BUENOS AIRES.- La primera sorpresa que un amante del idioma se lleva al incursionar en el Diccionario de la Real Academia Española es comprobar que la palabra "transversalidad" no existe. Un segundo sacudón lo brinda una de las acepciones de la palabra transversal, definida como algo que se aparta o se desvía de la dirección principal o recta.
Entre muchos temas, y algunos no ciertamente menores como la sucesión de papelones internacionales, la negociación por el ALCA o el avance del Gobierno sobre la libertad de prensa, la semana que pasó tuvo dos protagonistas excluyentes: uno desde la política y otro desde la economía, y ambos muy poco transversales.
Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, que de ellos se trata, se apartan del canon K y proyectan hacia adelante un juego propio que los llevará, tarde o temprano, a tener encontronazos políticos con el Presidente.
Por el lado de Duhalde, porque volvió a manifestar de modo contundente toda su personalidad e influencia a la hora de mostrar quién tiene las riendas y, en el caso del ministro de Economía, porque a su alrededor se produjeron media docena de hechos de efecto que volvieron a posicionarlo muy alto en la consideración de quienes toman decisiones. Lo más fuerte e importante de Lavagna fue haber desactivado el proyecto de moratoria que impulsaban Oscar Lamberto y Raúl Baglini en el Senado.
Contra la moratoria
El propio presidente Kirchner lo ayudó a parar el dislate que supone el procedimiento que, además, desairaba al ministro, ya que no hay discurso de Lavagna que no contenga una frase que recuerde que él no comenzó su gestión con una moratoria, blanqueo o perdón, tal como hicieron muchos de sus antecesores.
El segundo gran punto a favor del ministro fueron los datos sobre un nuevo crecimiento de la industria y del PBI mensual en octubre y setiembre, respectivamente. Las proyecciones de los analistas privados indican que, si no se desacelera de aquí a fin de año, lo que estaría reflejando la fuerte recaudación fiscal, la economía podría crecer nada menos que 8% durante todo 2003. Un informe de MAValores que llega a la misma conclusión explica que la economía argentina se expandió 9,4% en setiembre, por encima del consenso del mercado, que esperaba un crecimiento de 8,5%. De esta forma, el tercer trimestre habría cerrado con un crecimiento del 8,7%, por encima del 8% logrado en el segundo. Y lo más relevante es que, acumulado a la fecha, el producto creció desde enero 7,5%. Otro dato que consolidó a Lavagna fue el anuncio de que en octubre el resultado del superávit primario fue de $ 970 millones, un número por arriba de los $700/800 millones que esperaba el mercado, ya que se descontaban gastos extras.
Con este salto de octubre, el Gobierno ya cumplió la meta del año con el FMI y si este comportamiento se mantiene, dicen los analistas, el resultado primario podría llegar a 2,8% del PBI (sin contar provincias), 0,7% por encima de lo previsto, siempre y cuando se mantengan los altos niveles de recaudación por el sostenido precio de la soja y crecimiento en el nivel de actividad.
Donde no le va tan bien al ministro es en la estrategia de negociación de la deuda, pese a que el viernes, por fin, inició contactos con los inversores institucionales, con sede en la Argentina. Las resistencias y contrapropuestas se multiplican alrededor del mundo, mientras Lavagna buscó diluirlas mostrándose con economistas afines a su pensamiento, quienes le pidieron un dólar de $ 3,50 y apoyo a la industria nacional.
Una de las críticas más fuertes que se le hace al menú de pago de la Argentina es no haber incluido a los organismos internacionales y a los Boden en la reestructuración, para asegurarle una menor quita a todo el conjunto. Al respecto, el Instituto Argentino de Mercado de Capitales elaboró una simulación que refleja que si la poda hubiera alcanzado al FMI, al Banco Mundial y al BID, la capacidad de pago de la Argentina podía haberse elevado de U$S 0,153 por dólar adeudado a U$S 0,424 y otros U$S 0,10 más si hubieran entrado los Boden y los Préstamos Garantizados. Teoría pura, en un estudio que llegará al ministro durante la semana.
El más valorado
Por último, Lavagna fue nominado en una encuesta entre hombres de empresa como el miembro más caracterizado del Gabinete nacional, aun por encima de la figura presidencial, aunque quedó tercero en grado de influencia, bastante lejos de Néstor Kirchner y Duhalde, quienes pelearon hasta el último día el podio del relevamiento.
Pese a haber viajado a Brasil, precisamente el protagonismo de este último fue notorio a partir de una carta en la que mandó a la tropa bonaerense a encolumnarse tras Kirchner. Para Duhalde, el Presidente fue clave en función de haber acompañado el proceso de destierro del neoliberalismo, que "había penetrado hasta el caracú en nuestro Movimiento". Con una lectura muy lineal del gesto, desde algún sector poco avisado del Gobierno se pensó inmediatamente en subir al ex presidente al proyecto de transversalidad, tal como se sueña hacerlo con Carlos Chacho Alvarez.
Con los ejemplos de Lavagna y Duhalde, queda claro, entonces, que dicho neologismo es otro invento argentino, que se puso de moda en política para designar un concepto opuesto a la tradicional verticalidad peronista, con el objeto de sumar por izquierda y por derecha, y que ser transversal significa lisa y llanamente sacar los pies del plato. Y queda claro también desde este razonamiento que si todo sigue así, pese a las loas que encubrieron su gesto de autoridad, llegará el momento en que Duhalde, como lo hizo con Menem, deberá confrontar también con Kirchner no por sólo por la jefatura del peronismo, y todo lo que ello implica, sino para evitar que otro tipo de ideología poco afín al duhaldismo penetre en el PJ y desarme los procedimientos de la vieja política. (DyN)







