El corazón mirandista

El ex gobernador se asegura fueros por seis años.

27 Noviembre 2003
Por Carlos Abrehu

Si alguna duda había respecto de dónde latía políticamente el corazón de los legisladores oficialistas, ayer se despejó en forma total. En efecto: 18 de los 26 representantes del Frente Fundacional para el Cambio estarán hoy en la jura de Julio Miranda. Fernando Juri -vicegobernador y presidente de la Legislatura- no faltará a la cita. De los ocho que permanecieron en Tucumán, sólo a uno podría identificarse abiertamente con José Alperovich. Sería el caso de Aldo Salomón.
La Cámara quedó prácticamente paralizada por el éxodo masivo de los oficialistas a Buenos Aires. Es todo un mensaje para el gobernador, cuyo divorcio político con Miranda es un hecho. A este le vino como anillo al dedo el inicio del ciclo 2003-2009 en el Senado, ya que, otra vez, está bajo la lupa judicial. El fiscal general Guillermo Gómez acaba de ponerlo en aprietos al considerar que es el principal responsable de presuntas malversaciones de fondos girados por la Nación con destino a escuelas transferidas a la jurisdicción provincial. La movida procesal se gestó en el fuero federal, donde se sienten los aires que conmueven a la estructura judicial argentina.
Miranda contará con una nueva protección de fueros que lo pondrá al abrigo de sorpresas desagradables. La rápida asunción del 29 de octubre pasado, con el amparo del ex presidente Eduardo Duhalde, tendió a darle un resguardo efectivo. Pasó, así, de la gobernación a la banca que dejó vacía Alperovich. La necesidad de seguridad física marchó del brazo de la institucional, en una perfecta sintonía.
El retiro de Miranda del ámbito provincial no causó la dispersión de sus leales. La competencia con Alperovich obra de pegamento. Otros dirigentes del PJ pretenden abrir una tercera posición entre ambos. El ex diputado nacional Rodolfo Vargas Aignasse, desde la corriente "Convergencia social", reclama la remoción del senador de su función de presidente del partido. Le imputa tres cargos: una pésima gestión de gobierno, el desprestigio ocasionado por la derrota del 26 de octubre a manos del bussismo y el haber sido puesto a dedo en el cargo que ocupa en el partido. Vargas Aignasse procura ganar un lugar en el tablero, pero no rompe con Alperovich.

Un cambio de rumbo
El gobernador tendió un puente al mundo peronista, que está en efervescencia. La designación del ex legislador Germán Alfaro en la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad de esta capital satisfizo al PJ y a los concejales de los distintos partidos. "Germán anda muy bien", se le escuchó decir a Alperovich en rueda íntima de colaboradores, cuando expiraba el lunes.Alfaro se preocupa por darle un toque político a la administración de Domingo Amaya. Destrabó un conflicto gremial, a pocas horas de su incorporación al gabinete. Esa gestión encaja perfectamente dentro de su plan de devolverle respetabilidad y jerarquía a la institución municipal.
La imagen de autoridades débiles con enormes limitaciones de movimientos dañaba al gobierno de la ciudad. De a poco empezó a instalarse una nueva conciencia, tras las vacilaciones y los retrocesos de las primeras semanas. El secretario de Gobierno se empeñó -y lo consiguió- en que se afianzara la convicción de que el Concejo y el intendente no son elementos incompatibles entre sí. La cohabitación es posible si se procede con madurez y con visión democrática.
Amaya y Alfaro dialogaron extensamente con los ediles para acordar pautas de acción y las demandas que escuchará hoy el gobernador en la intendencia. Que Alperovich vaya a ese ámbito significa un reconocimiento a la institución municipal. De la mutua cooperación entre los distintos actores dependerá que la ciudad encuentre una salida para sus múltiples problemas.

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