Con los pies lentos

El "estilo Al" genera contradicciones.

26 Noviembre 2003
La ansiedad consume al gobernador José Alperovich. Su necesidad y la obligación de mostrar que no es más de lo mismo le imponen un frenesí a la gestión que descoloca a sus funcionarios. Necesita demostrar que existe el "estilo Al", y por eso la inquietud por mostrarse más ejecutivo que sus antecesores. Dice, hace, dispone, corre, pide explicaciones, saluda, abraza, va y viene por la Casa de Gobierno. Se siente cómodo en ese papel, con esa imagen. Pero el "estilo Al" está evidenciando que tiene contradicciones.
La primera se observa en la nueva estructura que armó para el Poder Ejecutivo: supernumeraria en organismos e integrada, en su mayoría, por hombres y mujeres novatos en el manejo de la cosa pública. La administración pública, que se mueve con lentitud paquidérmica, no admite cambios sorpresivos en su organización. La adaptación a cualquier modificación se demora, por las características de funcionamiento del Estado. Allí, antes de que una ambulancia auxilie a un accidentado, se debe iniciar un expediente voluminoso. La burocracia mata.
Si a esta realidad se añaden las alteraciones violentas a la estructura estatal -nuevos ministerios, secretarías y direcciones, ocupadas por más de 150 responsables-, no puede sorprender que los propios funcionarios necesiten una brújula para saber dónde están parados. Así, mientras el jefe corre, los empleados tropiezan. Alperovich obliga a la ejecutividad, mientras que sus funcionarios -antes de dar respuestas- tienen que acomodarse, conocer cómo funciona ese elefante llamado Estado y saber con qué recursos cuentan para tomar decisiones.
El esquema no cierra. El "estilo Al" tiene contraindicaciones. Antes de aplicar el remedio muchos tendrían que haber hecho un curso acelerado sobre uso, alcance y procedimientos. Algunos se subieron al barco sin conocer el estilo del Al-mirante. El gobernador exige, toma examen y aplazará al que sufra mareos. No sería de extrañar que se produzcan cambios en la segunda línea del gabinete. Es que son pocos los privilegiados que conocen a fondo el "estilo Al", y logran entender al jefe y seguirle el tren. Aunque más no sea intuyendo qué es lo que quiere, porque Alperovich, temperamento, no es de delegar responsabilidades sino de inmiscuirse en todo.
Esto no es nuevo; cada gobernador que pasó tuvo su estilo de conducción y debió ser entendido por sus colaboradores. En el caso de Fernando Riera, los funcionarios debían interpretar el sentido de sus silencios; a José Domato había que entenderle sus tecnicismos; con Julio Miranda había que comprender los tiempos para tomar una decisión. En el caso de Alperovich, los funcionarios deben leer correctamente sus dichos y sus actos para no tomar un rumbo equivocado.
En el manejo de la cosa pública, y estando al frente del Gobierno, no es demasiado recomendable ser tan personalista. Pero es entendible en el caso de Alperovich, ya que no llegó con un ejército de leales. No vino construyendo una estructura de poder político, como sí lo hicieron el mirandismo y, en su momento, el bussismo para llegar al poder. Ambos grupos se armaron de un gran ejército. El ex senador llegó al PE de la mano de Miranda y apuntalado por un equipo ajeno. Así es como hoy puso gente que -por desconocer el Estado y "el estilo Al"- se mueve a una velocidad distinta de la del mandatario en la nueva estructura funcional. La gestión, con una cabeza acelerada e impaciente -Alperovich- y con los pies lentos -sus funcionarios- necesita una velocidad de equilibrio. En la Casa de Gobierno se cree que ese punto se logrará en marzo.
Así como sumó escuderos para ejercer su misión pública, Alperovich también tendrá que armarse para abrirse paso en el peronismo. Por ahora, trata de hacer pie en las comunas, en los municipios y en la Legislatura, a partir de la gestión de gobierno. Esa es otra historia, pero para seguir atentamente.

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