Carrie-Anne Moss

La protagonista de "Matrix" tiene a Hollywood rendido a sus pies. Pero ella sólo piensa en su hijo.

16 Noviembre 2003
LOS ANGELES.- Detrás de las gafas oscuras de Trinity, la protagonista de las tres entregas de "Matrix", se esconde Carrie-Anne Moss, una mujer con una belleza más fresca y espontánea que la cibernética imagen que luce en la película.
La actriz canadiense tiene claro cuánto le debe a una de las trilogías más importantes del cine de ciencia ficción, que protagonizó por primera vez cuando aún era prácticamente una desconocida. Pero el fenómeno "Matrix" también ha proyectado una sombra muy alargada sobre el resto de la carrera de Moss. ¿Cuántos admiradores de Trinity podrían citar más de un par de los títulos del resto de la filmografía de la actriz?
Nacida en la ciudad canadiense de Vancouver, la madre de Carrie-Anne le puso su nombre por una canción de los Hollies que no paraba de sonar en la radio en 1967. Creció junto a su hermano mayor en un hogar sin padre (no lo conoció hasta los catorce años), pero esto no provocó ningún problema en la educación de la actriz. Por el contrario, su conducta siempre fue ejemplar y desde los 11 años se dedicó a trabajar en todas las obras de teatro musical en la escuela.
Realizó su primer viaje a Europa con el coro del instituto, pero decidió volver por su cuenta a los 20 años para ver cumplido su sueño de convertirse en modelo. Una vez en el viejo continente consiguió su primer trabajo en una serie de televisión, lo que la acabó conduciendo a Hollywood.
Repartió su carrera entre series, anuncios publicitarios, alguna obra de teatro y pequeños papeles secundarios hasta que le llegó la oportunidad de su vida: protagonizar "Matrix". Entre los rodajes de la primera y segunda entrega de la trilogía, Moss aprovechó su recién adquirida fama para trabajar en proyectos menos vistosos pero igual de interesantes como el insólito thriller "Memento" (2000), de Christopher Nolan, y la colorista Chocolate (2000), de Lasse Hallström. Hoy, tras el éxito conseguido con "Matrix revoluciones", la tercera parte de la trilogía de ciencia ficción, Carrie-Anne está en el mejor momento de su carrera. Tanto es así, que no se le movió un pelo cuando algunos rumores de Hollywood la vincularon sentimentalmente con su compañero de trabajo, Keanu Reeves, en una relación de peleas y pasiones. Ella sólo se limita a hablar del amor por su marido, el actor Steve Roy (con quien se casó en 1999) y por el hijo que está a punto de tener. De hecho, su pronta maternidad la hizo cambiar de perspectiva. "No volveré a hacer kung-fu. Es demasiado estresante, tanto para el cuerpo como para el espíritu de una mujer. Para mí fue muy duro. Nunca volveré a maltratar mi cuerpo por una película", agrega. Lo cierto es que Carrie-Anne es una de las pocas celebridades que para evitar ser reconocida por la calle, no tiene que ponerse las gafas de sol, sino quitárselas. (Especial)

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