La desesperación por mostrar que todo es legal está clara. El principio rector de figuras descollantes de la política tucumana ha sido demostrar que no hay delito. “¿Qué tiene de malo lo que se hizo?”, me preguntó un legislador cuando sobre la mesa se desparramó el escandaloso manejo de fondos de la Convención Constituyente.
“¿Sabés que pasa?”, me preguntó con tono retórico un abogado apurado porque su esposa lo esperaba en un café. Mientras ella seguía aguardando, ensayó la teoría. “Esto es como el ruido del aire acondicionado viejo. Al principio no podés dormir porque te aturde; y después, si no tenés el ruido ensordecedor, no podés conciliar el sueño”. Antes de despedirse aclara con humildad: “no es mío el razonamiento, se lo leí alguna vez a Lanata”.
Tal vez esa sea la explicación. Los convencionales hicieron un manejo vergonzoso de los dineros públicos. Pero no les importó porque pareciera que el fin justifica los medios. Finalmente todos -sin excepción-, los que firmaron recibos y los que no; los que recibieron mucho y los que recibieron poco dinero; los que recibieron y los que no; todos levantaron la mano y aprobaron la rendición de cuentas.
Los que recibieron poco, levantaron la mano y aprobaron todo.
¿No es grave que un convencional reciba más de 1 millón de pesos (¡en 2006! Hasta para el Indec eso era muchísimo más que ahora) y diga que lo repartió y listo? ¿No es serio que algunos de los que tenían que recibir adviertan que no recibieron? ¿No es para preocuparse que a las personas que la sociedad eligió no les importe que unos reciban más que otros? ¿No es triste ver que Rodolfo Ocaranza diga que repartió a todos los convencionales porque era el jefe de bloque; pero que luego aparezca Mario Humoller, que ni siquiera era convencional, y diga que recibió $ 40.000 para repartir entre los convencionales? ¿No es llamativo que muchos convencionales digan que no se acuerdan o no saben bien “cómo se hizo” cuando se trata de plata que no es de ellos?
Es indudable que estas desprolijidades se pueden llevar a cabo porque el ruido del aire acondicionado ya no molesta para vivir. Ni para dormir.
La preocupación mayor es saber quién es el responsable de haber mostrado los recibos a LA GACETA. Ahí empiezan las especulaciones. Que es gente que no quiere a Juan Manzur. Que es gente que perdió cuando desembarcó el alperovichismo. Que es el amayismo. Las elucubraciones siguen y podrían llenar páginas. Lo que escasea es el compromiso de cambio o el reconocimiento de que se manejaron mal los fondos de una Convención Constituyente que buscó ser impoluta. Y no pudo.
El argumento con el que intentan limpiarse de culpa algunos convencionales es decir que esa plata no fue a los bolsillos de cada uno (algo obvio porque era ad honorem), sino que se invirtió en asesoramiento profesional. Esta semana, LA GACETA consiguió hablar con José Salica, uno de los asesores que habría tenido el intendente Osvaldo Morelli cuando fue convencional constituyente por el Partido ultraalperovichista Participación Cívica que comandó Carlos Courel. Este dirigente mostró un recibo en el que Salica figura como si hubiera retirado $ 32.000. “Mire, yo la verdad no sabía de esta cosa…” La respuesta de quien además es chofer de Morelli es de antología. La Convención Constituyente es esa “cosa”. O en todo caso, es el pago. Pero la frase dice aún más: “yo no sabía”. Tan parecido al “no recuerdo fue… hace tiempo ya” de Manzur. Como si se tratase de la compra en un kiosco, en el cual el comerciante, como no tiene monedas, decide entregar unos caramelos para completar el vuelto.
La noticia de que se dieron fondos a algunos convencionales provocó la inmediata reacción de los actores. Adujeron la recepción, o no, de dinero; y justificaron cada una de esas posturas. En ningún caso se tomó en cuenta el agravante de que muchos de los asesores de la magna carta que rige a los tucumanos se desempeñaron trabajando “en negro”. Aquellos que hicieron los deberes correctamente y asesoraron realmente aportando sus conocimientos para crear la Constitución de 2006, recibieron fondos contantes y sonantes en la mano a cambio de recibos que ni al Tribunal de Cuentas le sirvieron. No se hicieron los aportes correspondientes ni existe contrato alguno. Fue, lisa y llanamente, una locación de servicio trucha.
De nuevo, el ruido del aire acondicionado es una dulce melodía cuando de estos temas se habla.
