conducidos por el argentino Jorge Sampaoli les costó un poquito encontrarle la forma al rectángulo del Arena Pantanal de Cuiabá, pero cuando lograron acomodarse, bang. Alexis Sánchez, reeducado en la escuela europea, se encargó de finiquitar una jugada que él mismo había iniciado, y que ni Valdivia ni Vargas supieron definir.

Dos minutos después, Valdivia recibió la bocha en la medialuna y la incrustó en el ángulo. Golazo.

Fue tan rápido y sencillo llegar al 2-0 que Chile se recostó sobre su ventaja y casi lo duermen los “canguros”. El empuje de Bresciano y Milligan, más la movilidad de Tim Cahill, emparejaron el asunto y desembocaron en un cabezazo de este último a la red.

Los trasandinos extrañaron la magia de Arturo Vidal, fuera de físico, pero aplaudieron la definición de Jean Beausejour sobre el final que trajo el alivio y la posibilidad de seguir soñando.

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