Condenaron a 25 años de prisión al hombre que asesinó a golpes a su hijastra

La pena se aplicó por homicidio simple y los jueces ordenaron que la fiscalía de turno investigue si hubo tentativa de abuso sexual. Un médico de la Policía constató más de 15 heridas en el cuerpo de la niña, lo que confirmó el maltrato infantil

A LA CELDA. Sin poder levantar la mirada, Bruno Guerrero es trasladado por la guardia de tribunales a un móvil de la Policía que lo llevó a la cárcel.  A LA CELDA. Sin poder levantar la mirada, Bruno Guerrero es trasladado por la guardia de tribunales a un móvil de la Policía que lo llevó a la cárcel.
26 Marzo 2013
A Micaela la recuerdan siempre sonriente, ocurrente. Una niña de cuatro años que se desvivía por cuidar a su hermanito Simón. Myriam, su abuela, asegura que desde noviembre de 2010, cuando su hija comenzó a convivir con Bruno Guerrero, esa alegría que la caracterizaba se fue desvaneciendo. El 2 de febrero de 2011, ocurrió lo peor. El hombre la golpeó de tal manera que la pequeña murió cuatro días más tarde. Ayer, el agresor fue condenado a 25 años de prisión por el homicidio.

Cuando tenía 16 años, Lucila quedó embarazada. El padre no quiso hacerse cargo y la adolescente, con la ayuda de su madre, tuvo a Micaela y terminó el secundario. En 2009, empezó una relación con Bruno Guerrero, quien tenía 18 años.

Ambos se conocieron en el restaurante de Yerba Buena en el que trabajaban. A los dos meses de haberse puesto de novios, Guerrero fue detenido, acusado de haber abusado de un adolescente. La relación continuó con él tras las rejas. Allí fue concebido Simón.

Tanto Lucila (su nombre completo se preserva porque habría sido víctima de violencia de género) como Guerrero, admitieron que se llevaban mal con sus suegros. El joven recuperó la libertad a fines de septiembre de 2010, y desde el 1 de noviembre se mudó con Lucila, Micaela y Simón a una casa ubicada en Lamadrid 3.597.

Los golpes

Fue desde ese momento en el que Micaela comenzó a "caerse seguido", según declararon en el juicio oral la madre y la abuela de la pequeña. Por eso la fiscala de Cámara Juana Prieto de Sólimo, cuando pidió prisión perpetua para Guerrero, manifestó que fueron tres meses de terror los que vivió la niña.

Por las mañanas Lucila trabajaba. Los niños quedaban a cargo de Guerrero. En esos horarios Micaela "se resbaló en el baño al salir de la bañera" y le quedó la rejilla marcada en la cola, "se cayó de la cama al saltar" o "se golpeó el estómago al salir de una pileta en La Rinconada", de acuerdo a las explicaciones que el hombre le daba a su pareja.

Cada vez que la llevaron a los hospitales, los médicos no creyeron ver signos de violencia. Sin embargo, el médico de Policía Hugo López dijo que las más de 15 lesiones que encontró en el cuerpo de Micaela no se podrían haber producido por caídas, y que la menor presentaba "Síndrome de Maltrato Infantil".

El fatídico día


La mañana del 2 de febrero de 2011, Lucila se fue a trabajar a las 8.30. Guerrero fue a la panadería, invitó a su madre a almorzar y compró una caja con ravioles. Pero lo que pasó con exactitud hasta las 12.45, cuando el hombre salió corriendo de la casa con Micaela en sus brazos, aún es un misterio. El acusado dijo durante el debate oral que la empujó porque la niña le tironeaba los pantalones, y que ella cayó de frente contra el piso.

Dos años atrás, apenas sucedió el hecho, había inventado la versión de un robo, en el que uno de los ladrones le asestó un golpe con un arma de fuego a la pequeña. Más tarde había cambiado la versión diciendo que había sido con el mango de un cuchillo.

Luego de la declaración de Guerrero, el defensor Oficial Hernán Molina había pedido que lo condenaran por homicidio preterintencional, ya que tuvo la intención de lastimar a Micaela, pero no de matarla. "El medio utilizado no debía razonablemente ocasionar la muerte", dice el artículo del Código Penal sobre este delito, citado por Molina.

Prieto de Sólimo rebatió este argumento. "Ese puño es un arma letal para un niño de cuatro años. Sabía que la podía matar con un golpe de esa magnitud", afirmó la fiscala. También sostuvo que Guerrero habría intentado abusar de Micaela.

Al decir sus últimas palabras ante el tribunal, Guerrero pidió que le den una oportunidad. "No tuve la intención", repitió, como en sus declaraciones anteriores, y pidió asistencia psicológica en la cárcel.

Finalmente, los jueces de la sala III de la Cámara Penal (Carlos Caramuti, Analía Castillo de Ayusa y Dante Ibáñez) condenaron al joven a 25 años de prisión por homicidio simple. Los delitos de amenazas coactivas y tentativa de abuso sexual serán investigados por la fiscalía de Instrucción de turno, según la sentencia.

Guerrero, luego del fallo, estiró los brazos hacia adelante como se lo ordenó un policía, para que le pusieran las esposas. Caminó con la cabeza gacha hasta un móvil que lo llevó al penal de Villa Urquiza.

Un llamado de atención.- Al salir de la sala de juicio, Myriam, la abuela de Micaela, dijo que era un llamado de atención para los médicos del sistema público de salud. "Tres días antes de este hecho mi hija la llevó al hospital. Yo la llevé a fines de diciembre al Carrillo. Si los médicos hubieran prestado atención, Micaela estaría viva", fueron las breves palabras de la mujer. "Sólo espero que se cumplan efectivamente los 25 años", agregó.

Su hermana estuvo en silencio.- Dos mujeres acompañaron siempre a Bruno Guerrero: su madre y una de sus hermanas. Pero cada vez que el acusado declaró, ninguna estuvo presente. Ayer a la tarde sólo estaba su hermana, acompañada por un hombre. En silencio escuchó la condena contra el padrastro de Micaela.

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