Sus cuadros muestran al mundo el "Tucumán que no vive en el asfalto"

Vivió en Roma y París, pero se asentó en El Sifón porque su obra "narra" la vida en los arrabales tucumanos.

RETRATOS DE BARRIO. Amigos, asadito, pan y vino (arriba), Paco y El Cumple de Morena (ambos al pie de la página), imágenes que reflejan la cotidianidad convertida en un universo mágico. Fueron pintadas con óleo sobre tela excepto Paco, realizada con carbón sobre tela. LA GACETA / FOTO DE ALVARO MEDINA RETRATOS DE BARRIO. "Amigos, asadito, pan y vino" (arriba), "Paco" y "El Cumple de Morena" (ambos al pie de la página), imágenes que reflejan la cotidianidad convertida en un universo mágico. Fueron pintadas con óleo sobre tela excepto "Paco", realizada con carbón sobre tela. LA GACETA / FOTO DE ALVARO MEDINA
Álvaro Medina
Por Álvaro Medina 17 Febrero 2013

"Nací en una familia humilde -relata el pintor Víctor Quiroga, de 58 años-. Conozco la situación de la gente que pasa muchas necesidades. Por eso decidí, desde el principio, plantearme una obra de contenido social, ya sea de denuncia o de compromiso con la identidad". Mientras habla, las retinas parecen llenársele de baldíos, descampados y calles de tierra invadidas por pandillas de niños jugando en las siestas; es decir, su alma se remonta a los años 60 en Villa Alem, su vecindario de origen.

Abiertas las compuertas del pasado, Quiroga recuerda la pared en la que una familia de letristas estampaba un mural para saludar a la comunidad durante las fiestas de fin de año. "Felicidades, vecinos", rezaba el muro saturado de caricaturas y acrílicos. Aunque no se sabe cómo nace una vocación ni qué experiencias definen la vida de un hombre, Quiroga afirma que sintió, con entonces seis años, que esa pared hermanaba sus dos universos: el arte y el barrio.

El mundo
Siempre con el firme propósito de ingresar a la Facultad de Artes, Quiroga trabajó desde los 11 años para pagarse el secundario. Luego, apenas iniciada la carrera, en 1976, consiguió una beca para mostrar su producción en Roma, donde residió 12 meses. En 1984 se estableció en París: allí vivió durante ocho años y se consolidó definitivamente como artista internacional. En esta ciudad tuvo la posibilidad de vincularse con intelectuales y artistas reconocidos, como Atahualpa Yupanqui

Los cuadros de Quiroga recorrieron el mundo exponiendo su mirada sobre la periferia urbana y rural de Tucumán. "Mis pinturas son historias de una parte de la sociedad que no vive en el asfalto -precisa-. Yo mismo sufrí la miseria y el hambre, pero, para rozar la marginalidad, la tristeza y la impotencia de la gente, hay que buscar cierta altura, evitar caer en la mirada piadosa, intentar darle la verdadera dimensión que esa vida tiene".

El artista dice que hace "realismo telúrico". Asados entre amigos; riñas de gallos; niños jugando en una calesita; fiestas gauchas; la vida alrededor de la mesa y otras escenas cotidianas alimentan el contenido de su obra. Estas situaciones tan comunes (en Tucumán) configuran un mundo mágico, exótico y lejano para observadores de otras latitudes. "Los viajes que hice me enseñaron a ser profesional, me permitieron vivir de esto; producir, vender y, de ese modo, contar de dónde vengo y quién soy", comenta el plástico.

El barrio
La obra de Quiroga es muy demandada y reconocida. Pese a esa proyección, y salvo por su estadía en Italia y Francia, él prefirió constituir su hogar en la periferia -no privilegiada- de San Miguel de Tucumán. 

"No me imagino viviendo en otro tipo de lugar. Jamás me sentiría cómodo en Yerba Buena, por ejemplo", confiesa. Asegura que siempre mantuvo el perfil bajo y que eventualmente algún vecino se entera de su trabajo por los medios de comunicación. "Habías sabido ser famoso vos", le dicen en broma los del barrio. Durante muchos años, Quiroga vivió en El Sifón, en uno de los suburbios más estigmatizados por tragedias sociales como la delincuencia y las adicciones. "Conozco bien este lugar: la droga hizo estragos. Es un tema jodido y lo viví en carne propia porque afectó a mi propia familia", admite.

Otra dimensión
Quiroga cree que la obra de arte es un mero objeto de decoración destinado a adornar la pared de un museo o de alguien que la pudo comprar. "El compromiso del artista está en aprovechar ese muro para mandar un mensaje", añade. 

Cree también que muchas veces ese mensaje no llega con la fuerza esperada y que, por otro lado, los protagonistas de sus producciones, los -anónimos- habitantes de la periferia, no tienen acceso a ellas. Con confianza, Quiroga concluye: "uno, como un personaje más dentro del engranaje que trata de cambiar algo, debe pensar que su aporte cobrará otra dimensión en el futuro porque el cambio es progresivo y la obra de arte, tarde o temprano, abre ojos".

TECNICAS
En la mayoría de sus obras, Quiroga utiliza la técnica de óleo sobre tela. Produjo también dibujos en papel con técnica mixta, grabados en chapa y escultura en bronce. 

AMISTADES
Conoció a grandes artistas como Antonio Seguí, Felipe Noé y Carlos Alonso. De París, recuerda un domingo en el que Atahualpa Yupanqui lo esperó en el subte para conducirlo hasta su departamento, donde compartieron un almuerzo. El pollo al horno y un "vinito ya empezado" sirvieron de marco a un consejo del músico y poeta: "lea mucho amigo -repetía Yupanqui-, apague tarde la vela".

MUESTRAS INTERNACIONALES
Los cuadros de Quiroga intervinieron en más de 80 exposiciones individuales y colectivas en Italia, Francia, Polonia, Suiza, Alemania, Holanda, Estados Unidos, entre otros países. 

PREMIOS
Obtuvo gran cantidad de galardones, entre ellos, los premios Braque y Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; la beca de perfeccionamiento del Gobierno de Francia; los primeros premios del XL Salón Municipal de Artes Plásticas de Buenos Aires, del III Salón Regional de Pintura del NOA y de la Fundación Santiago del Estero.


Publicidad
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios