Absolutos y relativos

El mirandismo subsiste por impericia del alperovichismo.

01 Diciembre 2003
Por Alvaro José Aurane

Comienza 2003 a transitar su último mes. Y enseña que, para la política, este fue el año en el que términos como ganar y perder alcanzaron una relatividad plena. Tras los comicios presidenciales de abril, Carlos Menem demostró que se puede perder aun ganando. Néstor Kirchner comprobó lo contrario. La realidad ata paradojas en las urnas. Y sus resultados se trasladan también a Tucumán.
Etimológicamente, "derrota" significa desbande. El mirandismo relativizó este concepto y reveló que, pese a consagrar en octubre la peor actuación electoral del PJ, no se dispersó. Tras llamarlos personalmente, Julio Miranda consiguió el jueves que 18 de los 26 legisladores del Frente Fundacional lo acompañaran en Buenos Aires, durante su jura como senador. Otros quisieron, pero no pudieron. Víctor Lossi y Juan Gutiérrez no consiguieron pasajes aéreos. José Teri tenía una reunión clave con los viales. Luis Roberto Castro inauguraba obras en Lules. Y Rodolfo Ocaranza se quedó porque algún peronista debía estar al frente de la Legislatura. Esa que sigue trastrocando decretos. En la cábala parlamentaria, el 21 y los números que están por encima son mágicos.
El hecho encierra dos significaciones. En primer lugar, el gobernador José Alperovich deberá recordar que las buenas o malas relaciones con la Legislatura se actualizan a diario. No alcanza con invitar a almorzar a los legisladores a Casa de Gobierno para cerrar un acuerdo programático. Hacen falta arquitectos para construir algo más que dormitorios contiguos a los despachos.

Adentro y afuera
Esta situación conduce a la segunda cuestión. El mirandismo no se disolvió por impericia del alperovichismo. El oficialismo de San Martín y 25 de Mayo ya dijo que quiere conducir el PJ tucumano. Pero poco o nada hizo, con su gabinete donde apenas uno de cada cinco funcionarios está afiliado al movimiento. Precisamente (y como ocurre en los matrimonios), un dirigente se va sólo porque lo echan o porque otro se lo lleva.
La contradictoria dinámica política también se imprimió en Fuerza Republicana. Revés militar es la primera acepción etimológica de "derrota" (Corominas, 1973). Y este 2003 en el que Antonio Bussi ganó la intendencia de la capital es también el año de su crepúsculo político. En contraste, Ricardo Bussi comenzó con una derrota en junio y terminó reencontrando a FR con el triunfo en octubre, en la primera campaña que no condujo el detenido general retirado.
Empezó el traspaso del poder de padre a hijo. De un personalismo a otro. Los cinco legisladores de FR recibieron el apoyo del senador electo en junio -aun a pesar de su progenitor-. Unos son hombres de confianza. Otros, amigos personales. Con los ediles no es distinto. Miguel Brito terminó siendo el único republicano en la Cámara anterior, Claudio Viña es el contador de Bussi (h) y Javier Morof fue su asesor en Diputados.
Los movimientos opositores son otro frente que el Gobierno no monitorea. Este fin de semana, Esteban Jerez recibió en Córdoba el reconocimiento de Recrear por su elección como diputado. Ahora, inscribirá el unibloque del Frente Cívico para ganar independencia. Paralelamente, su socio político, el legislador Roberto Palina, tendría asegurado un lugar en la mesa ejecutiva del Comité Nacional de la UCR, tras acordar su apoyo para la reelección del chaqueño Angel Rosas al frente del centenario partido.
Alperovich no se equivoca cuando sostiene que la homogeneidad y la comunicación son las claves para su triunfo. Pero en la realidad que todo relativiza, ambos parámetros no operan como él quiere. La homogeneidad funciona en los que están afuera y la comunicación falla para los que están adentro. Porque una cosa es el respeto a la oposición y a la independencia de poderes, y otra es desconocer lo que ocurre allí.

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