30 Noviembre 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- De cara a la sociedad, medir el éxito o el fracaso de una peste en relación con los muertos que deja resulta una ofensa al buen gusto y, además, un imperdonable error de comunicación. Los pobres, los indigentes, los desocupados, los chicos que tuvieron que abandonar la escuela, los nuevos violentos y los que salieron a robar, todos aquellos que integran estas categorías y que se multiplicaron por miles después de la devaluación de principios de 2002, seguramente no tienen la misma visión del éxito que quiso reflejar Roberto Lavagna.
Como luego lo aclaró su vocero, el ministro no quiso ofender, y seguramente habrá que creerle, al definir como exitoso el proceso de estabilización posterior a la debacle de fin de 2001 y a los esfuerzos para levantar los desaguisados cambiarios de Jorge Remes Lenicov y de José Ignacio de Mendiguren.Sin embargo, las aclaraciones no alcanzaron para borrar el sentimiento de perplejidad de asalariados y de jubilados, o de los ahorristas que vieron cómo su dinero se diluía, o aun de los tenedores de títulos públicos en default, todos golpeados en sus bolsillos por la brutal devaluación.
El ingrediente social
Con su controvertida definición, Lavagna pasó de largo el ingrediente social que él mismo reivindica cuando se niega a encontrar un solo hecho favorable sucedido durante los 90: "no hagamos hipocresía; el resultado de la década fue malo porque una sociedad es exitosa cuando crece con movilidad social", les dijo en la semana a cientos de jóvenes ejecutivos convocados por ACDE.
Precisamente, la semana estuvo nutrida también de opiniones encontradas sobre los piqueteros, emergentes notorios de la calamidad devaluatoria y exponentes claros de la desmovilidad social. Desde la Casa de Gobierno se hizo saber que la idea era integrarlos, aunque lleve tiempo, sin apelar a la represión, opinión que la primera dama ratificó desde París. Hasta "Chiche" Duhalde y su esposo se ocuparon del tema, porque visualizan el escozor y la resistencia del resto de la sociedad ante el fenómeno.
Para atenuar las protestas y para quitarles banderas a los más violentos, desde el Ministerio de Trabajo se prometerá esta semana la integración de los Jefes y Jefas de Hogar hacia tareas efectivas, o bien a través de las obras de infraestructura previstas o en un Programa que contempla trasladar el subsidio al bolsillo de los empleadores. Subsidio que hoy implica, nada más ni nada menos que el monto anual de las retenciones a todo el complejo sojero.
Es sabido que Lavagna tiene una visión que tiende a hacerse cargo sólo de aquello que él mismo produjo, sin considerar que buena parte de la herencia recibida provino, o bien de la mala praxis o quizás de una política deliberada del mismo Gobierno que él luego integró. Así, el ministro prefiere responsabilizar de todos los males a la "década infame", y les imputa a los 90 tanto los bonos que él tuvo que emitir como los índices sociales negativos, que se amplificaron desde ese momento.
Por ejemplo, mientras que en el tequila la desocupación había llegado a 18,6%, en la onda de mayo de 2002 el desempleo llegó a 21,5%, y sólo pudo ser revertido con el maquillaje de considerar los Planes Jefes y Jefas de Hogar como trabajo efectivo.
Claro está que su performance macroeconómica es meritoria, sobre todo partiendo del quinto subsuelo en el que quedó la economía a fines de 2001, que se reflejó a pleno durante el nefasto primer semestre de 2002. Desde entonces a la fecha, casi todas las estadísticas (consumo, importaciones, exportaciones, superávit primario, depósitos, reservas y hasta la inversión) marcan cierta recuperación, aunque sin llegar a los picos del año 98, y sustentan la plataforma del 7,3% de crecimiento que promete para este año.
¿Por qué el desliz?
¿Por qué, entonces, el desliz que reflejó la prensa? Quizás sucedió por un exceso de confianza, ya que después de la entrevista del titular del BCRA, Alfonso Prat Gay con Néstor Kirchner quedó en claro que el ministro ganó la pulseada sobre la conveniencia de mejorar el tipo de cambio real. O quizás porque se dejó llevar por los consejos de los economistas "del palo", quienes lo visitaron la semana anterior, y por eso habló del éxito devaluatorio, justo cuando el dólar comenzó a trepar y el BCRA inyectó combustible en la economía.
Estos movimientos generaron dudas en la City. ¿Se está ante un cambio de política cambiaria y monetaria? ¿Es sólo un movimiento de menor oferta exportadora y mayor demanda de empresas internacionales que comienzan a acopiar divisas para cerrar balances? ¿La baja de encajes ayudará al crédito o servirá sólo para neutralizar la iliquidez estacional de fin de año?
