El curioso caso de "Delpo"

17 Nov 2013 Por Ezequiel Fernández Moores
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Cuando Juan Martín del Potro sumó en 2013 5.255 puntos (su récord después de los 6.785 de 2009) y ganó 51 de sus 67 partidos para sumar cuatro títulos de nivel 500, lo hizo a título personal, es cierto, pero la TV, la prensa y los aficionados lo vemos y nos emocionamos o enojamos más con él porque también es argentino. Lo mismo sucede cuando lo vemos otra vez quinto en el ranking mundial. Cuando advertimos que es el único no europeo del top ten y el único latinoamericano en el top 40 de un listado dominado por los tenistas del Viejo Continente. También allí vemos que es argentino.

Y lo ubicamos en la historia del tenis argentino cuando también advertimos que sólo Guillermo Vilas y José Luis Clerc ganaron más que él entre los jugadores de nuestro país, además de que es la sexta raqueta nacional con más de 300 victorias, con apenas 25 años de edad. Es cierto, la última caída ante Roger Federer que lo dejó afuera de semifinales del Masters de Londres, en un partido que parecía ganable, dejó un sabor de que, tras un primer semestre difícil, se podía aspirar a más, y no la frase consoladora de jugarle "de igual a igual" a los mejores. Pero también es cierto que Del Potro sumó en 2013 victorias ante Novak Djokovic, Rafael Nadal, Andy Murray, David Ferrer y el propio Federer y que, igual que en 2009, venció a dos números 1 del año.

A todo esto, títulos, victorias y premios, hay que agregar una gran imagen que tiene Del Potro dentro del circuito. "el gigante bueno", como le dicen, porque es pura corrección y porque además ya dio sobradas muestras de que tiene un requisito clave para cualquier deportista: es buen perdedor.

Gente cercana a "Delpo" recuerda un momento especial: tercer set de la final de Shanghai que terminó ganando Djokovic, en medio de un partido parejo y con el público que comienza a festejar de modo cada vez más efusivo los tantos del argentino. Y "Nole", que es rey en Asia y sabe como pocos de marketing, no podía disimular ironías hacia el público en su festejo final, acaso enojado porque, sin hacer nada, simplemente jugando un gran tenis, el grandote amagó con destronarlo. Del Potro, me dicen las mismas fuentes, vende productos con su imagen en las calles de Moscú sin haber jugado nunca en Rusia, japoneses aparecen por TV con banderas argentinas por él y desecha numerosos pedidos de exhibiciones por año.

"Delpo -me remata la fuente- ya jugó Copa Davis y Juegos Olímpicos, pero habría que ampliar eso de cuándo está representando a la Argentina. Hoy, te diría que debe estar en el top ten de la representación de argentinos en el exterior".

Pero, otra vez, Del Potro se niega a jugar la Davis y estalla la polémica. Y, por primera vez, explica públicamente y con duros términos su posición. Que está "cansado" de ser invitado "por mail o mensajes", de que se lo "presione a través de cierta prensa" intentando dejarlo "mal parado frente a la opinión pública" con "un doble discurso hipócrita" y de no haber sido consultado "nunca en la elección del capitán, superficies, sedes, etc". Por todo esto, Del Potro avisa que, una vez más, estará afuera de la Davis, para el partido del 31 de enero al 2 de febrero ante Italia, en polvo de ladrillo, pero en sede aún no definida, con Mar del Plata en primer lugar, pero sin descartar al Parque Roca o al Buenos Aires Lawn Tenis.

Y, tal como están las cosas, casi seguramente Juan Mónaco y Carlos Berlocq jugarán los singles. Una derrota, hay que decirlo, dejaría a la Argentina a un paso del descenso por primera vez desde 2001.

