Valeria Totongi
Por Valeria Totongi 11 Diciembre 2013
“Es peligroso, muchacho, cruzar tu puerta. Pones tu pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar”, le advierte Bilbo Baggins a su sobrino, Frodo. Poco después, Frodo emprende el viaje de su vida, la mayor aventura, enfrenta a los malos, se prueba a sí mismo y aprende sobre la amistad, la lealtad y el empeño. Y todo eso, en el camino.

El consejo de Bilbo me viene a la mente cada vez que armo el bolso, aunque sea para irme a la esquina. Me ha pasado eso de ir a un lugar por un par de días y quedarme un mes. O terminar a 1.000 kilómetros -más cerca o más lejos- del destino planeado. El asunto es que, como dice Bilbo, uno debe respetar el camino, pero también amarlo.

Irse, subirse a un colectivo o a un tren, salir a la ruta a hacer dedo -en pocas palabras, tomarse el buque- es sano, educativo, enriquecedor. Es el momento del año para hacerlo. Mucho más en este Tucumán tórrido, convulsionado, saqueado de esperanzas. No hace falta llegar lejos ni viajar en el Expreso de Oriente.

Tomate un colectivo a San Javier; allí hay una cascada hermosa. Caminá por Horco Molle; en la Residencia Universitaria te informan sobre los senderos para caminar en la selva. Andate al Cadillal; además del lago, tenés un entorno paradisíaco para recorrer entre las montañas. Si te animás a ir un poco más lejos, movete hasta los Valles o a San Pedro de Colala. No hace falta mucho. Pedí prestada una carpa, armá una bolsa de dormir con una frazada y una sábana.

Mirá un mapa, poné el índice con los ojos cerrados y volá a ese lugar. O empezá a pensar cómo ir. Parte del encanto de viajar son los preparativos. Salí, andate, recorré, no te quedes en tu casa.

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