La biblioteca está dividida entre quienes piensan que no pasará nada y que entre enero y febrero volverá la normalidad, y quienes acentúan el peligro de un pequeño desborde inflacionario para 2004. Lo concreto es que sólo los frutos permitirán conocer el desenlace: están los que dicen que no pasará nada y están los que suponen que esta película ya fue proyectada. (DyN)
Como luego lo aclaró su vocero, el ministro no quiso ofender, y seguramente habrá que creerle, al definir como exitoso el proceso de estabilización posterior a la debacle de fin de 2001 y a los esfuerzos para levantar los desaguisados cambiarios de Jorge Remes Lenicov y de José Ignacio de Mendiguren.Sin embargo, las aclaraciones no alcanzaron para borrar el sentimiento de perplejidad de asalariados y de jubilados, o de los ahorristas que vieron cómo su dinero se diluía, o aun de los tenedores de títulos públicos en default, todos golpeados en sus bolsillos por la brutal devaluación.
El ingrediente social
Con su controvertida definición, Lavagna pasó de largo el ingrediente social que él mismo reivindica cuando se niega a encontrar un solo hecho favorable sucedido durante los 90: "no hagamos hipocresía; el resultado de la década fue malo porque una sociedad es exitosa cuando crece con movilidad social", les dijo en la semana a cientos de jóvenes ejecutivos convocados por ACDE.
Precisamente, la semana estuvo nutrida también de opiniones encontradas sobre los piqueteros, emergentes notorios de la calamidad devaluatoria y exponentes claros de la desmovilidad social. Desde la Casa de Gobierno se hizo saber que la idea era integrarlos, aunque lleve tiempo, sin apelar a la represión, opinión que la primera dama ratificó desde París. Hasta "Chiche" Duhalde y su esposo se ocuparon del tema, porque visualizan el escozor y la resistencia del resto de la sociedad ante el fenómeno.
Para atenuar las protestas y para quitarles banderas a los más violentos, desde el Ministerio de Trabajo se prometerá esta semana la integración de los Jefes y Jefas de Hogar hacia tareas efectivas, o bien a través de las obras de infraestructura previstas o en un Programa que contempla trasladar el subsidio al bolsillo de los empleadores. Subsidio que hoy implica, nada más ni nada menos que el monto anual de las retenciones a todo el complejo sojero.
Es sabido que Lavagna tiene una visión que tiende a hacerse cargo sólo de aquello que él mismo produjo, sin considerar que buena parte de la herencia recibida provino, o bien de la mala praxis o quizás de una política deliberada del mismo Gobierno que él luego integró. Así, el ministro prefiere responsabilizar de todos los males a la "década infame", y les imputa a los 90 tanto los bonos que él tuvo que emitir como los índices sociales negativos, que se amplificaron desde ese momento.
Por ejemplo, mientras que en el tequila la desocupación había llegado a 18,6%, en la onda de mayo de 2002 el desempleo llegó a 21,5%, y sólo pudo ser revertido con el maquillaje de considerar los Planes Jefes y Jefas de Hogar como trabajo efectivo.
Claro está que su performance macroeconómica es meritoria, sobre todo partiendo del quinto subsuelo en el que quedó la economía a fines de 2001, que se reflejó a pleno durante el nefasto primer semestre de 2002. Desde entonces a la fecha, casi todas las estadísticas (consumo, importaciones, exportaciones, superávit primario, depósitos, reservas y hasta la inversión) marcan cierta recuperación, aunque sin llegar a los picos del año 98, y sustentan la plataforma del 7,3% de crecimiento que promete para este año.
¿Por qué el desliz?
¿Por qué, entonces, el desliz que reflejó la prensa? Quizás sucedió por un exceso de confianza, ya que después de la entrevista del titular del BCRA, Alfonso Prat Gay con Néstor Kirchner quedó en claro que el ministro ganó la pulseada sobre la conveniencia de mejorar el tipo de cambio real. O quizás porque se dejó llevar por los consejos de los economistas "del palo", quienes lo visitaron la semana anterior, y por eso habló del éxito devaluatorio, justo cuando el dólar comenzó a trepar y el BCRA inyectó combustible en la economía.
Estos movimientos generaron dudas en la City. ¿Se está ante un cambio de política cambiaria y monetaria? ¿Es sólo un movimiento de menor oferta exportadora y mayor demanda de empresas internacionales que comienzan a acopiar divisas para cerrar balances? ¿La baja de encajes ayudará al crédito o servirá sólo para neutralizar la iliquidez estacional de fin de año?
La biblioteca está dividida entre quienes piensan que no pasará nada y que entre enero y febrero volverá la normalidad, y quienes acentúan el peligro de un pequeño desborde inflacionario para 2004. Lo concreto es que sólo los frutos permitirán conocer el desenlace: están los que dicen que no pasará nada y están los que suponen que esta película ya fue proyectada. (DyN)