Con la idea fija
Hay que reconocer que estas cosas de las que se ocupa la prensa, y que están al borde de la irregularidad, no parecen importarle a nadie. Menos aún a los dirigentes principales que están ocupados en otra cosa mucho más grave como es el propio futuro.
Hasta el gobernador analiza su porvenir. Lo desvela la necesidad de retener el poder por lo menos hasta 24 horas antes de que se termine su mandato en 2015. Le auguran una banca senatorial. En ese caso no caería bien en la opinión pública que su esposa intentara ir de nuevo por ese cargo. O terminara en la Cámara Baja o siendo candidata a gobernadora. Son muchos los que están abocados a la tarea de defender su postulación. El Defensor del Pueblo, Hugo Cabral, es uno de los que encabeza esa lista. Mientras tanto, Manzur asegura que él es el elegido del gobernador.
En ese esquema, quien quedó en la vía es Sergio Mansilla, que tendrá que olvidarse del “qué se yo, de las callecitas de Buenos Aires”.
Detrás de la búsqueda de que el poder no se les vaya de la mano, el gobernador, el “increíble” Osvaldo Jaldo y “La Burra” Mansilla andan pergeñando que el Pacto Social (ese sistema que inventó Alperovich cuando era ministro de Miranda y poco amigo de Jaldo) no tenga periodicidad anual. La idea es que la Casa de Gobierno siga pagando los sueldos a los municipios y que administre como quiera la coparticipación de esas administraciones, pero que la renovación del pacto se haga mensualmente.
En otras palabras, acortar las riendas para que nadie se desboque en lo que queda de mandato.
No te metas
En la Legislatura la batalla es otra. Los veteranos de la liga legislativa sienten que se acerca el final de campeonato y que no tendrán lugar en el equipo. Por eso están dispuestos a pelear por cuanto espacio queda libre. Ahora, es el turno de la silla vacía que dejó en el Consejo Asesor de la Magistratura Carolina Vargas Aignasse, cuando se mudó de la Legislatura a la Secretaría General de la Gobernación. El grupo de la Terraza, que ella y los legisladores Marcelo Caponio y Guillermo Gassenbauer encabezan, podría porfiar por ese lugar que también ambicionan los veteranos. Hay otros espacios que no están vacantes, pero que los alperovichistas miran como si estuvieran vacíos. Se trata de la comisión de Peticiones y Poderes (presidida por José Orellana), la de Obras Públicas (liderada por José Teri) y la de Seguridad (conducida por Gerónimo Vargas Aignasse).
Los tres lugares son ocupados por legisladores que eligieron dejar el kirchnerismo y pasarse al equipo de Sergio Massa, quien el 20 del corriente pisará durante unas horas suelo tucumano. El mensaje de Alperovich a los legisladores que desfilaron en grupo durante estos días por su despacho fue claro: “no se puede estar con un pie en Buenos Aires con un proyecto, y con el otro en Tucumán con otro proyecto”. Si es así, sorprende que los legisladores “massitas” mantengan sitios de poder como los de las comisiones permanentes de la Cámara. Salvo que Alperovich esté avalando esas decisiones. Lo cual puede traerle serios problemas con la Casa Rosada.
Los “sijosesistas” más cercanos le recomendaron al gobernador que respete la independencia de poderes y que no se meta en estas internas legislativas. Algo que le debe resultar muy difícil al mandatario que toda la vida metió la cola en cuanto poder e interna apareció.
Cortos de vista
Para un gobierno, la mirada hacia el horizonte es muy corta: la realidad golpea las puertas cuando menos lo esperan.
Esta vez, el cimbronazo se produjo en el centro del país y desde allí la onda expansiva se propagó. Los policías cordobeses pueden tener las mayores necesidades pero tienen también una responsabilidad que no supieron manejar y alguien murió por esa impericia. Los policías pueden protestar como cualquier ciudadano, pero nunca deben dejar que la violencia se lleve por delante todo. Ni José Manuel de la Sota ni el Gobierno nacional fueron capaces de priorizar la tranquilidad. Pusieron otros intereses antes. Desde entonces, el Gobierno tucumano duerme con un solo ojo.
Los argentinos ya nos acostumbramos a que diciembre no es el mes de las fiestas sino el de la violencia y de los saqueos. Los gobernantes no han podido dar vuelta esta tendencia, que tiene más de una década ya.
Desde el más allá
“Para ser libres no sólo debemos deshacernos de las cadenas, sino vivir de una manera que se respete y potencie la libertad de los demás”, dijo alguna vez Nelson Mandela.
