En menos de 48 horas renace un basural tras una limpieza

Lo aseguró el Director de Servicios Públicos del municipio. Los vecinos hacen justicia con mano propia: limpian con escobas de paja y palas.

PALA Y ESCOBA. Hugo Sosa y Mario García barren en Gorriti al 1.300. PALA Y ESCOBA. Hugo Sosa y Mario García barren en Gorriti al 1.300.
07 Agosto 2013
Mario García sólo tiene una escoba de paja y la compañía -según dice, invalorable- de Hugo Sosa. Estos hombres, que sobrepasan los 60 años, limpian desde muy temprano unos 100 metros de los márgenes del canal Sur, sobre Gorriti al 1.300. Si no fuera por su constancia, ese paisaje que por unas horas parece manso y verde sería similar al que se encuentra del otro lado del canal, que se caracteriza por la basura desparramada.

García vive a unos pocos metros del lugar desde hace 24 años y Sosa es un barrendero del municipio capitalino al que le fue encomendada la tarea de limpiar el barrio Independencia. Dos veces por semana, los martes y los sábados, despejan Gorriti al 1.300 porque allí se instala una feria de ropa, CDs truchos, frutas, verduras y juguetes, todo a bajo precio. Una vez que se levantan los puestos, lo que sobra es arrojado por los feriantes en ese espacio o adentro del canal. Entonces, la limpieza a fuerza de escobas comienza de nuevo.

"El problema de la basura se solucionaría si eliminaran los carros de tracción a sangre. Los carreros son los que tiran los desperdicios que nosotros juntamos. ¿Cuántos vienen por día? Son incontables. Estaría bueno que un policía se instale y custodie la zona", comentó García. Sosa agregó que cada semana la empresa 9 de Julio retira del lugar entre cinco o seis camionadas de basura. Walter Berarducci, secretario de Servicios Públicos de la Municipalidad capitalina, confirmó que los basurales demoran no más de 48 horas en reaparecer luego de una limpieza (en algunas zonas de la ciudad el volcado de desechos es diario). El funcionario destacó que es grave la falta de conciencia de los vecinos que contratan los servicios informales de carreros y fleteros.

"Esos desperdicios no van a la disposición final del Consorcio Metropolitano. Van a parar a otro lugar y eso genera la baja calidad de vida en algunos sectores", destacó Berarducci. También apuntó contra aquellos constructores que en vez de pagar $250 por un contenedor (hay empresas privadas que prestan estos servicios) contratan carreros que por menos dinero se llevan esos desechos a algún vaciadero clandestino. "Esa es la conducta que tenemos que revertir como ciudadanos", enfatizó el funcionario.

Detrás de la cultura

En la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario, ubicada en Adolfo de la Vega y La Madrid, levantaron una pared de cañas alta para aislarse del paisaje de miseria y degradación que presenta el predio que está detrás. En ese terreno, que forma parte del parque Guillermina, todavía se levantan las estructuras de los viejos trampolines y hay un edificio abandonado que en el pasado formó parte de un centro de alto rendimiento. Hoy, según los vecinos, es la guarida de arrebatadores y de jóvenes adictos a las drogas. Alrededor, se acumulan animales muertos, basura, escombros y ramas (típicas en esta época del año en la que se realizan podas). Irónicamente, a pocos metros de allí, sobre Boulogne Sur Mer, fueron instalados varios contenedores. Silvia Asen observa todos los días cómo los carreros que depositan montañas de basura parecen ser los dueños de este espacio. Corren a los vecinos con machetes, insultos y prepotencia, asegura. "La única vez que sentimos que se hizo justicia, fue cuando un policía le disparó a las dos ruedas del carro, que traía escombros, y obligó al conductor a levantar todo los que había arrojado en el lugar. Nosotros no podemos hacer nada, estamos desprotegidas", confesó la mujer. Asen recuerda que cuando se mudó a ese barrio, hace unos 27 años, la calle La Madrid al 3.600 no se había trazado y la basura tampoco existía.

Para Olga Nieva, otra vecina de la zona, el remedio para los males del barrio sería que un alambrado cerque el predio o que se construyan pistas de skate destinadas a los jóvenes del lugar. Junto con otros vecinos, Nieva opina que tanto los predios de la Casa del Bicentenario como el Centro Integrador Comunitario (CIC) que está en la zona deberían ocupar más superficie para restarle espacio al vaciadero clandestino.

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