Otra oportunidad

El Gobierno está inquieto ante el fracaso escolar.

29 Noviembre 2003
Por Roberto Delgado

Al igual que el año pasado, el fin de las clases llegó con un regalo de fin de año para los alumnos. En 2002 fue para los estudiantes de la EGB 3, y ahora fue para los del nivel primario. El Gobierno dio una nueva oportunidad a los chicos que no alcanzaron el mínimo para pasar de grado. Los maestros recibieron la orden de borrar los aplazos de las libretas y de tomarles nuevas pruebas.
En una primera lectura, la medida parece un gesto beneficioso con los chicos, afectados relativamente por los paros y condicionados absolutamente por una realidad durísima. Sobre todo en las escuelas de la periferia, donde la pobreza y el hambre son condicionantes severos del estudio, todo esfuerzo que se haga para que los alumnos mejoren su rendimiento es positivo.
Por eso una supervisora de nivel inicial dijo que esto evitará la repitencia, levantará la autoestima de los chicos y reducirá las cifras de fracaso escolar y deserción, calculadas por la misma secretaria de Educación en el 50%: de cada diez alumnos que entran al sistema, sólo cinco terminan el séptimo grado, que es precisamente el nudo del conflicto hoy. Este grado está en medio del cambio que debe hacerse entre el viejo sistema educativo y la Educación General Básica 3, que el Gobierno está obligado a instalar en su totalidad, por orden de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Hábito perdido
Sin embargo, ya el año pasado, los funcionarios del ex gobernador Julio Miranda hicieron lo mismo con los alumnos medios y los resultados fueron decepcionantes. Tras la nueva oportunidad dada a los estudiantes -que habían estado afectados sensiblemente por los paros docentes- muy pocos aprobaron los exámenes. "hemos perdido el hábito de estudiar", decían los adolescentes. La experiencia oficial de ayudar a los alumnos terminó siendo como las moratorias para ayudar a los contribuyentes a ponerse al día.
Prácticamente infructuosa. En este sentido, las autoridades parecen inocentes si creen que lograrán revertir en dos semanas problemas que ellas mismas diagnosticaron como de muchas aristas: "nuestra área no puede solucionar el problema social", dijeron hace una semana ante LA GACETA.Varios docentes de la escuela El Divino Maestro se quejaron ayer de que les cambiaron las directivas un día antes de concluir el ciclo lectivo y les dieron la singular orden de que ningún niño debe repetir de grado. Cien libretas debieron ser rehechas.
La segunda lectura es que esta decisión surge luego de una rápida mirada sobre los resultados de un año conflictivo, que sigue a varias temporadas de desastres en educación. Ya se conocieron las cifras de la evaluación que ordenó hacer el anterior equipo educativo. La gente de José Alperovich no quería sumar, luego de las últimas y agitadas semanas de fin de ciclo, cifras duras sobre fracaso escolar. La lectura política siempre muestra una cara interesada en busca de réditos que ayuden a revertir la imagen desastrosa que se heredó de la gestión anterior. La secretaria de Educación podía cambiar muy poco sobre lo que ya se hizo. El ciclo está terminado y con esto tapa un poco con la mano lo que se viene.
Los efectos de esta decisión se conocerán el 19 de diciembre, cuando deban entregar de nuevo las notas. Se sabrá si los chicos pueden aprender en 15 días lo que no pudieron en un año, y si insistir con las mismas prácticas que antes no tuvieron efecto resulta beneficioso o tiene efectos contraproducentes. A las autoridades les cabe el beneficio de pensar que tuvieron buenas intenciones con esto, pero no tiene nada que ver con el anuncio de que "lo importante es tener políticas claras y sostenidas", como se dijo la semana pasada. Parece más como un borrón de apuro, para ganar tiempo y para tener una realidad más favorable.

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