Hay un sector de la redacción donde el aire acondicionado parece un rayo del Capitán Frío de Batman: congela a los periodistas, que piden que se apague el viento helado. Pero a pocos metros hay sensaciones opuestas. "Afuera está el infierno. Acabo de pasar por el parque. Ni pajaritos había", describió uno de los defensores de poner la redacción a cero grado. Eran las 3 de la tarde y el choque de intereses amenazaba con generar cierta tensión. Hasta que se abrió una de las puertas que da al balcón e hizo advertir que afuera un viento salvaje presagiaba un temporal. Los contendientes olvidaron su desacuerdo y lo transformaron en inquietud periodística: ¿dónde irá la información de la tormenta? ¿Y si hay percances fuertes con el agua, como en Córdoba?, preguntaron. Un cronista se preparó para seguir lo que pudiera ocurrir, pero no hubo ningún desastre, sino una deliciosa baja de la temperatura, que no era tema para la tapa: apenas quedó reflejada en la página 3 de TUcumanos.
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