18 Octubre 2003 Seguir en 
Luis Landriscina se ufana de ser el único humorista que no tiene apuro para hacer reír. Y es verdad. Con su estilo cansino, sus cuentos se ocupan de describir en detalle las situaciones y poner en evidencia los usos y las costumbres de nuestro pueblo. "Por eso no estoy en la televisión, porque ahí te piden 7 chistes en 3 minutos", se quejó con resignación.
Esta noche a las 22, en Villa Luján, relatará sus cuentos al público tucumano, con sus pausas y sus silencios, que provocan las risas generalizadas. Durante una conversación con los periodistas, Landriscina aseguró que como humorista sólo se permite cambiarle el ánimo a la gente. "Pero no podemos tapar los problemas que se viven. Trato de hacer reír a la mayoría; por eso no hago humor con la política, la religión ni el fútbol, que son irritativos", precisó.
Luego afirmó que los argentinos no tenemos humor. "Sí somos ocurrentes, porque somos un pueblo inteligente. Aprovechamos cualquier hecho para hacer una broma, pero nos cuesta mucho reírnos de nosotros mismos", sostuvo. Agregó que los santiagueños y los cordobeses están más cerca del humor.
Competencia
Cuando se trata de elegir, prefiere la sutileza y el absurdo, pero -aclara- sin golpes bajos. "En estos momentos en la televisión y en la radio existe una suerte de competencia para ver quién dice la palabra más gruesa y poder impactar. Y algunos pueden trabajar bien con las malas palabras, como lo hacen Enrique Pinti y Antonio Gasalla, pero la mayoría no. En realidad, me disgusta el mal gusto", dijo. De todos modos, aclaró que hay diversos caminos para hacer reír a la gente, y que todos son válidos. "Siempre digo que toda intolerancia proviene de la ignorancia. Y hay público para todos, porque a muchos les gustan los cuentos verdes y obscenos, pero lo mío es distinto; eso está claro", dijo.
Esta noche a las 22, en Villa Luján, relatará sus cuentos al público tucumano, con sus pausas y sus silencios, que provocan las risas generalizadas. Durante una conversación con los periodistas, Landriscina aseguró que como humorista sólo se permite cambiarle el ánimo a la gente. "Pero no podemos tapar los problemas que se viven. Trato de hacer reír a la mayoría; por eso no hago humor con la política, la religión ni el fútbol, que son irritativos", precisó.
Luego afirmó que los argentinos no tenemos humor. "Sí somos ocurrentes, porque somos un pueblo inteligente. Aprovechamos cualquier hecho para hacer una broma, pero nos cuesta mucho reírnos de nosotros mismos", sostuvo. Agregó que los santiagueños y los cordobeses están más cerca del humor.
Competencia
Cuando se trata de elegir, prefiere la sutileza y el absurdo, pero -aclara- sin golpes bajos. "En estos momentos en la televisión y en la radio existe una suerte de competencia para ver quién dice la palabra más gruesa y poder impactar. Y algunos pueden trabajar bien con las malas palabras, como lo hacen Enrique Pinti y Antonio Gasalla, pero la mayoría no. En realidad, me disgusta el mal gusto", dijo. De todos modos, aclaró que hay diversos caminos para hacer reír a la gente, y que todos son válidos. "Siempre digo que toda intolerancia proviene de la ignorancia. Y hay público para todos, porque a muchos les gustan los cuentos verdes y obscenos, pero lo mío es distinto; eso está claro", dijo.







