Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 28 Enero 2014
Las minidevaluaciones son cosas del pasado. Este 2014 arrancó con toda la decisión oficial de captar dólares, más que defender el peso. El tipo de cambio en la Argentina subió alrededor de un 23% en los primeros 26 días del año y esto ha generado un enrarecido clima financiero. El mercado mundial habla de un “efecto Tango”, pero los únicos que bailan el ritmo del 2x4 son los argentinos, esos que seguirán pagando los costos de la fiesta K. No hubo correcciones a tiempo. Y ahora el tándem Capitanich-Kicillof apela a recetas de urgencia para pasar el verano. Se recalentó la economía y el termómetro está roto.

Los salarios se han depreciado en 2013 a un ritmo del 28% anual, casi tres puntos porcentuales al promedio de lo convenido en la mayor parte de las paritarias. El salario ya no puede hacerle frente a la inflación en la carrera de los precios.

En este contexto, donde los argentinos necesitan ahorrar a toda costa o cuidar sus valores, la flexibilización del cepo cambiario no es más que otra medida coyuntural, pero con una dosis de fuerte riesgo para las reservas internacionales del Banco Central, que cerraron por debajo de los U$S 29.000 millones. Sin embargo, en esta tierra de confusión lo que ayer era motivo de alegría y un gesto de racionalidad hacia el mercado, hoy cambia. Unos pocos podrán acceder a los dólares para atesoramiento, dependiendo de su capacidad contributiva y de sus ingresos. En consecuencia, el gobierno seguirá dosificando la tenencia de dólares, con lo que nada asegura la desaparición del mercado paralelo, del blue. “Hay que hacerse a la idea de que el cepo sólo podrá levantarse cuando redunde; es decir, cuando -mejora de la confianza mediante- se tenga la certeza de que su relajación no desatará una demanda avasallante de divisas”, advierte el reporte semanal de la consultora Federico Muñoz & Asociados.

El vertiginoso primer mes de este 2014 ha dejado el siguiente escenario:

-Más de lo mismo. La política económica ha mostrado una nueva improvisación. El Gobierno cerró la semana anterior con un anuncio para la popular. Y terminó tirando la pelota afuera. Enunció el fin del cepo cuando en la realidad sólo fue una flexibilización parcial del esquema vigente desde hace más de dos años.

-Falsas expectativas. Las autoridades hablaron de disminuir la alícuota del 35% al 20% para compras con tarjetas en el exterior. Pero durante el fin de semana se decidió otra cosa. Y todo se mantiene. Esas falsas expectativas, en este caso, le jugarán en contra a la gestión.

-Especulación por doquier. Los acuerdos de precios habían nacido con el pecado original: subas anticipadas y ahora se habla de demarcaciones. El Gobierno sostiene que abrirá las importaciones para aquellos sectores que especulen, pero las trabas… bien, gracias. La amenaza puede llevar a la escasez de producción por temor al después. Hasta en las concesionarias están aguardando precios de referencia para las unidades 0 Km. Algunos se animan a hablar de subas por encima de los $ 10.000 respecto de los valores existentes a diciembre.

-El blue, más azul. El mercado paralelo se mantendrá por más que el Gobierno siga demonizándolo. No atacó ni los efectos ni las causas. Y todo parece indicar que el mercado informal se quedó a vivir.

-Lo que viene. Tal vez prospere el esquema propuesto por Juan Carlos Fábrega para bajar la velocidad de emisión monetaria, que el año anterior rozó el 30%. El mercado, además, descuenta que el próximo paso que dará la Casa Rosada es un incremento en las tasas de interés, con el fin de estabilizar el tipo de cambio. Es difícil que haya correcciones para disminuir el déficit fiscal. El equipo económico sostiene que no se puede reducir drásticamente el gasto público. Sucede que las importaciones energéticas son cada vez más elevadas (por eso se necesitan más dólares) y los subsidios a distintos sectores contribuyen a evitar la conflictividad social. Sin embargo, la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores vaticina que las negociaciones salariales serán mucho más duras de lo esperado, por más que el Gobierno proponga sumas fijas para morigerar los efectos de la negada inflación.

Todo eso alimenta otra palabra maldita: incertidumbre. No hay certezas acerca de qué hará mañana el Gobierno.

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