El reto de la cordialidad en la miseria

Luis Duarte
Por Luis Duarte 28 Noviembre 2013
Tan inagotable e inmensa es la realidad que preferimos amoldarla a nuestras existencias para no acobardarnos. Muchas situaciones pasan por nuestro lado y no nos damos cuenta, o le dedicamos solo un segundo de reflexión para volver a dedicarnos a nosotros. Aunque existen casos de solidaridad que movilizan y son ejemplos personales sin nombre. Ellos siempre estarán, por fortuna.

Graciela caminaba por una vereda del microcentro de la ciudad junto con uno de sus hijos, Juan, de 12 años. Volvía de presentar la constancia de escolaridad que la administradora de la seguridad social de los argentinos, Anses, exige para que las familias cobren la Asignación Universal por Hijo (AUH), un derecho que puede dejar de recibirlo cualquier beneficiaria si no cumple con ese trámite. Sin dudarlo, Graciela se detuvo y, con modestia y resignación, pidió solo "una ayudita" a una persona que se cruzaba en su camino. Buscó el favor de un extraño para poder completar los $ 6 que le costaría el boleto del colectivo urbano, después de pasar la mañana entera en la oficina pública. "Solo usted decidió parar. Las personas no se detienen y siguen con su recorrido. Hay gente que no entiende, parece que no tienen necesidades. Pero a todos siempre faltará", fue el lamento de la mujer de unos 50 años. "Vamos a completar para el boleto, podremos ir a casa y comer, porque no doy más de hambre y cansancio. Hay que seguir adelante, a pesar de las cosas", agregó, y continuó su trayecto. La mujer, sin reconocerlo, habló de la desconfianza de la pobreza, situación que domina hoy las calles por causas que también contienen verdades, como el engaño. Ser capaz de mirar a los ojos y elegir seguir confiando o no se transformó en el reto de cada día.

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