El manosanta de La Ciudadela

“Pedrito” desempolva el libro de los recuerdos de sus 42 años en San Martín.

UNA RUTINA. Durante cuatro décadas, Pedro hizo su trabajo en el “santo”. UNA RUTINA. Durante cuatro décadas, Pedro hizo su trabajo en el “santo”.
Miguel Eduardo Décima
Por Miguel Eduardo Décima 15 Diciembre 2013
Pedro Alejandro Chambilla Vélez es uno de los tantos ciudadanos peruanos que en la década del 70 llegó a la Argentina a estudiar, pero terminó echando raíces en la provincia y aún mantiene rasgos del acento que caracteriza a los originarios de su país de origen. “Pedrito” nació hace 68 años en Moquegua, una ciudad de 20.000 habitantes situada en el sureste del Perú, es una leyenda dentro y fuera de La Ciudadela. 

Siente mucha emoción cuando recuerda que en 1971 llegó a Tucumán con la ilusión de forjarse un porvenir dejando a sus seres queridos a 1.700 kilómetros de distancia. 

“Acá tenía a mis primos, Calixto y Armando Cabello que vinieron a estudiar y actualmente viven en Perú. Ellos me ayudaron a establecerme y a superar el desarraigo de los primeros tiempos en la provincia”, dijo quien seguramente está realizando sus últimos viajes con el plantel. En poco tiempo se acogerá a la jubilación.

Su desembarco

Chambilla recuerda que su llegada a La Ciudadela se concretó por iniciativa de José Miranda Villagra, el vecino de la pensión donde vivía, que estudiaba medicina y simpatizaba con San Martín. Siempre lo invitaba a visitar el club, lo trajo por un rato y se quedó 42 años. 

“Primero empecé como colaborador de las inferiores y a partir de 1978, junto a ‘Catala’ González y Luis Schiavone (foto inferior) fuimos incorporado como empleados rentados del club. Aprovechamos que algunos se jubilaron para pegar el salto al plantel de Primera. Como estudiaba enfermería y sabía del tema, me ubicaron de masajista. En eso mucho tuvo que ver el Ingeniero Natalio Mirkin, que ya era presidente del club”,  comentó el especialista que vive en un barrio de la zona de Villa Carmela junto a su esposa Nélida del Valle Quiroga, una taficeña que le dio un hijo: Pedro José (34 años) que, al igual que su mujer, es docentes. 

Por sus años en el club, tiene autoridad para analizar los cambios generacionales que se fueron dando en los “albirrojos”. “Para mí, el fútbol sigue siendo el mismo de aquellos tiempos de mi juventud. Lo que cambió sin duda fue la preparación de los planteles y sobre todo la forma como la gente vive ahora el fútbol. Esto lleva a que no sean pocas las veces que los excesos terminen manchando a este querido deporte”, opinó.

Los técnicos

En sus cuatro décadas de trabajo en el club, “Pedrito” vio pasar numerosos técnicos pero Chambilla se emociona cuando recuerda a don Angel Tulio Zoff. “Fue un verdadero padre para nosotros. Nos enseñó que el respeto por el prójimo era esencial para las relaciones humanas. Otro que también me dejó gratos recuerdos fue Nelson Pedro Chabay que tenía mi edad. Pero no quiero ser ingrato y olvidarme de Juan Carlos Carol y Guillermo César Reynoso, próceres del club”, comentó haciendo un repaso de su vida en el club.

A la hora de mencionar el mejor jugador que vivió con la camiseta de San Martín, Chambilla no duda un instante: Víctor Exequiel Pereyra. 

“’Pechito’ fue único por la técnica que tenía para manejar la pelota. Es el mejor futbolista que vi en mi vida. Era asombroso verlo como le pegaba a la pelota y la precisión que mostraba al habilitar a un compañero. Era un fuera de serie. Era un muchacho que de los 40 partidos que había en la temporada jugaba 39. Y ahora los futbolistas no llegan a tener el 50 % de asistencia. Él siempre estaba porque nunca se lesionaba, ni lo expulsaban. Fue un elegido y tuve la dicha de disfrutarlo”, indicó.

Cuando LG Deportiva le pidió que desempolvará el albúm de los recuerdos y eligiera el partido que le resultó inolvidable, “Pedrito” se quedó con aquel que en la temporada de 1988, los “santos” golearon 6 a 1 a Boca, en la mismísima Bombonera. 

“Esa fue una proeza inigualable, porque en esa época, era casi imposible ganar en ese estadio y lo hicimos. Además por la forma que lo logramos. Cierro los ojos y me imaginó aquel estadio casi mudo sin poder comprender lo que estaba viviendo. Pensar que escuchando los comentarios previos por las radios de Buenos Aires decían que para Boca ese encuentro sería de práctica y vaya que sorpresa le dimos”, expresó “Pedrito”.

Mientras que los descensos que le tocó vivir desde el banco fueron los hechos amargos que lo marcaron para siempre. “Lo que también me causa mucha tristeza es cuando al final de cada temporada me tocaba despedir con quienes conviví durante 12 meses”, señaló.

Pedro no quiere ni acordarse que estos serán sus últimos viajes con el plantel. “Lo único que pienso es que nunca me iré de este club porque ya forma parte de mi vida. Siempre estaré ligado, de una forma u otra, a esta entidad que me marcó para todo la vida”, concluyó. 

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