Cuando hablan muchos, algunos tienen que escuchar

19 Abr 2013 Por Federico Diego van Mameren
En 1990, hace poco tiempo (en la historia como en el tango 20 años no es nada) hubo una plaza del sí y una plaza del no. Hace menos tiempo, a fines de 2001 y en 2002, hubo una espantosa comunión social en el "que se vayan todos". Anoche por tercera vez en menos de un año se llenaron las calles con marchas. Ayer se centró en un rechazo a determinadas acciones y modos de gobierno. No se plantearon cuestiones destituyentes; hombres y mujeres que simpatizan tanto con la derecha como con la izquierda pusieron el cuerpo para señalar cuestiones que no gustan, que incomodan institucionalmente.
Estas multitudes debieran servir para pensar, para repensar, para estudiar, para revisar. No deberían admitir ni maniqueísmos ni simplezas de relatos. No es la oposición contra el gobierno ni la corpo contra lo nacional y popular. Esos reduccionismos desunen. Es el señalamiento de que hay tornillos sueltos.
Como en todo hay extremos y ahí entra a tallar la responsabilidad de los dirigentes para que la política ponga el quicio a la vida pública. No se pueden ignorar que ni el oficialismo ni los dirigentes de la oposición pueden convocar tanta gente por eso es importante que de un lado y del otro tengan la madurez suficiente para interpretar los mensajes y construir, en consecuencia.

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