Pero aquí, tan lejos de allá, el ruido del aire acondicionado no nos deja oír esas palabras.
“¿Sabés que pasa?”, me preguntó con tono retórico un abogado apurado porque su esposa lo esperaba en un café. Mientras ella seguía aguardando, ensayó la teoría. “Esto es como el ruido del aire acondicionado viejo. Al principio no podés dormir porque te aturde; y después, si no tenés el ruido ensordecedor, no podés conciliar el sueño”. Antes de despedirse aclara con humildad: “no es mío el razonamiento, se lo leí alguna vez a Lanata”.
Tal vez esa sea la explicación. Los convencionales hicieron un manejo vergonzoso de los dineros públicos. Pero no les importó porque pareciera que el fin justifica los medios. Finalmente todos -sin excepción-, los que firmaron recibos y los que no; los que recibieron mucho y los que recibieron poco dinero; los que recibieron y los que no; todos levantaron la mano y aprobaron la rendición de cuentas.
Los que recibieron poco, levantaron la mano y aprobaron todo.
¿No es grave que un convencional reciba más de 1 millón de pesos (¡en 2006! Hasta para el Indec eso era muchísimo más que ahora) y diga que lo repartió y listo? ¿No es serio que algunos de los que tenían que recibir adviertan que no recibieron? ¿No es para preocuparse que a las personas que la sociedad eligió no les importe que unos reciban más que otros? ¿No es triste ver que Rodolfo Ocaranza diga que repartió a todos los convencionales porque era el jefe de bloque; pero que luego aparezca Mario Humoller, que ni siquiera era convencional, y diga que recibió $ 40.000 para repartir entre los convencionales? ¿No es llamativo que muchos convencionales digan que no se acuerdan o no saben bien “cómo se hizo” cuando se trata de plata que no es de ellos?
Es indudable que estas desprolijidades se pueden llevar a cabo porque el ruido del aire acondicionado ya no molesta para vivir. Ni para dormir.
La preocupación mayor es saber quién es el responsable de haber mostrado los recibos a LA GACETA. Ahí empiezan las especulaciones. Que es gente que no quiere a Juan Manzur. Que es gente que perdió cuando desembarcó el alperovichismo. Que es el amayismo. Las elucubraciones siguen y podrían llenar páginas. Lo que escasea es el compromiso de cambio o el reconocimiento de que se manejaron mal los fondos de una Convención Constituyente que buscó ser impoluta. Y no pudo.
El argumento con el que intentan limpiarse de culpa algunos convencionales es decir que esa plata no fue a los bolsillos de cada uno (algo obvio porque era ad honorem), sino que se invirtió en asesoramiento profesional. Esta semana, LA GACETA consiguió hablar con José Salica, uno de los asesores que habría tenido el intendente Osvaldo Morelli cuando fue convencional constituyente por el Partido ultraalperovichista Participación Cívica que comandó Carlos Courel. Este dirigente mostró un recibo en el que Salica figura como si hubiera retirado $ 32.000. “Mire, yo la verdad no sabía de esta cosa…” La respuesta de quien además es chofer de Morelli es de antología. La Convención Constituyente es esa “cosa”. O en todo caso, es el pago. Pero la frase dice aún más: “yo no sabía”. Tan parecido al “no recuerdo fue… hace tiempo ya” de Manzur. Como si se tratase de la compra en un kiosco, en el cual el comerciante, como no tiene monedas, decide entregar unos caramelos para completar el vuelto.
La noticia de que se dieron fondos a algunos convencionales provocó la inmediata reacción de los actores. Adujeron la recepción, o no, de dinero; y justificaron cada una de esas posturas. En ningún caso se tomó en cuenta el agravante de que muchos de los asesores de la magna carta que rige a los tucumanos se desempeñaron trabajando “en negro”. Aquellos que hicieron los deberes correctamente y asesoraron realmente aportando sus conocimientos para crear la Constitución de 2006, recibieron fondos contantes y sonantes en la mano a cambio de recibos que ni al Tribunal de Cuentas le sirvieron. No se hicieron los aportes correspondientes ni existe contrato alguno. Fue, lisa y llanamente, una locación de servicio trucha.
De nuevo, el ruido del aire acondicionado es una dulce melodía cuando de estos temas se habla.
Con la idea fija
Hay que reconocer que estas cosas de las que se ocupa la prensa, y que están al borde de la irregularidad, no parecen importarle a nadie. Menos aún a los dirigentes principales que están ocupados en otra cosa mucho más grave como es el propio futuro.
