Rápidos y Furiosos 6: "Gracias a Dios por los autos rápidos"

El grupo que lidera Dom Toretto interrumpe su descanso en distintos paraísos turísticos porque el policía Hobbs los convoca; deben detener a un ex agente que está preparando un arma tecnológica temible con la que puede anular las defensas estratégicas de todo el mundo.

24 Mayo 2013
Sobre el final de la película, Roman -uno de los personajes- dice para cerrar su plegaria: "y gracias a Dios por los autos rápidos". Es exactamente lo que deben pensar los productores y los responsables de esta serie que ha llegado a su sexta entrega y que parece gozar de muy buena salud, ya que las últimas imágenes del filme sirven como una especie de prólogo de lo que se verá en el siguiente capítulo. Es que la historia del grupo que lideran Dom y Brian sigue llevando multitudes a las salas de cine de todo el planeta y, en el fondo, no es más que una serie de escenas vertebradas alrededor de autos muy rápidos (y vistosos) sin que la lógica o la credibilidad de la trama revista la menor importancia. Tampoco les inquieta a los realizadores que algún desprevenido llegue recién a la serie: los personajes no requieren mayores presentaciones y las historias que quedaron pendientes en los capítulos anteriores continúan sin necesidad de mayores actualizaciones. Es cierto que tampoco hace falta porque, a través de las entregas anteriores, casi la totalidad de los espectadores está absolutamente familiarizada con los personajes y las situaciones que se muestran en la pantalla.

¿Por qué podemos decir que es una muy buena película? Porque a pesar de las debilidades (en muchos casos, las ridiculeces) de la trama, el aspecto visual y la excelencia de los efectos especiales capturan la atención de los espectadores y redondean un espectáculo deslumbrante y muy entretenido a lo largo de las más de dos horas de proyección. La creatividad de los realizadores no deja de sorprender: después de lo que parece el final de la película, donde se ve una persecución entre los famosos autos y ¡un tanque de guerra! por una autopista, parece que ya no hay margen para la sorpresa. Entonces, si, se desarrolla la última media hora del filme, con un remate que parece insuperable. Aunque uno se pregunte (y no hay que hacerlo) cuántos kilómetros mide la pista de aterrizaje en la que tiene lugar la secuencia.

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