La princesita de la cumbia local

Empezó cantando en una peatonal de la costa y ahora la acompañan los músicos de Ariel.

EN CARRRERA. En la terraza de su casa de San Cayetano, Nathalí y su hermano Iván componen canciones propias, preparándose para dar “el salto”.  EN CARRRERA. En la terraza de su casa de San Cayetano, Nathalí y su hermano Iván componen canciones propias, preparándose para dar “el salto”.
14 Diciembre 2013
- Papá, ¿puedo cantarte otra vez esa canción?

- Todas las veces que quieras, hija.

La respuesta hace sonreír a Nathalí Torres. Y a la sonrisa le sobreviene el canto. Un canto silvestre, al que hasta entonces nadie ha adiestrado, un canto de miel. El tema en cuestión es “Mientes”, del grupo Camila -Nathalí lo ha aprendido hace poco y está fascinada con él-, pero lo cierto es que la niña canta siempre y desde siempre, al punto de que su familia ha tenido que limitarle el hobbie para evitar que parientes y amigos “la tuvieran de radio”.

Es febrero de 2013 y la familia Torres vacaciona en San Clemente del Tuyú. Va a pasar todo el mes allí y sus planes son los de cualquier turista que visita la costa atlántica: zambullirse en el mar, hundir los pies en la ardiente arena, pasear por la zona céntrica, cenar en grupo. Pero en la cabeza de Nathalí, que entonces tiene 11 años (cumplirá los 12 un mes después), germina la semilla de otra idea: quiere cantar en la peatonal de la villa turística, exhibir ante los transeúntes la gracia de su garganta. Y así se lo hace saber a su papá, Rubén, el hombre que jamás se cansa de escucharla.

“En principio no estábamos de acuerdo. Teníamos miedo al rechazo, a que el público no le prestara atención. En San Clemente del Tuyú hay varios artistas callejeros y, aunque la gente tiene ánimos de pararse a ver un espectáculo, suele ser más selectiva. Finalmente, Nathalí nos convenció -recuerda Rubén, 10 meses después-. Así que conseguí los permisos en la Municipalidad y elegimos la Calle 1 para pararnos; es una de las que más movimiento tiene porque allí están los principales negocios. Y un buen día, lo hicimos”.

Lo hicieron. Casi con la caída del sol, todos los Torres (además de Rubén y Nathalí, su mamá Fanny y sus hermanos Iván, Isis, Isabel y Julio) llegaron en tropa a la peatonal. Entre todos llevaban los parlantes, el micrófono y una cajita -que aún conservan- en la que, con suerte, el público depositaría algunos billetes. La niña estaba más entusiasmada que nerviosa, pero al resto de la familia le temblaban las manos una vez que los equipos estuvieron instalados y sólo restaba que comenzara el show. Sentados en torno a la mesa familiar, en su casa del barrio San Cayetano, todos sonríen cuando recuerdan que Rubén tuvo que improvisar un discurso de presentación para que el número de Nathalí no quedara tan aislado. “Yo no quería saber nada, me sentía muy incómodo, ¡pero tenía que vestirme de payaso porque ella no hablaba nada!”, rememora.

Los nervios se convirtieron en alegría una vez que los peatones fueron formando un círculo en torno a la pequeña cantante. “Fue maravilloso. Muchos me decían ‘cantás muy bonito’ o ‘te felicito por tu voz’. ¡Algunos lloraban!”, aún se admira Nathalí, que desde entonces volvió con frecuencia a la peatonal, donde, con sus covers de cumbia y melódicos, ya se había hecho un público cautivo. La historia recién empezaba.

Desde la terraza
Al regresar a Tucumán, la pequeña quiso repetir la hazaña y se instaló en el cruce de Mendoza y Muñecas. Sus padres le advirtieron que muy probablemente no sería lo mismo, que en la Costa Atlántica la gente tenía tiempo de quedarse a ver un show callejero, pero que en las peatonales locales todos solían andar muy apurados. Pero la realidad volvió a superar las expectativas. Apenas bastaron dos semanas para que Nathalí se hiciera conocida entre los transeúntes y hasta para que lograra un hit: el “Bidi bom bom”, una canción que cantaba la mexicana Selena, pero que ahora los adolescentes tucumanos identifican con la princesita de San Cayetano (el videoclip, filmado en el piletón del Parque Avellaneda, puede verse en YouTube).

Muy pronto, varios medios empezaron a convocarla. “La entrevistaron en muchas radios, pero su verdadero destape fue cuando Cacho Avellaneda, de ‘Viajes y protagonistas’ (Canal 8), le dedicó todo un programa. Gracias a eso, los músicos de El Príncipe Ariel se ofrecieron para trabajar con ella, porque antes cantaba con pista”, relata Fanny. La difusión le valió también decenas de seguidores, algunos de los cuales la conocen como “la chica del ‘Bidi bom bom’”. “A veces voy con mi mamá al centro y hay nenes que me reconocen y piden sacarse una foto. O que quieren venir a conocer mi casa”, cuenta. “¡Contá lo del Facebook!”, la apuran sus padres. “Ah sí... -retoma ella, con timidez-. Tuve que hacerme una cuenta porque muchos me buscaban. Me llegan solicitudes de a miles”. Fanny vuelve a intervenir: “¡las chicas se quieren poner de novias con Iván para acercarse a Nathalí!”. En un extremo de la mesa, el hermano mayor admite que eso es cierto y el grupo se une en una carcajada.

La familia completa está entusiasmada e involucrada con el proyecto de Nati, que en agosto llenó el teatro Alberdi. Saben, por ejemplo, que tener canciones propias afianzará su carrera, y por eso ella e Iván invierten su tiempo libre en componerlas. “Subimos a la terraza y, mientras yo rasgueo la guitarra, vamos buscando letras acordes. Al toque la anotamos en un papel y la grabamos en el celular”, detalla el joven, de 14 años.

Desde ese misma terraza puede verse el resto del barrio, una zona en la que, según los Torres, a diario se ven adolescentes perdidos por la droga o el alcohol. “Yo he querido preservar a mis hijos de eso y por eso les propongo que se marquen objetivos en su vida, objetivos como el que tiene Nathalí. No vale la pena bajar los brazos, hay que seguir nomás”, afirma Rubén. Un dulce canto de su princesita le hace de fondo.

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