El mago Roy Horn nadaba con sus tigres

El artista estaba orgulloso de sus animales, hasta que uno de ellos lo dejó en el umbral de la muerte.

12 Octubre 2003
LAS VEGAS, Nevada.? Los tigres blancos fueron la pasión de Roy Horn durante casi 40 años, hasta que la semana pasada uno de ellos lo dejó en el umbral de la muerte. El mago invertía buena parte de su tiempo, energía y dinero en los animales que han asombrado a millones de espectadores desde 1966.
Horn y su socio, Siegfried Fischbacher, hicieron acopio de 63 inusuales tigres y leones blancos, fueron testigos del nacimiento de muchos de ellos. "La primera voz que oyen es la mía, el primer tacto que sienten es el mío, el primer rostro humano que ven es el mío", reveló Horn en una entrevista a fines de 2000. "Sólo piensan que soy un tigre extraño que camina en dos patas".
Sin embargo, hace diez días, una de las bestias imprevistamente lo atacó en el hotel casino Mirage. Como lo había hecho miles de veces, Horn salió al escenario acompañado de Montecore, un tigre blanco de 7 años que había aparecido en el programa desde los 6 meses. El mago ordenó a Montecore que se tendiera, pero en cambio le atrapó el brazo. Horn golpeó al tigre con el micrófono para que lo soltara, pero el animal se le abalanzó al cuello y lo arrastró hasta que los auxiliares redujeron a la bestia con un extintor de incendio.
El mago se enorgullecía de conocer a sus animales y de que éstos lo conocieran. En más de 40 años de trabajo nunca había sido lastimado por las bestias. "Siegfried y yo pasamos todo con nuestros animales. Los observamos, les hablamos, caminamos junto con ellos, nadamos con ellos, meditamos juntos. Cuando un animal te brinda su confianza, uno siente haber recibido el regalo más preciado del mundo". Horn dijo que sea cual fuere la situación en que se encontrara con sus animales, "siempre trato de pensar como ellos".

Mordió a Sahra
Una sola vez se puso a prueba esa relación, dijo en la entrevista de 2000. Estaba jugando a las escondidas, como solía, con una tigresa siberiana llamada Sahra. "Después de rodar juntos por el césped, súbitamente se me puso encima y me apresó", recordó. "Nos miramos a los ojos y me di cuenta de que ella no estaba jugando, que estaba por morderme", agregó. (Especial)

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