Hace un tiempo recibimos un correo de un colega de España donde reflexionaba sobre el escandaloso nivel de agravios y de violencia que dominan los foros de los diarios y de la redes sociales de Argentina y, en particular, de Tucumán. Decía que si bien en Europa hay temas sensibles que también desatan la furia de los ciudadanos en internet, esto ocurre con asuntos excepcionales (no olvidemos la profunda crisis que castiga al viejo continente) y que aún así los que insultan siempre son una minoría.
En su misiva razonaba que ha visto a la Argentina atravesar profundas crisis y también excelentes momentos, pero que la violencia verbal y el disconformismo son siempre constantes y abrumadoramente mayoritarios.
Este colega español no nos decía nada nuevo. La calumnia, la injuria y la xenofobia son uno de los problemas más serios que enfrentan hoy los medios de comunicación argentinos. Agresiones virtuales que derivan en cartas documento, amenazas y descalificaciones permanentes contra periodistas. Pero no sólo los comunicadores soportan la vehemencia gratuita de una horda amparada, en general, en el anonimato -la más cobarde de las censuras-, sino cualquier persona que haga o diga algo y sea noticia. Políticos, actores, músicos, sindicalistas, escritores, empresarios, investigadores, deportistas, religiosos o simples ciudadanos que han trascendido en los medios porque han realizado algo distinto: todos por igual son blanco de la desacreditación y la burla de un anónimo que vuelca su frustración sobre las acciones de los otros.
Este correo fue sólo un disparador para repensar la metáfora del baño público que siempre se utiliza para reflexionar sobre las redes sociales. Los foros son como un baño público en donde la mayoría hace sus necesidades en cualquier parte, tira los papeles en el piso, no limpia lo que ensucia y rompe las instalaciones. Entonces, cuando una persona educada y civilizada quiere usarlo no puede porque da asco. Esto es perfectamente trasladable al uso de la "cosa pública" en general. Recientemente, LA GACETA publicó una serie de informes sobre los basurales a cielo abierto que abundan por toda la provincia. Más allá de que algunos municipios cumplen en tiempo y forma con la limpieza y otros no lo hacen, los informes publicados en TUcumanos daban cuenta de que el principal problema somos nosotros mismos: basural que se erradicaba volvía a surgir de la nada en menos de 24 horas. Carecemos de educación sobre el uso de la "cosa pública". En vez de pensar que es de todos, la mayoría supone que es de nadie. Todo lo que es público y gratuito en Argentina, y más en Tucumán, es ensuciado, destruido, robado y sometido a todo tipo de excesos. Nos apropiamos de lo que es gratis hasta el hartazgo aunque no lo necesitemos. Desde el funcionario que utiliza el dinero público como si fuera propio hasta quien destruye un banco de una plaza, sin pensar que él mismo después no tendrá un lugar para sentarse. Un legislador respondió en enero que él revelaría cuánto dinero recibe para gastos sociales cuando el periodista le dijera lo que ganaba, sin comprender que un sueldo privado es de quien lo trabaja, pero los fondos del Estado son de todos y por ello están obligados a rendir cuentas.
Entonces, no podemos pretender que los foros sean espacios donde se generen un respetuoso intercambio de ideas y un debate constructivo, si en nuestra naturaleza está destruir y abusar de todo lo que es libre y gratuito. Quienes tienen la fortuna de conocer otras ciudades de Argentina y del mundo saben que la capital tucumana es una de las más sucias del país. Eso es lo que somos y por lo tanto es lo que merecemos.
En su misiva razonaba que ha visto a la Argentina atravesar profundas crisis y también excelentes momentos, pero que la violencia verbal y el disconformismo son siempre constantes y abrumadoramente mayoritarios.
Este colega español no nos decía nada nuevo. La calumnia, la injuria y la xenofobia son uno de los problemas más serios que enfrentan hoy los medios de comunicación argentinos. Agresiones virtuales que derivan en cartas documento, amenazas y descalificaciones permanentes contra periodistas. Pero no sólo los comunicadores soportan la vehemencia gratuita de una horda amparada, en general, en el anonimato -la más cobarde de las censuras-, sino cualquier persona que haga o diga algo y sea noticia. Políticos, actores, músicos, sindicalistas, escritores, empresarios, investigadores, deportistas, religiosos o simples ciudadanos que han trascendido en los medios porque han realizado algo distinto: todos por igual son blanco de la desacreditación y la burla de un anónimo que vuelca su frustración sobre las acciones de los otros.
Este correo fue sólo un disparador para repensar la metáfora del baño público que siempre se utiliza para reflexionar sobre las redes sociales. Los foros son como un baño público en donde la mayoría hace sus necesidades en cualquier parte, tira los papeles en el piso, no limpia lo que ensucia y rompe las instalaciones. Entonces, cuando una persona educada y civilizada quiere usarlo no puede porque da asco. Esto es perfectamente trasladable al uso de la "cosa pública" en general. Recientemente, LA GACETA publicó una serie de informes sobre los basurales a cielo abierto que abundan por toda la provincia. Más allá de que algunos municipios cumplen en tiempo y forma con la limpieza y otros no lo hacen, los informes publicados en TUcumanos daban cuenta de que el principal problema somos nosotros mismos: basural que se erradicaba volvía a surgir de la nada en menos de 24 horas. Carecemos de educación sobre el uso de la "cosa pública". En vez de pensar que es de todos, la mayoría supone que es de nadie. Todo lo que es público y gratuito en Argentina, y más en Tucumán, es ensuciado, destruido, robado y sometido a todo tipo de excesos. Nos apropiamos de lo que es gratis hasta el hartazgo aunque no lo necesitemos. Desde el funcionario que utiliza el dinero público como si fuera propio hasta quien destruye un banco de una plaza, sin pensar que él mismo después no tendrá un lugar para sentarse. Un legislador respondió en enero que él revelaría cuánto dinero recibe para gastos sociales cuando el periodista le dijera lo que ganaba, sin comprender que un sueldo privado es de quien lo trabaja, pero los fondos del Estado son de todos y por ello están obligados a rendir cuentas.
Entonces, no podemos pretender que los foros sean espacios donde se generen un respetuoso intercambio de ideas y un debate constructivo, si en nuestra naturaleza está destruir y abusar de todo lo que es libre y gratuito. Quienes tienen la fortuna de conocer otras ciudades de Argentina y del mundo saben que la capital tucumana es una de las más sucias del país. Eso es lo que somos y por lo tanto es lo que merecemos.
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