Al margen del equipo

El gobernador aún no se amolda al sistema.

24 Noviembre 2003
Por Alvaro José Aurane

El perfil de José Alperovich comienza a dibujarse claramente en el plano operativo. El gobernador parece indicar con sus acciones que no ha pensado -al menos hasta ahora- en delegar tareas. Quiere ser "el" protagonista. Por ello, se lo ve un día anunciando millonarias inversiones privadas, como la de Easy en Yerba Buena. Y días después sale a aclarar que no hay que pagar cooperadora para inscribir a los chicos en las escuelas públicas.
Tener un mandatario que sale y se muestra es un hecho nuevo y positivo. El revés de esta trama es que el equipo de Gobierno no luce estar funcionando como tal. El alud de decretos de necesidad y urgencia volcados sobre la Legislatura son, en este sentido, una realidad doblemente reveladora.
Un primer aspecto es el de los errores formales y políticos cometidos con estos instrumentos. Hubo disposiciones, como la que cambiaba el organigrama del PE, a las que les faltaban artículos completos. Otras, como la que derogaba la Copa de Leche, con la que debió darse marcha atrás. La segunda faceta consiste en que, prácticamente, el Poder Ejecutivo ha enviado al Parlamento un decreto por día hábil de gestión.
Esta realidad lleva a advertir que Alperovich tampoco se ha amoldado al sistema. El desgaste que promete generar este modelo de gestión tiene dos filos para el Gobierno. En primer lugar, erosionará al Gabinete. El Poder Legislativo, rechazando medidas o jerarquizando la Secretaría de Educación en desmedro del Ministerio de Gobierno, ya sacudió la Casa de Gobierno. En segunda instancia, si bien el gobernador va a capitalizar los aciertos, también va a pagar los yerros. Si insiste en aparecer como el hombre que está al frente de todo, el mandatario no tendrá fusibles que cambiar cuando haya cortocircuitos. O, en todo caso, el fusible en cuestión será él. Con un poco de convicción y otro tanto de picardía, Marcelo Torcuato de Alvear solía decir que él era "un primer ministro rodeado de ocho presidentes".
Dos preguntas sobrevuelan este escenario y sus respuestas irán llenándose de contenido conforme pase el tiempo. Son, si el denominado "estilo Al" le conviene al gobernador y, la más importante, si le conviene a la provincia.

"Gato encerrado"
Definitivamente, hay "gato encerrado" en la relación de la actual gobernación con el Gobierno nacional. Alperovich no ha viajado a Buenos Aires desde que asumió. Y un hombre tan expresivo como el jefe del PE ya habría demostrado, abrazo mediante, que posee inmejorables relaciones con Néstor Kirchner. Desde el PJ arriesgan que el individualismo alperovichista generó las asperezas. La pésima performance electoral es atribuida no sólo a la mala imagen del senador Julio Miranda. También se inculpa al "compañero José", por las leyes que hizo sancionar por la Legislatura anterior. Si bien concentraron su poder, enemistaron al oficialismo de los empleados públicos y de los gremios a sólo días de los comicios.
Pero si no fuera así, si acaso Kirchner y Alperovich mantuvieran una inmejorable relación, el desastre político de la desfinanciación de las obras públicas tucumanas en el Presupuesto nacional 2004 vendría a mostrar otro costado preocupante de la administración provincial: nadie está construyendo puentes hacia la Nación. Esto sería una realidad coherente con el temperamento de un gobernador que quiere ocuparse personalmente de todo cuanto ocurra y a quien la realidad le demuestra que no puede hacerlo. Peor aún, la misma incomunicación impera hacia el PJ.
Paradójicamente, es Miranda -el que tratan de conjurar- quien, a primera vista, está en condiciones de subsanar una y otra carencia. La impericia no está despojada de costos. La historia no está desprovista de ironías. La necesidad tiene cara de hereje.

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