El sábado venía "bien", era un poco más de las 17 y la mayoría de los periodistas se encontraban concentrados en escribir las notas que les correspondían. El diario iba tomando forma y los ecos de los festejos del Día de la Primavera invadían la redacción, hasta que quedamos a oscuras. La luz se fue y volvió al instante, los televisores se volvieron a encender, pero las computadoras no reaccionaban. Pasó más de una hora en la que los periodistas íbamos y volvíamos, ansiosos por no perder el envión. "Esto en la época de las Olivetti no pasaba", dijo una compañera. Otro tenía que hacer un llamado, pero el teléfono lo tenía en su e-mail, un tercero, orgulloso, sacó su agenda de cuero y aportó el número. Después de ejercitar prolongadamente la paciencia y de un concienzudo trabajo de los ingenieros y los técnicos de LA GACETA, volvió la luz y la alegría.
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