En el gabinete de Fernando Riera, el Ministerio de Gobierno se constituyó en un preciado objeto del deseo político de las principales líneas internas que buscaban influir en la orientación de la administración peronista.
A principios de marzo de 1986, el mandatario anunció que el ex senador peronista Armando Francisco Baunaly era el nuevo ministro de Gobierno. Reemplazaba a José Alberto Cúneo Vergés, que había dimitido a ese cargo el 20 de febrero. Baunaly integró la comisión bicameral que recibió las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos en la década del 70.
El nuevo funcionario, que juró el 6 de marzo, pertenecía a la generación nacionalista que se identificó con el peronismo, a partir del proceso abierto con el golpe de estado de 1943.
Dolores de cabeza
En ejercicio de sus funciones, Baunaly deslizó algunas definiciones principistas. Así prometió hacer respetar las Constituciones de la Nación y de la Provincia y los preceptos de la doctrina justicialista como adaptación de la Constitución a la realidad.
Tanta sinceridad le iba a costar dolores de cabeza días después, en una provincia en la que la rivalidad entre peronistas y radicales era muy fuerte.
Además, aseguró la prescindencia del ministerio con relación a la puja electoral interna que agitaba al partido gobernante. Además de la política, a Baunaly le preocupaba la situación de la fuerza de seguridad. El gobierno no va aaceptar conflictos en la Policía, pontificó. La normalización del Poder Judicial se realizaba con lentitud. La cartera política atendía ese problema.
Vocal partidario
Hay que ser peronista para estar en la Corte Suprema de Justicia , planteó el ministro el 16 de abril, al contestar críticas del diputado radical Arturo Sassi.
Baunaly justificó su postura en la circunstancia de que el justicialismo había producido una revolución pacífica en el orden jurídico, que cristalizó en la Constitución de 1949. Consecuentemente, con esa exigencia de fe peronista no hacía otra cosa que trasladar la doctrina a la realidad.
La Carta Magna que defendía Baunaly -derogada tras el golpe de estado de 1955-, había incorporado los derechos sociales y los principios del nacionalismo económico entre otras cláusulas.
El concejal radical José Luis Avignone no disimuló su sorpresa por esos dichos. La independencia de los poderesgarantiza la vida democrática, afirmó.
A su vez, el Colegio de Abogados interpretó el 12 de abril, que se trataba de un agravio a la independencia de los poderes y a la jerarquía de la Justicia.
La UCR echó más leña al fuego con argumentos parecidos. Mis palabras fueron mal interpretadas, se quejó Baunaly, y adelantó que presentaría su renuncia a Riera. No alcanzó a concretar ningún cambio de fondo.
Periodistas, afuera
Riera confirmó el 14 de abril que Miguel Angel Torres sucedería a Baunaly. En el PJ reinaba el descontento con la entrada de Torres al gobierno, ya que se cuestionaba su condición de ex funcionario de un gobierno militar. En presencia del titular del PJ, Eduardo Posse Cuezzo, se pidió por la continuidad de Baunaly, mientras se criticó al ministro de Economía, Osvaldo Cirnigliaro. Se asociaba a este con Torres.
Riera minimizó los disensos y el 17 de abril puso en posesión del ministerio a Torres durante un acto que se hizo sin periodistas. Sólo asistieron camarógrafos y fotógrafos. Torres ratificó que su lealtad con el peronismo databa de 1945. De esa época nos conocemos con Riera, dijo. En 40 días hubo dos ministros de Gobierno. Tensión política pura.
A principios de marzo de 1986, el mandatario anunció que el ex senador peronista Armando Francisco Baunaly era el nuevo ministro de Gobierno. Reemplazaba a José Alberto Cúneo Vergés, que había dimitido a ese cargo el 20 de febrero. Baunaly integró la comisión bicameral que recibió las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos en la década del 70.
El nuevo funcionario, que juró el 6 de marzo, pertenecía a la generación nacionalista que se identificó con el peronismo, a partir del proceso abierto con el golpe de estado de 1943.
Dolores de cabeza
En ejercicio de sus funciones, Baunaly deslizó algunas definiciones principistas. Así prometió hacer respetar las Constituciones de la Nación y de la Provincia y los preceptos de la doctrina justicialista como adaptación de la Constitución a la realidad.
Tanta sinceridad le iba a costar dolores de cabeza días después, en una provincia en la que la rivalidad entre peronistas y radicales era muy fuerte.
Además, aseguró la prescindencia del ministerio con relación a la puja electoral interna que agitaba al partido gobernante. Además de la política, a Baunaly le preocupaba la situación de la fuerza de seguridad. El gobierno no va aaceptar conflictos en la Policía, pontificó. La normalización del Poder Judicial se realizaba con lentitud. La cartera política atendía ese problema.
Vocal partidario
Hay que ser peronista para estar en la Corte Suprema de Justicia , planteó el ministro el 16 de abril, al contestar críticas del diputado radical Arturo Sassi.
Baunaly justificó su postura en la circunstancia de que el justicialismo había producido una revolución pacífica en el orden jurídico, que cristalizó en la Constitución de 1949. Consecuentemente, con esa exigencia de fe peronista no hacía otra cosa que trasladar la doctrina a la realidad.
La Carta Magna que defendía Baunaly -derogada tras el golpe de estado de 1955-, había incorporado los derechos sociales y los principios del nacionalismo económico entre otras cláusulas.
El concejal radical José Luis Avignone no disimuló su sorpresa por esos dichos. La independencia de los poderesgarantiza la vida democrática, afirmó.
A su vez, el Colegio de Abogados interpretó el 12 de abril, que se trataba de un agravio a la independencia de los poderes y a la jerarquía de la Justicia.
La UCR echó más leña al fuego con argumentos parecidos. Mis palabras fueron mal interpretadas, se quejó Baunaly, y adelantó que presentaría su renuncia a Riera. No alcanzó a concretar ningún cambio de fondo.
Periodistas, afuera
Riera confirmó el 14 de abril que Miguel Angel Torres sucedería a Baunaly. En el PJ reinaba el descontento con la entrada de Torres al gobierno, ya que se cuestionaba su condición de ex funcionario de un gobierno militar. En presencia del titular del PJ, Eduardo Posse Cuezzo, se pidió por la continuidad de Baunaly, mientras se criticó al ministro de Economía, Osvaldo Cirnigliaro. Se asociaba a este con Torres.
Riera minimizó los disensos y el 17 de abril puso en posesión del ministerio a Torres durante un acto que se hizo sin periodistas. Sólo asistieron camarógrafos y fotógrafos. Torres ratificó que su lealtad con el peronismo databa de 1945. De esa época nos conocemos con Riera, dijo. En 40 días hubo dos ministros de Gobierno. Tensión política pura.







