El heredero

Por Gabriela Pousa | Analista-Master en Economía y en Ciencias Políticas

07 Jul 2013
Jugó Sergio Massa. Casi se podría decir que es un éxito de todos y todas, ¿o quién ha solventado cada paso del intendente devenido candidato? Años en la Anses le permitieron al ex Ucedé aceitar los contactos necesarios con el establishment para situarse donde finalmente se ha situado, años repartiendo estratégicamente pauta publicitaria para que muchos medios no se hicieran eco de inconvenientes en sus pagos y rescatasen las bondades.

Hoy Massa disfruta las consecuencias de haber cooperado a vaciar los fondos jubilatorios de un sinfín de ciudadanos, muchos de los cuales, si no quedara clara esta maniobra, irán incluso a votarlo. Indiscutidamente hábil - Cristina también lo fue hasta caer en la voracidad de una supervivencia inútil -, rápido de reflejos hasta el punto de presentarse como opositor siendo parte de lo actual. Lo nuevo de lo viejo que es cómo decir lo menos viejo pero no lo novedoso.

Massa es fruto del oportunismo y de una característica poco frecuente en nuestra dirigencia: el coraje. Y es también portador de otra dote inexorable en esos lares: el caradurismo. Recuérdese que es el mismo Sergio Massa que se presentara en las legislativas de 2009 sin llegar a asumir nunca su banca.

En contrapartida, yace agónica la figura de Daniel Scioli, endeble, frágil, amorfa. Pensar que hasta hace poco se probaba el sillón de la Presidencia respaldado en las ventajas que le otorgaban las encuestas. Paradojas de la dinámica política. Una dialéctica entreverada, donde los tiempos no se miden con la común cronología. Detrás de ambos, se teje una indescifrable trama de negociados a conveniencia. Sin ser triunfadora en los pronósticos, Cristina Fernández sale de todos modos y en cierta manera ilesa. De la impunidad que persigue afanosamente, con Massa está más cerca.

Es muy probable que el heredero de Néstor no le vote una reforma constitucional pero difícilmente le suelte la mano a la hora de juzgar su gestión presidencial. Hay razones que unen aunque también es verdad que las lealtades en este ámbito son similares al hallazgo de una aguja en un pajar. Lo cierto es que las cartas se han jugado aunque aún hay naipes que no aparecen en el tapete. ¿Quién guarda más ases en la manga? La jefa de Estado ha demostrado hasta el hartazgo (literalmente) sus dotes en ese arte. Massa es todavía un enigma a medio develarse.

Más oscuridad arroja quizás el actuar de Mauricio Macri que ha dejado liberada la provincia de Buenos Aires al tiempo que debió bajar a Carlos Melconian y a Guillermo Montenegro por capricho de Felipe Solá.

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