Leopoldo Deza, entre el desarraigo, la fusión y Nebbia

El tecladista y compositor tucumano, que ahora vive en Buenos Aires, integra la banda del fundador del rock en español.

DE VISITA. Deza posa durante un viaje que realizó a la provincia y en el que conversó con nuestro diario. LA GACETA / FOTO DE REICARDO REINOSO DE VISITA. Deza posa durante un viaje que realizó a la provincia y en el que conversó con nuestro diario. LA GACETA / FOTO DE REICARDO REINOSO
05 Julio 2013
Allá por el año 1990, con su grupo Mate de Luna, el tecladista y compositor Leopoldo Deza recibió elogios de parte de Litto Nebbia, que lo invitó a grabar en su sello, Melopea. En 2012, es decir, 22 años después, cuando el tucumano ya vivía y trabajaba en Buenos Aires, el rosarino lo convocó para integrar su nueva banda, Aire Fresco.

Cabe recordar que Mate de Luna, donde también tocaban Raúl Soria (violín y voz), Enrique Deza (guitarras), Alejandro Russo (bajo) y Eduardo Issa Osman (batería), ya es parte de la historia más vanguardista del folclore tucumano. En ella se fue generando todo lo que Leo Deza hizo después.

"Ahora, en la banda de Litto Nebbia, estoy haciendo esos temas de él que me gustaban cuando era chango y aprendía a tocarlos. Eran difíciles. Tenían muchos acordes. Tocarlos con Litto es para mí algo indescriptible", comentó Deza en una reciente visita a Tucumán.

En Buenos Aires desarrolla múltiples actividades. Enseña en el Conservatorio Manuel de Falla, es director y arreglador de La Milanga Ensamble Telúrico, y toca con el trompetista Ricardo Culotta y el baterista tucumano Rubén Lobo, ex músico de Mercedes Sosa. "Mucha gente no sabe que Rubén también fue precursor de la fusión folclórica, con el Tushka Trío, del año 1973 -advirtió-. Ahora tiene La Banda Gaucha, donde toco yo y otro tucumano, Jero Santillán".

¿Folclore de fusión? ¿Jazz o rock de raíz folclórica? Leo Deza elige definir lo que hace como música argentina. "Lo que hace que sea argentina es la manera de tocar, más allá de quién sea el autor, porque uno tiene influencia de todas las músicas de acá. Cuando uno se va afuera se da cuenta de que tiene esa impronta -dijo-. Yo toco folclore. Que a veces suene jazzero es por el tipo de acordes que uso. Pero es folclore. Me gustan mucho los clásicos: Atahualpa, el Cuchi, Valladares, Juan Falú y otros autores tucumanos. En general veo que aquí los músicos interpretan temas de autores tucumanos. Eso está bueno".

Patio de emociones

Otra cosa que lo entusiasma y lo ayuda a querer un poco más a esa gran ciudad, es el proyecto que impulsa con otra tucumana, Cecilia Palacios. "Tenemos, junto con otra gente, una especie de centro cultural que se llama El Patio de la Margarita, en homenaje a Margarita Palacios (recordada folclorista catamarqueña), que era tía de Cecilia. Ella canta, cuenta historias y cocina, tal como lo hacía Margarita. Ahí damos talleres y hacemos lo que llamamos 'el patio', que es el lugar de juntada para los músicos. En Buenos Aires, extrañamente, esos lugares de encuentro ya no existen -lamentó-. Hay solamente lugares de espectáculos. Y en Tucumán está sucediendo algo similar, a causa de esa ley que le pone límites horarios a la noche".

Los espacios de encuentro son muy importantes para nuestra música, según sostiene Deza. El se siente afortunado de pertenecer a una generación que se juntaba muchísimo. Desde chico frecuentaba la Peña El Cardón, El Buen Gusto, La Cosechera, donde conoció a sus referentes: el Chivo Valladares, el Pato Gentilini, después Rubén Cruz, Poli Soria, y luego Lucho Hoyos, el Mono Villafañe...

"Puedo estar horas nombrando a la gente que sigue esta tradición musical -aclaró Deza-. Tal vez yo hubiera hecho otra música si no me hubiera encontrado con esa gente, hablado y tocado con ellos. Y no sólo los músicos sino también la gente de teatro, los poetas, los pintores... Ya no hay muchos lugares de encuentro".

Entre los momentos memorables que vivió en Tucumán figura también el Grupo Contemporáneo de Folclore, que integró con Lucho Hoyos, el Topo Bejerano y otros músicos.

Lejos del pago

"A la vida de Buenos Aires nunca me voy a acostumbrar -confesó Leo-. Creo que a ningún provinciano le gusta. A mí me gustan muchísimo las cosas que hago ahí. Pero ni siquiera vivo en la Capital. Hace más de un año me mudé al Tigre. Me tengo que tomar un tren y una lancha para llegar a mi casa. Todos me dicen que estoy loco, cómo me voy a vivir tan lejos ¿Cómo lejos?, les contesto. Lejos es mi pago (Tucumán)".

En primera persona
A los músicos jóvenes les falta el contacto con los mayores, afirma Deza 

"Hoy los músicos nuevos son más desprejuiciados para tocar. No se encasillan. Antes, el rockero y el folclorista no se mezclaban. Ahora sí. Lo bueno es que también tienen mayor acceso a la información, a los instrumentos, pueden tocar mejor. Cuando yo era chico había dos o tres guitarristas que tenían una Fender. Ahora cualquier chango se puede comprar un buen instrumento. Lo que quizás está faltando es ese contacto con los mayores. Hoy, por ejemplo, un chico de 20 años tiene como mayor referente a uno de 30. En cambio yo, cuando me estaba formando, me juntaba con el Chivo Valladares, que me llevaba casi 50 años. Hoy vivimos un tiempo vertiginoso, en que las cosas se van dejando atrás sin terminar de asimilarlas. A veces los alumnos me muestran un arreglo que les parece muy novedoso y yo les digo: 'Miren lo que hacía Eduardo Lagos en 1965'. No lo pueden creer. Hay toda una historia de nuestra música que todavía está velada".

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