Duras lecciones que no se olvidan

Federico Türpe
Por Federico Türpe 19 Abril 2013
Un día el papá sorprendió a todos al llegar a casa con una pecera repleta de pececitos de agua caliente. Quería transmitirle al hijo su pasión por los peces. "Vos vas a ser el encargado de darles de comer, mantener su casita limpia y el agua tibia", le dijo el padre al niño y le entregó una red, alimento, un aireador y un calentador. Los primeros días fueron para el niño un poco complicados, pero siempre estaba el padre cerca para enseñarle a hacer las cosas. En unas semanas el niño ya creía dominar el oficio y saber lo que los peces necesitaban con sólo mirarlos unos segundos. Estaba feliz, exultante. No eran sus juguetes ni sus soldaditos, estos eran peces de verdad, seres vivos que dependían de él y que, con algunos llamativos movimientos en el agua, ellos también le expresaban su felicidad.

Hasta que un día la alegría se terminó. El niño fue a ver a sus peces y los encontró afuera de la pecera, desparramados, todos muertos. El golpe fue durísimo. El más fuerte que había vivido en sus pocos años de vida. Estaba muy confundido porque en sus sentimientos se mezclaban el dolor y la incomprensión. ¿Quién habría sido capaz de hacer algo tan horrible? Más tarde llegó su padre y el niño llorando corrió a abrazarlo. El papá fue a ver la pecera, la miró un rato, la tocó, acarició los peces y luego, tomándolo de las manos, le dijo: "te olvidaste de apagar el calentador, el agua está casi hirviendo y los peces saltaron porque se estaban quemando". -Pero papá, ¿ellos no sabían que si saltaban del agua se iban a morir?, preguntó el niño sollozando. -Es probable que sí -respondió el padre-, pero prefirieron morir sin dolor.

De esa terrible experiencia, el niño, hoy ya un hombre, aprendió dos cosas que nunca olvidaría. Que los hechos no siempre ocurren como suponemos en un primer momento, porque el dolor y el shock no nos dejan razonar con claridad, y que cuidar de alguien no siempre es asistirlo sólo cuando pide ayuda, sino también cuando no la pide.

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