Me enamoré de una bruja

En la tranquila población de Gatlin pocas cosas encuentra el joven Ethan para entusiasmarse. Mientras espera el momento de entrar a la universidad para alejarse del pueblito, conoce a Lena, una enigmática muchacha que lo cautiva pero que esconde más de un secreto.

23 Febrero 2013
Desde hace ya bastante tiempo Hollywood padece una sequía alarmante de ideas originales para sus películas; es por eso que se precipita con avidez sobre nuevas versiones de viejos filmes, adaptaciones de productos de filmografías extranjeras, series televisivas capaces de despertar la nostalgia y, sobre todo, sobre éxitos editoriales con buena aceptación entre el público juvenil. Y si la historia en cuestión pertenece a una saga de varios volúmenes, el filón resulta irresistible. Por eso, los productores de este filme se lanzaron a la realización de esta versión de la primera de cuatro novelas de las autoras Kami García y Margaret Stohl que, desde su edición a fines de la década pasada, ha mostrado excelentes cifras de venta y de aceptación entre los adolescentes.

Emparentada por este motivo con la recién concluida saga de "Crepúsculo" y con la hasta ahora muy exitosa serie de "Los juegos del hambre", este filme abre lo que será sin dudas al menos una trilogía sobre amores complejos entre jovencitos humanos y brujas (perdón, "casters") inmortales, adornado con reflexiones más o menos profundas sobre el bien y el mal, la luz y la oscuridad y otras antinomias.

Si bien el esquema luce archiconocido, es cierto que el tratamiento cinematográfico es más que aceptable; la pareja de protagonistas salva sin problemas sus roles y resulta bien apuntalada por los adultos que completan el elenco (algo acartonado Jeremy Irons, siempre excelente Viola Davis y simpáticamente zafada Emma Thompson). La fotografía es excelente, los efectos especiales convencen y el ritmo narrativo está bien administrado, con algunos toques de humor que no van a quedar en la historia del cine pero que ayudan a distender el clima. Por lo demás, esta historia de amores imposibles que la literatura dramática ha transitado desde "Romeo y Julieta" hasta "Pobre diabla" (pregúntenle a alguien de más de 45 años si no conocen este último título) no encuentra en esta exposición matices particularmente novedosos.

Las posteriores entregas de la saga dirán si fue o no un acierto comercial; este primer capítulo muestra buena factura y pocas novedades, pero eso poco tiene que ver con el éxito en las boleterías, que es lo que realmente les importa a los productores.

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