Juan XXIII - LA GACETA Tucumán

Juan XXIII

27 Abr 2014
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Angelo Giuseppe Roncalli
(25/10/1881-30/6/1963)
“El Papa bueno”, liberal y pacificador, lanzó el Concilio Vaticano II

Fue ordenado sacerdote el 10/8/1904 y su consagración episcopal fue el 19/3/1925. Su ploclamación cardenalicia ocurrió el 12/1/1953. Su predecesor fue Pio XII y su sucesor Pablo VI.

Tuvo un pontificado corto (1958-1963, menos de 5 años). Modernizó la Iglesia al cambiar las misas al idioma local en lugar del latin.

En 1960 se reunió en el Vaticano con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey Francis Fisher. Era la primera vez en más de 400 años, desde la excomunión de Isabel I, que la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra se reunía con el papa.

El 3 de enero de 1962 excomulgó a Fidel Castro, iniciativa amparada en condenas expresadas por el papa Pío XII en 1949.

Durante su Pontificado nombró 37 nuevos cardenales, entre los cuales por primera vez un tanzano, un japonés, un filipino, un venezolano, un uruguayo y un mexicano.

Entre sus frases más salientes, figuran: “Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez”. “La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios”.

“La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra”.

Fue beatificado el 3/9/2000 (año del Jubileo), por Juan Pablo II. “El Papa del Concilio y el Papa del Jubileo”, fueron entonces los titulares de los diarios.

Porqué es santo: Se le atribuyen varios milagros pero de todos ellos uno solo ha sido reconocido por el Vaticano: la curación de una monja, Caterina Capitani, que padecía una perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda. El 22 de mayo de 1966 las hermanas de la Congregación de Capitani le colocaron una imagen de Juan XXIII en el estómago. A los pocos minutos la religiosa, a la que ya habían dado la extremaunción, se recuperó y pidió de comer.

Ad Petri Cathedram.- (“En la cátedra de Pedro”, 29/6/1959). La primera encíclica de Juan XXIII es un extenso tratado sobre la verdad, la unidad y la paz en el espíritu de la caridad, que todos los sacerdotes y fieles del mundo católico han de promover con espíritu de caridad.

Sacerdotii Nostri Primordia.- (“Desde el principio de nuestro sacerdocio” 1/8/1959). Habla del trabajo apostólico de Juan Bautista María Vianney “el Santo Cura de Ars”, al cumplirse el primer siglo de su muerte.

Grata Recordatio.- (“Grato recuerdo”, 26/9/1959). El pontífice exhorta a todos los fieles del mundo a rezar el santo rosario, elevando “confiadas súplicas a Dios a través de la poderosísima intercesión de la Virgen Madre de Dios”.

Princeps Pastorum.- (“Príncipe de los apóstoles”, (28/11/1959). Juan XXIII celebra su primer año en el trono de Pedro. Habla en 20 páginas sobre el apostolado misionero.

Mater et magistra.- (“Madre y maestra 15/5/1961). La cuestión social en el mundo es el centro de esta encíclica, que presenta a la Iglesia como la Madre y Maestra. Su discurso estuvo dirigido “a todos los trabajadores del mundo”. Juan XXIII aborda el problema de las desigualdades económicas en los diferentes países del mundo y sectores productivos. Reafirma el carácter de “derecho natural” de la propiedad privada y hace hincapié en el derecho de los trabajadores de sindicalizarse y en la necesidad de que los salarios dignifiquen la vida humana. Propone la cristianización de la familia, la empresa y la sociedad.

Aeterna Dei Sapienta.- (“La eterna sabiduría de Dios”, 11/11/1961). Conmemora el 15° centenario de la muerte del papa León I Magno “pontífice, pastor y doctor de la Iglesia Universal”, trazando un recorrido por su tarea apostólica.

Paenitentiam agere.- (“Haced penitencia”, 1/7/1962). Exhorta a los cristianos a hacer penitencia para el éxito del Concilio Vaticano II. “Hacer penitencia por nuestros propios pecados, según la explícita enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo, constituye para el hombre pecador el medio de obtener el perdón y de alcanzar la salvación eterna (...) Por este motivo, en la Constitución Apostólica de indicación del Concilio Ecuménico Vaticano II, quisimos dirigir a los fieles una invitación a prepararse dignamente para el gran acontecimiento, no sólo con la oración y con la práctica ordinaria de las virtudes cristianas, sino también con la mortificación voluntaria”, dice el texto.

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