Una derrota costosa para Del Potro

Una derrota costosa para Del Potro

El argentino tuvo chances que no aprovechó ante Federer.

CON BRONCA. Estoy un poco decepcionado, reconoció Del Potro tras la derrota. CON BRONCA. "Estoy un poco decepcionado", reconoció Del Potro tras la derrota.
La mirada amplia obliga a enunciar que Roger Federer derrotó a Juan Martín del Potro 4-6, 7-6 (7-2) y 7-5. Podemos elegir quedarnos con eso y espiar de reojo lo que ocurra en el superclásico frente a Rafael Nadal, o dedicarle unas líneas a algunas de las conclusiones que pueden sacarse de una costosa derrota, en la que Juan Martín tuvo muchas opciones para ganar.

Sin dejar de ver en Federer a un factor decisivo en los escenarios bajo techo, hay que concluir que Del Potro puede llevar el juego a un nivel de velocidad y agresividad que le resulta muy incómodo al suizo. Mientras el trámite va y viene por ese carril, el tandilense puede construir diferencias que pasan rápidamente a los números. Eso ocurrió en el primer set, hasta la ventaja de 5-1. A partir de ese momento, la siguiente conclusión: el margen es pequeño y no permite la mínima distracción.

Un poquito menos de intensidad y Federer dispone del tiempo necesario para poner sobre la mesa sus infinitos recursos. Y cuando esto ocurre él se convierte en el dueño. Así, ese primer set fue muy parejo. Los mismos conceptos aplican al segundo parcial. A pleno de intensidad Del Potro quebró y jugó con break a favor. No bien aflojó el ritmo, la ventaja se esfumó y el tie-break fue para el suizo.

Ya en el último set, Federer fue un himno a la pasión deportiva, al amor casi inigualable a un juego que él ha sabido jugar como nadie. Volvió del 0-3 gracias a su mente, que se niega a aceptar el paso del tiempo y que lo nutre de una capacidad competitiva pocas veces vista. El final de la historia es conocido: con los números 5-5 consiguió el quiebre y tomó, él sí, la oportunidad para ganar.

Federer, no Del Potro, será el rival de Nadal. Ya terminada la temporada, Juan Martín tendrá tiempo suficiente para alejar la bronca de una gran oportunidad que se le escapó.

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