08 Octubre 2003 Seguir en 
Buenos Aires.- Eternamente joven, eternamente bella, eternamente actual, la señora Mirtha Legrand fue homenajeada ayer por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad en mérito a su vasta trayectoria, en un acto que reunió a funcionarios y personalidades del espectáculo en la sala del teatro Alvear.
La imagen de Mirtha Legrand fue creciendo, rodeada de misterio, a lo largo de los años, hasta convertirse en un ícono y dejó a la persona.
El 27 de febrero de 1927, hijas de padres españoles, nacían en Villa Cañás (Santa Fe) Rosa María y María Aurelia Martínez Suárez, quienes serían más tarde conocidas en el mundo del espectáculo como Mirtha y Silvia Legrand respectivamente.
La vida de las mellizas se deslizó en sus primeros años bajo la mirada complaciente de los vecinos, en la anónima placidez de un pueblo, hasta que la muerte del padre, cuando sólo tenían nueve años, cambió el rumbo de sus existencias. Tres años después viajaron con su madre a la ciudad de Buenos Aires y, a poco de su llegada, empezó una carrera espectacular, siempre subrayada por el éxito y sostenida por más de seis décadas. Antes de los 15 años Mirtha había filmado seis películas (de las que protagonizó cuatro), era la figura radial más popular y su rostro había sido tapa de la revista "Radiolandia". En 1945, cuando filmaba "Cinco besos", dirigida por Luis Savlasky, conoció a Daniel Tinayre, cineasta que se casaría con ella poco después y se convertiría en su Pigmalión, el que forjaría a la estrella que aún hoy sigue brillando. Tanto brillo a la manera de Hollywood tuvo sus claroscuros con críticas adversas a su ciclo "Almorzando con Mirtha Legrand", que lleva ya 36 años en el aire. A lo largo de los años, Mirtha (Chiqui para algunos) buscó proteger celosamente su vida personal de la exposición pública.
Hasta hace poco, el público sólo había sido testigo de sus éxitos. Recién en los últimos tiempos quedaron expuestas las facetas que marcan la condición humana de Legrand: las fatigas de la vida, los fracasos, los sinsabores que a veces depara la vida familiar. (Télam)
La imagen de Mirtha Legrand fue creciendo, rodeada de misterio, a lo largo de los años, hasta convertirse en un ícono y dejó a la persona.
El 27 de febrero de 1927, hijas de padres españoles, nacían en Villa Cañás (Santa Fe) Rosa María y María Aurelia Martínez Suárez, quienes serían más tarde conocidas en el mundo del espectáculo como Mirtha y Silvia Legrand respectivamente.
La vida de las mellizas se deslizó en sus primeros años bajo la mirada complaciente de los vecinos, en la anónima placidez de un pueblo, hasta que la muerte del padre, cuando sólo tenían nueve años, cambió el rumbo de sus existencias. Tres años después viajaron con su madre a la ciudad de Buenos Aires y, a poco de su llegada, empezó una carrera espectacular, siempre subrayada por el éxito y sostenida por más de seis décadas. Antes de los 15 años Mirtha había filmado seis películas (de las que protagonizó cuatro), era la figura radial más popular y su rostro había sido tapa de la revista "Radiolandia". En 1945, cuando filmaba "Cinco besos", dirigida por Luis Savlasky, conoció a Daniel Tinayre, cineasta que se casaría con ella poco después y se convertiría en su Pigmalión, el que forjaría a la estrella que aún hoy sigue brillando. Tanto brillo a la manera de Hollywood tuvo sus claroscuros con críticas adversas a su ciclo "Almorzando con Mirtha Legrand", que lleva ya 36 años en el aire. A lo largo de los años, Mirtha (Chiqui para algunos) buscó proteger celosamente su vida personal de la exposición pública.
Hasta hace poco, el público sólo había sido testigo de sus éxitos. Recién en los últimos tiempos quedaron expuestas las facetas que marcan la condición humana de Legrand: las fatigas de la vida, los fracasos, los sinsabores que a veces depara la vida familiar. (Télam)







