Juan Pablo Durán
Por Juan Pablo Durán 14 Febrero 2013
A la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich, se le bifurcó inesperadamente el camino. La encrucijada es inminente. El memorándum que ingresó al Congreso para lograr un entendimiento con Irán por el atentado a la AMIA la colocó al borde de un abismo. Hacia adelante, la nada misma. Hacia los costados, dos senderos. Cada uno muestra un cartel distinto. En el primero está escrita la palabra "Religión". En el segundo se puede leer claramente el vocablo "Política".

En cuestión de horas, la secretaria general del PJ tucumano deberá tomar una de las decisiones - quizás- más trascendentales de su vida. El reloj de arena quedó boca abajo y las partículas de silicio comienzan a caer velozmente. Betty deberá colocar en cada platillo de su báscula de valores aquello que considera más importante: su convicción religiosa, apoyada en la milenaria tradición judía que corre por su venas, o la convicción política, mensurada por los 10 años de fidelidad K que supo entregar junto con su esposo, José Alperovich. Dogma o doctrina, ¿será esa la cuestión?

No obstante, y más allá de las especulaciones, su decisión tendrá rostro de esfinge griega, aquella que ponía en un brete a los viajeros con difíciles acertijos. Porque cualquiera sea su elección, Betty obtendrá consecuencias poco satisfactorias.

Si opta por apoyar el memorándum, Rojkés quedará mal parada entre sus pares de la comunidad judía. Seguramente será colocada en la picota por las entidades como la AMIA y DAIA que repudian el convenio con el régimen de Teherán, cuyo presidente niega la existencia del Holocausto. Si, en cambio, decide pronunciarse en contra del acuerdo con Irán, la senadora nacional dilapidará su relación con el poder gobernante que supo construir a lo largo de estos años. El efecto inmediato podría desencadenar en la pérdida de la presidencia subrogante del Senado, actualmente codiciada por el ultra K, Marcelo Fuentes. Si resuelve abstenerse en la votación o ausentarse, Betty deberá dar explicaciones a los dos sectores.

En diciembre de 2011, durante los días previos a su designación como tercera autoridad del país, Rojkés se encargó de enviar mensajes a dos destinatarios diferentes. El primero fue de tinte político y estuvo dirigido al corazón del kirchnerismo, en señal de agradecimiento. "Ofrecemos incondicionalidad", afirmó. El segundo fue religioso, y trasladado hacia la comunidad judía. "Hay que ser mucho más enérgicos con Irán, a raíz de la imputación de varios de sus ciudadanos en el atentado a la AMIA", había declarado la primera dama tucumana al portal del noticias de la colectividad, denominado Prensa Judía (http://www.prensajudia.com/shop/detallenot.asp?notid=26916 ). La senadora también cuestionó, en ese mismo reportaje, que el régimen de Teherán se inmiscuyera en el Mercosur. "La invasión de Irán en el bloque del Mercosur, significa que Irán esté pagando en Bolivia y en Venezuela a universidades y medios de comunicación. Mi opinión ha sido fuerte y contundente y sin duda nos debe preocupar no sólo como judíos sino también como argentinos, más teniendo en cuenta lo vivido con el atentado a la AMIA", había fundamentado Rojkés. Sólo ella y sus más íntimos saben si optará por seguir siéndole fiel a Cristina o por sus principios teológicos. Aunque ayer, la senadora ya se encargó de enviar la primera señal: no tuvo una participación activa en el debate que protagonizaron sus pares de la Cámara Alta para avanzar en el cuestionado memorándum. El reloj sigue marcando el paso del tiempo y cada vez queda menos arena en el receptáculo superior.

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