28 Noviembre 2003 Seguir en 
El peronismo habilitó un libro, con dos columnas (el debe y el haber), para hacer un seguimiento de la gestión de José Alperovich. En Buenos Aires, luego de la jura de su conductor como senador, Julio Miranda, los que hasta antes del 29 de octubre ostentaron el poder desde la Casa de Gobierno generaron los anticuerpos necesarios para soportar cualquier embestida del actual gobernador.
Miranda, fiel a su estilo, pidió tranquilidad a sus escuderos diseminados en la Legislatura, en las comunas rurales, en las intendencias y en la sede de Rivadavia 157. "Muchachos, hay que tener paciencia. Esto es política y, en el futuro, José comprenderá las cosas", habría dicho el ex mandatario a sus más estrechos colaboradores para frenar cualquier intento por criticar a Alperovich. Por ahora, las palabras de Miranda tienen peso. Fue un mensaje propio del justicialismo que está dispuesto a presentar batalla y a elegir el tiempo de la disputa si es que se presentan situaciones de roces con los gobernantes de turno.
Miranda despertó ayer con el sabor amargo de observar su imagen en varias paredes cercanas al recinto de la Cámara Alta. Según comentaron algunos dirigentes que estuvieron en esa ciudad, se pegaron afiches con la cara de Miranda, de Ricardo Bussi, y del peronista catamarqueño Ramón Saadi. "Bienvenidos al Senado", fue la frase que acompañó a la pegatina, con cierto tono de ironía, recordando también casos resonantes que los tuvieron como protagonistas directos e indirectos.
Críticas internas
Pero esas no son las únicas críticas que escuchó esta semana. Días pasados, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, su sucesor Alperovich señaló que la actual gestión reactivó más de 130 obras, después de que en cuatro años no se hiciera nada. Además, expresó públicamente que, con el mismo dinero que gastaba la administración mirandista, él iba a potenciar su uso en 10 veces más.
El peronismo está seguro de que no será fácil la relación con Alperovich. Sus principales referentes admiten que existe un problema de comunicación entre el partido y la gestión de Gobierno. Hasta, irónicamente, señalan que es imprescindible contratar un psicólogo para comprender ciertas actitudes del gobernador.
Por ahora, Alperovich tiene el acompañamiento fiel del partido que lo llevó a la gobernación. No obstante, según señalan algunos dirigentes, el PJ no aceptará actitudes persecutorias contra algunos de los afiliados que están enfrentados con el gobernador.
No habrá actitudes agresivas ni discursos contrarios a la gestión por aquello de que el peronismo no se define mediante la negación, sino por la afirmación de principios y de ostentación del poder. Pero esta tregua interna en el oficialismo se acabará en marzo próximo o se extenderá hacia el futuro. Todo dependerá de la conducta partidaria del compañero Alperovich, sostienen desde las filas mirandistas.
Desde el alperovichismo se defienden. Sostienen que el acompañamiento de la Legislatura es fundamental para el éxito de la gestión y que se abrió una etapa de seducción entre la línea interna que comandará Alperovich (y que busca un mayor protagonismo partidario) y las corrientes tradicionales del PJ. Con la aplicación de esa estrategia, los funcionarios del gobernador creen que no se avecinan frentes de tormenta en el futuro peronista. La relación entre Alperovich y Miranda es prácticamente similar a la del presidente de la Nación, Néstor Kirchner, con la de su antecesor en el cargo, Eduardo Duhalde. La luna de miel, en ambos casos, se extenderá hasta 2005, cuando se reaviven las luchas electorales y por los espacios de poder. Ese poder que mueve y mantiene al PJ en la escena política.
Miranda, fiel a su estilo, pidió tranquilidad a sus escuderos diseminados en la Legislatura, en las comunas rurales, en las intendencias y en la sede de Rivadavia 157. "Muchachos, hay que tener paciencia. Esto es política y, en el futuro, José comprenderá las cosas", habría dicho el ex mandatario a sus más estrechos colaboradores para frenar cualquier intento por criticar a Alperovich. Por ahora, las palabras de Miranda tienen peso. Fue un mensaje propio del justicialismo que está dispuesto a presentar batalla y a elegir el tiempo de la disputa si es que se presentan situaciones de roces con los gobernantes de turno.
Miranda despertó ayer con el sabor amargo de observar su imagen en varias paredes cercanas al recinto de la Cámara Alta. Según comentaron algunos dirigentes que estuvieron en esa ciudad, se pegaron afiches con la cara de Miranda, de Ricardo Bussi, y del peronista catamarqueño Ramón Saadi. "Bienvenidos al Senado", fue la frase que acompañó a la pegatina, con cierto tono de ironía, recordando también casos resonantes que los tuvieron como protagonistas directos e indirectos.
Críticas internas
Pero esas no son las únicas críticas que escuchó esta semana. Días pasados, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, su sucesor Alperovich señaló que la actual gestión reactivó más de 130 obras, después de que en cuatro años no se hiciera nada. Además, expresó públicamente que, con el mismo dinero que gastaba la administración mirandista, él iba a potenciar su uso en 10 veces más.
El peronismo está seguro de que no será fácil la relación con Alperovich. Sus principales referentes admiten que existe un problema de comunicación entre el partido y la gestión de Gobierno. Hasta, irónicamente, señalan que es imprescindible contratar un psicólogo para comprender ciertas actitudes del gobernador.
Por ahora, Alperovich tiene el acompañamiento fiel del partido que lo llevó a la gobernación. No obstante, según señalan algunos dirigentes, el PJ no aceptará actitudes persecutorias contra algunos de los afiliados que están enfrentados con el gobernador.
No habrá actitudes agresivas ni discursos contrarios a la gestión por aquello de que el peronismo no se define mediante la negación, sino por la afirmación de principios y de ostentación del poder. Pero esta tregua interna en el oficialismo se acabará en marzo próximo o se extenderá hacia el futuro. Todo dependerá de la conducta partidaria del compañero Alperovich, sostienen desde las filas mirandistas.
Desde el alperovichismo se defienden. Sostienen que el acompañamiento de la Legislatura es fundamental para el éxito de la gestión y que se abrió una etapa de seducción entre la línea interna que comandará Alperovich (y que busca un mayor protagonismo partidario) y las corrientes tradicionales del PJ. Con la aplicación de esa estrategia, los funcionarios del gobernador creen que no se avecinan frentes de tormenta en el futuro peronista. La relación entre Alperovich y Miranda es prácticamente similar a la del presidente de la Nación, Néstor Kirchner, con la de su antecesor en el cargo, Eduardo Duhalde. La luna de miel, en ambos casos, se extenderá hasta 2005, cuando se reaviven las luchas electorales y por los espacios de poder. Ese poder que mueve y mantiene al PJ en la escena política.







