Los hombres de la polémica

Los movimientos de Alperovich y los contraataques del mirandismo ocupan el centro del escenario.

30 Noviembre 2003
La oferta política que llegó al Senado de la Nación, desde el norte del país, causó algunas reacciones que estaban fuera del libreto previsible. No llegó a aguar la fiesta de los electos, pero a algunos de estos los expuso más allá de lo protocolar y de los abrazos y besos.
Una ignota "Comisión por los derechos de las víctimas" empapeló paredes próximas a esa cámara del Congreso con afiches que exhibían los rostros de Julio Miranda, Ricardo Bussi y Ramón Saadi.
A cada uno de ellos los descalificó con argumentos distintos: Bussi ("las víctimas de la dictadura"), Saadi ("las víctimas de la corrupción" -María Soledad-) y Miranda ("los chicos muertos de hambre") .
Las cáusticas referencias apuntan a caracterizar al Senado como el refugio de conspicuas figuras de la vieja política argentina, independientemente de sus edades. El anonimato protegió a los ideólogos de los afiches, pero algunas suposiciones de dirigentes tucumanos responsabilizan de las invectivas a personajes ligados al kirchnerismo. Otras conjeturas atribuyen la maniobra a organizaciones políticas de izquierda.
El debate por el origen de los afiches está abierto, pero situó en el centro de la discusión a los partidos con aptitud de poder en Tucumán y en Catamarca: Fuerza Republicana y el justicialismo. Se ponen en entredicho sus modos de hacer política.
Miranda y Bussi empezarán el 10 de diciembre un ciclo que acabará en 2009. A la puesta en marcha de ese proceso, no asistió el gobernador José Alperovich; prefirió trasladarse a Santa Lucía, en la mañana del jueves.
La distancia tenía no sólo un sentido geográfico, sino también simbólico. Uno está lejos del otro, al menos en las apariencias.

Leales y réprobos
Una legión integrada por 18 legisladores y por el vicegobernador Fernando Juri dijo "presentes" en el Senado. La lealtad se prueba con los hechos, aunque no todos pueden ser catalogados de mirandistas químicamente puros. La puerta para el trasbordo está entreabierta, pero no cerrada con llaves.El diputado José Ricardo Falú acudió ante la invitación de Miranda. Se sinceró el romance político, opinó un par tucumano de Falú, que en otros tiempos era confiable para el ex gobernador.
La decisión de la ortodoxia mirandista de analizar la gestión alperovichista luego de que transcurran 100 días, reveló insatisfacción con el ciclo inaugurado el 29 de octubre pasado.En rigor, sólo hay un peronista -Edmundo Jiménez- en el gabinete de Alperovich. Sin embargo, en derredor del senador afirman que este no romperá con quien lo reemplazó en la gobernación.
Si se quiebra el vínculo entre ambos, será porque lo habría precipitado el gobernador, razonan los mirandistas más contemporizadores. Estos creen que hacia febrero o marzo de 2004 el congreso provincial del peronismo bajará el martillo. Hasta entonces, le darán tiempo para que acomode sus planes y sus piezas.
Miranda, en verdad, equilibra el platillo de la balanza, al contener a la dirigencia que pretende declarar la guerra a la Casa de Gobierno. La falta de señales concretas de ese lado del poder crispa a más de uno.

Acciones y reacciones
La movida mirandista impactó en la Casa de Gobierno, donde el ala política estudió las implicancias. Alperovich no se amedrentó y salió al choque; afirmó que el pueblo lo examina día por día. De ese modo, trató de relativizar la fiscalización que intenta hacer el aparato peronista.
El PJ sólo ejerce la función de control que la Constitución de 1994 les reconoce a los partidos políticos.
A esos preparativos, el gobernador contesta: "soy el primer justicialista". Según esta percepción del asunto, administrar con justicia social es la encarnación del ideario peronista. Además, reivindica su identificación con el presidente Kirchner y con la visita de altos funcionarios a Tucumán; entre ellos, Alicia Kirchner.
No obstante, puertas adentro del alperovichismo admiten que en la Casa Rosada no hay buen ambiente con Alperovich, por su indiferencia ante las elecciones del 26 de octubre. Ese día ganó el bussismo, que es enemigo ideológico y político del kirchnerismo. Además, tienen en cuenta que Falú es un político con acceso directo a los principales despachos del Gobierno nacional. Miranda es, por otra parte, un protegido de Eduardo Duhalde.
Ante ese cuadro, los analistas más próximos al gobernador no se cruzan de brazos. Entienden que es clave ensanchar la base política de la administración alperovichista con una franja del peronismo. En definitiva, se trata de quitarle adherentes al mirandismo. En eso están los peronistas que rodean al gobernador. Sin embargo, a este le imputan falta de flexibilidad para plasmar una experiencia de transversalidad con radicales escindidos del tronco oficial, con el Partido Federal y con el Movimiento Popular Tucumano.
La puja Miranda-Alperovich despierta reservas en otras ramas del peronismo que confluyeron en el Encuentro Popular. Descreen que haya divergencias básicas entre ambos, porque practicaron políticas prebendarias cuando compartieron tareas gubernamentales y campañas electorales. La salida por fuera de la opción existente es la que los seduce.

Cambiar la cara
Es una tarea gigantesca la de revertir el estado de desorden administrativo y de indisciplina laboral en la Municipalidad de esta ciudad.
Cuando revisa expedientes, Germán Alfaro -secretario de Gobierno del gabinete de Domingo Amaya- encuentra que los ex intendentes Antonio Alvarez y Marta de Ezcurra nombraron y contrataron personal, en forma asociada con los gremialistas. Separar una cosa de otra es una tarea complicada. Amaya y Alfaro comparten la convicción de que una gestión eficiente elevará la jerarquía de la institución municipal. Con cintura política, el ex legislador peronista interesó a los concejales en la operación de salvamento del municipio. La ayuda financiera prometida por Alperovich les dará alivio, pero sólo por un tiempo. Ganar la elección del intendente es la meta del PJ.

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