Hasta el gobernador analiza su porvenir. Lo desvela la necesidad de retener el poder por lo menos hasta 24 horas antes de que se termine su mandato en 2015. Le auguran una banca senatorial. En ese caso no caería bien en la opinión pública que su esposa intentara ir de nuevo por ese cargo. O terminara en la Cámara Baja o siendo candidata a gobernadora. Son muchos los que están abocados a la tarea de defender su postulación. El Defensor del Pueblo, Hugo Cabral, es uno de los que encabeza esa lista. Mientras tanto, Manzur asegura que él es el elegido del gobernador.
En ese esquema, quien quedó en la vía es Sergio Mansilla, que tendrá que olvidarse del “qué se yo, de las callecitas de Buenos Aires”.
Detrás de la búsqueda de que el poder no se les vaya de la mano, el gobernador, el “increíble” Osvaldo Jaldo y “La Burra” Mansilla andan pergeñando que el Pacto Social (ese sistema que inventó Alperovich cuando era ministro de Miranda y poco amigo de Jaldo) no tenga periodicidad anual. La idea es que la Casa de Gobierno siga pagando los sueldos a los municipios y que administre como quiera la coparticipación de esas administraciones, pero que la renovación del pacto se haga mensualmente.
En otras palabras, acortar las riendas para que nadie se desboque en lo que queda de mandato.
No te metas
En la Legislatura la batalla es otra. Los veteranos de la liga legislativa sienten que se acerca el final de campeonato y que no tendrán lugar en el equipo. Por eso están dispuestos a pelear por cuanto espacio queda libre. Ahora, es el turno de la silla vacía que dejó en el Consejo Asesor de la Magistratura Carolina Vargas Aignasse, cuando se mudó de la Legislatura a la Secretaría General de la Gobernación. El grupo de la Terraza, que ella y los legisladores Marcelo Caponio y Guillermo Gassenbauer encabezan, podría porfiar por ese lugar que también ambicionan los veteranos. Hay otros espacios que no están vacantes, pero que los alperovichistas miran como si estuvieran vacíos. Se trata de la comisión de Peticiones y Poderes (presidida por José Orellana), la de Obras Públicas (liderada por José Teri) y la de Seguridad (conducida por Gerónimo Vargas Aignasse).
Los tres lugares son ocupados por legisladores que eligieron dejar el kirchnerismo y pasarse al equipo de Sergio Massa, quien el 20 del corriente pisará durante unas horas suelo tucumano. El mensaje de Alperovich a los legisladores que desfilaron en grupo durante estos días por su despacho fue claro: “no se puede estar con un pie en Buenos Aires con un proyecto, y con el otro en Tucumán con otro proyecto”. Si es así, sorprende que los legisladores “massitas” mantengan sitios de poder como los de las comisiones permanentes de la Cámara. Salvo que Alperovich esté avalando esas decisiones. Lo cual puede traerle serios problemas con la Casa Rosada.
Los “sijosesistas” más cercanos le recomendaron al gobernador que respete la independencia de poderes y que no se meta en estas internas legislativas. Algo que le debe resultar muy difícil al mandatario que toda la vida metió la cola en cuanto poder e interna apareció.
Cortos de vista
Para un gobierno, la mirada hacia el horizonte es muy corta: la realidad golpea las puertas cuando menos lo esperan.
Esta vez, el cimbronazo se produjo en el centro del país y desde allí la onda expansiva se propagó. Los policías cordobeses pueden tener las mayores necesidades pero tienen también una responsabilidad que no supieron manejar y alguien murió por esa impericia. Los policías pueden protestar como cualquier ciudadano, pero nunca deben dejar que la violencia se lleve por delante todo. Ni José Manuel de la Sota ni el Gobierno nacional fueron capaces de priorizar la tranquilidad. Pusieron otros intereses antes. Desde entonces, el Gobierno tucumano duerme con un solo ojo.
Los argentinos ya nos acostumbramos a que diciembre no es el mes de las fiestas sino el de la violencia y de los saqueos. Los gobernantes no han podido dar vuelta esta tendencia, que tiene más de una década ya.
Desde el más allá
“Para ser libres no sólo debemos deshacernos de las cadenas, sino vivir de una manera que se respete y potencie la libertad de los demás”, dijo alguna vez Nelson Mandela.
Pero aquí, tan lejos de allá, el ruido del aire acondicionado no nos deja oír esas palabras.
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