Curioso, apenas días antes, el propio presidente de la AAT, Arturo Grimaldi, había expresado que iría caminando hasta Tandil con tal de hablar con Del Potro. Que la incorporación de Juan Martín Zabaleta al cuerpo técnico del capitán Martín Jaite buscó ante todo tener un buen canal de vínculo con él. Sabemos también que se buscó a Del Potro por teléfono decenas de veces, pero sin respuesta. Que se esperaba su decisión justamente para que él eligiera en qué superficie prefería jugar ante Italia.

Y sabemos también que Del Potro, a través de su padre, participó activamente de la decisión que terminó llevando a Mar del Plata la recordada final de la Davis ganada por España, acaso el inicio del estallido. Pero sabemos también que ya no está David Nalbandian, supuestamente el hombre de la discordia. Ahora nos enteramos que el problema no era entonces Nalbandian. Desde el lado de Del Potro hay algunas versiones diferentes, sobre reuniones que, según creen, deberían haber sido individuales y no colectivas.

"A mí Juan Martín me ha resultado una gran persona, con una humildad bastante importante y una timidez destacada. En la Copa Davis le ha ganado a Berdych en su casa, a Djokovic en su casa, a Tipsarevic en su casa. Lo aprecio mucho. Y ya solo con la imagen de él, y llevándolo por los carriles normales, es suficiente. Yo creo que se lo ha presionado y se lo ha castigado demasiado con este prototipo de imagen que decía 'Yo por Argentina y por la camiseta hago todo'. Como si fuera el único". La reflexión la leí hace unos días en ESPN, en una entrevista a "Tito" Vázquez, ex capitán de la Davis con Del Potro en el equipo y que este año llevó a juveniles argentinos a que se entrenaran con "Delpo", un punto que no muchos conocen. "Tito" habló también en ese artículo de que, en su momento, se permitieron cánticos hirientes en un vestuario hacia Del Potro y pareció apuntar allí a Jaite, cada vez en posición más difícil si la AAT pretende que el tandilense vuelva al equipo.

"No quiero entrar en polémica; no es bueno para la AAT que el presidente entre en polémica con el mejor jugador argentino", buscó aquietar aguas Grimaldi. La AAT siente que tendría mucho para responderle a Del Potro, apenas mostrando todas las llamadas y pedidos de reunión que se la hicieron llegar, siempre sin éxito. Pero la AAT siente también que la lucha no es pareja. Porque Del Potro ya no precisa más de la AAT, como en los primeros tiempos de la formación. Y la AAT sí precisa a Del Potro, porque es su jugador número 1 y porque, además, la Davis, que por supuesto recauda menos sin "Delpo", es la principal fuente de ingresos, la fuente principal del dinero que permite formar acaso a los futuros Del Potro. La "Torre de Tandil" sí seguirá facturando por su cuenta, y tal vez mejor que nunca, ahora que contrató a Tony Godsick, el manager de Federer.

Escribo mientras veo por la tele a Djokovic liderando, otra vez, jugando o apuntalando desde afuera, a un equipo serbio lastimado por lesiones en plena final de Copa Davis ante República Checa, en Belgrado, donde hoy se define la serie. "Nole" arribó por supuesto agotado, ya no para dar una simple respuesta de si juega o no después de haber ganado el Masters de Londres, donde también representó a su país, aunque la gloria haya sido ante todo personal. Es cierto, Serbia se independizó en 2006, luego de la terrible guerra de los Balcanes, y su sentimiento patriótico seguramente sea diferente respecto del ciudadano de un país que lleva 200 años de independencia, como es el caso de Argentina. Pero tampoco España es una nación precisamente nueva. Y allí está Nadal, jugando cada vez que puede en la Davis para su país. Y ambos, nuestros visitantes en los próximos días, en series de exhibición que incluyen plateas de hasta 6.000 pesos, son 1 y 2 del mundo, bueno es recordarlo. También, es cierto, está el caso de Federer. Junto con Delpo, son los únicos del top 20 del ranking que no juegan la Davis. Están en todo su derecho de hacerlo. Y también de buscar las excusas que más les convengan.

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