Erradicar la violencia deportiva

Las medidas adoptadas por el Gobierno deben ser una política integral en materia de seguridad deportiva y no ser un hecho circunstancial.

30 Noviembre 2003
Hay sociedades que actúan por reacción y que carecen de continuidad en la concreción de su objetivo. Son aquellas que, en lugar de solucionar en forma definitiva -o por lo menos duradera- sus problemas, eligen remendarlos. Se olvidan de ellos hasta que el parche se descose inesperadamente y el desgarramiento se ahonda. Eso sucede con la violencia en las canchas de fútbol.
El domingo pasado en el estadio de Atlético Tucumán hubo un herido de bala, un apuñalado y 21 detenidos. Irascibles hinchas de Atlético Concepción provocaron desmanes en las inmediaciones del estadio de 25 de Mayo y Chile. Apenas había 25 policías para encargarse de la seguridad.
El basquetbol tampoco pudo librarse de la violencia ese mismo domingo, en ocasión del clásico de la Plazoleta por el Torneo Nacional de Ascenso, que se jugó en cancha de Tucumán BB. Momentos antes de comenzar el encuentro una decena de simpatizantes del club Asociación Mitre, encabezados por dos conocidos barrabravas de Atlético Tucumán, pretendió ingresar por la fuerza al sector este de plateas. Mientras tanto, desde la zona de populares bajaron varios hinchas del local para frenar a aquellos que lograron trasponer la puerta de acceso. Allí hubo golpes a granel y se produjo la rotura de un vidrio. En el lugar quedaron rastros de sangre. La Policía dispersó a los más violentos, quienes, en su huida por calle Suipacha, provocaron daños a algunos vehículos que estaban estacionados allí. Los dirigentes de ambas entidades se movilizaron para que el espectáculo se desenvolviera luego con normalidad. Semanas atrás les tocó a los árbitros ser blanco de la barbarie.
Los episodios de violencia no son aislados; se han convertido en una constante en el campeonato de la Liga Tucumana de Fútbol. Hace dos años el Gobierno provincial decidió subvencionar el certamen con la idea de que hubiese fútbol en toda la provincia y promover así la alegría entre los tucumanos. Sin embargo, no se pensó que hay clubes del interior que carecen tanto de estadios adecuados como de capacidad institucional. Compiten actualmente 30 equipos, de los cuales son muy pocos los que pueden responder a las exigencias mínimas para participar en cualquier torneo. Se dan casos de clubes que juegan una fecha y luego no presentan su equipo por problemas económicos, de manera que la competencia se desvirtúa y se vuelve carente de seriedad. A ello se suman otros inconvenientes, tales como la recaudación; esta generalmente no alcanza para cubrir los costos organizativos, que incluyen el pago a los efectivos de seguridad.
Pero la violencia como fenómeno no es sólo la consecuencia de la efervescencia social y de la incultura. También tiene cómplices: aquellos dirigentes que protegen a los barrabravas, muchos de los cuales ocupan ya el rango de delincuentes.Este Gobierno, como el saliente, ha prometido tomar el toro por las astas. Durante el clásico entre San Martín y Atlético Tucumán, que se jugará, hoy 330 policías se ocuparán de la seguridad y se requisará a todo espectador antes de ingresar al estadio. La idea -como debe ser siempre- es prevenir, antes que reprimir.
Esta acción puntual debería formar parte de una política integral en materia de seguridad deportiva y no ser un hecho circunstancial. Se ha señalado que la Provincia planea en breve adherirse a la Ley de Seguridad del Deporte. Si ello finalmente sucediera sería interesante que la norma se aplicara luego, porque esa ha sido la principal falencia de los últimos gobiernos: la incapacidad para hacer cumplir la ley.En la medida en que no se busquen soluciones de fondo y se articulen las acciones en forma sostenida y coordinada, difícilmente será posible erradicar a los violentos y a la muerte de las canchas. Los parches sólo sirven para ocultar la realidad.

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