Cada mes de marzo, miles de mamás y papás emocionados llegan con sus hijos de entre 45 días y cuatro años a cualquiera de los jardincitos maternales que se ofrecen en Tucumán, y se despiden del niño hasta la hora de salida.
Este año, conocida la película de terror protagonizada por el "jardincito Tribilín" en la provincia de Buenos Aires, la emoción se convierte en miedo. Más que nunca, irrumpe el lugar común de "ojos que no ven, corazón que no siente". Ahora, después del caso "Tribilín", los ojos ven y el corazón siente. En Tucumán, como en casi todas las provincias argentinas, la educación en la primera infancia es un negocio privado, casi sin control del Estado. La propia directora de Nivel Inicial de Tucumán, Patricia Tauber, reconoció hace unos días a LA GACETA que hasta 2010, habilitar un jardín maternal era resorte de Comercio, pero no del Ministerio de Educación. Recién en 2011 se firmó en Tucumán el decreto Nº 255, que regula la apertura de los jardines materno-infantiles. Si bien las autoridades reconocen que hay 200 expedientes en trámite en los que se pide autorización para funcionar, también advierten que hasta ahora sólo hay cuatro jardines maternales con número de registro y habilitación municipal.
Como le dijo a LA GACETA Axel Rivas, investigador en educación en el Cippec y autor del libro electrónico "Viajes al futuro de la educación", lo que pasó con "Tribilín" habla de un gran descontrol en el sistema educativo. "Los sistemas educativos han crecido mucho, y a veces el Estado no llega a estar presente. Es un llamado a la reflexión acerca de cómo el Estado tiene que controlar, sobre todo a un sector que había quedado en un marco legal endeble como es el de la primera infancia", advierte el investigador.
En el libro electrónico que fue la "excusa" para una entrevista que se publicó ayer en LA GACETA (leer online en www.cippec.org/viajesal futuro de la educacion), la travesía de Rivas arranca, precisamente, en el mundo de un niño de tres años. "Un alumno que ingresa en 2013 a la sala de 3 años, egresará de la escuela secundaria en 2028. ¿Cómo será ese mundo?", se pregunta el experto. Difícil para un adulto imaginar ese futuro de otro, que ya no será suyo. Sin embargo, es el desafío de los "planificadores" de la educación. ¿Cómo saber qué es lo que hay que enseñar hoy, si ese horizonte es hoy inimaginable? Más que enseñar contenidos, hay que enseñar a pensar, se responde el experto de Cippec. Y la invitación, desafiante, tiene su correlato en la práctica: Rivas le ofrece al lector/navegador un sinfín de ejemplos que ilustran que es posible cumplir, de alguna manera, con ese manifiesto futurista para la educación; y apostar a que "la escuela" le servirá a ese chico de tres años que en menos de un mes, cuando cruce el umbral de algún "jardincito" y se suelte de los brazos de sus padres, habrá empezado un ciclo iniciático que, por lo menos hasta el presente, concluirá cuando cumpla los 18, con el diploma del secundario.
Como una de las mayores riquezas de estos tiempos que corren es internet, de nada vale sintetizar lo que plantea Rivas con profusión de información y de ejemplos en su libro electrónico, que está sólo a un click. Sin embargo, aquí van algunas claves: 1) los cambios en la educación van a suceder, inexorablemente, y más les vale al Estado y a los docentes acomodarse para dar respuestas a esas transformaciones; 2) el reto no es tecnológico, sino pedagógico, pero las nuevas tecnologías forman parte de ese cambio pedagógico; 3) el tiempo que viene marca la muerte del maestro dueño de un "supuesto saber"; 4) haga click y viaje por el libro de Rivas, para que cuando lleve a su hijo al jardincito, en unos días, la esperanza mitigue el temor.
Este año, conocida la película de terror protagonizada por el "jardincito Tribilín" en la provincia de Buenos Aires, la emoción se convierte en miedo. Más que nunca, irrumpe el lugar común de "ojos que no ven, corazón que no siente". Ahora, después del caso "Tribilín", los ojos ven y el corazón siente. En Tucumán, como en casi todas las provincias argentinas, la educación en la primera infancia es un negocio privado, casi sin control del Estado. La propia directora de Nivel Inicial de Tucumán, Patricia Tauber, reconoció hace unos días a LA GACETA que hasta 2010, habilitar un jardín maternal era resorte de Comercio, pero no del Ministerio de Educación. Recién en 2011 se firmó en Tucumán el decreto Nº 255, que regula la apertura de los jardines materno-infantiles. Si bien las autoridades reconocen que hay 200 expedientes en trámite en los que se pide autorización para funcionar, también advierten que hasta ahora sólo hay cuatro jardines maternales con número de registro y habilitación municipal.
Como le dijo a LA GACETA Axel Rivas, investigador en educación en el Cippec y autor del libro electrónico "Viajes al futuro de la educación", lo que pasó con "Tribilín" habla de un gran descontrol en el sistema educativo. "Los sistemas educativos han crecido mucho, y a veces el Estado no llega a estar presente. Es un llamado a la reflexión acerca de cómo el Estado tiene que controlar, sobre todo a un sector que había quedado en un marco legal endeble como es el de la primera infancia", advierte el investigador.
En el libro electrónico que fue la "excusa" para una entrevista que se publicó ayer en LA GACETA (leer online en www.cippec.org/viajesal futuro de la educacion), la travesía de Rivas arranca, precisamente, en el mundo de un niño de tres años. "Un alumno que ingresa en 2013 a la sala de 3 años, egresará de la escuela secundaria en 2028. ¿Cómo será ese mundo?", se pregunta el experto. Difícil para un adulto imaginar ese futuro de otro, que ya no será suyo. Sin embargo, es el desafío de los "planificadores" de la educación. ¿Cómo saber qué es lo que hay que enseñar hoy, si ese horizonte es hoy inimaginable? Más que enseñar contenidos, hay que enseñar a pensar, se responde el experto de Cippec. Y la invitación, desafiante, tiene su correlato en la práctica: Rivas le ofrece al lector/navegador un sinfín de ejemplos que ilustran que es posible cumplir, de alguna manera, con ese manifiesto futurista para la educación; y apostar a que "la escuela" le servirá a ese chico de tres años que en menos de un mes, cuando cruce el umbral de algún "jardincito" y se suelte de los brazos de sus padres, habrá empezado un ciclo iniciático que, por lo menos hasta el presente, concluirá cuando cumpla los 18, con el diploma del secundario.
Como una de las mayores riquezas de estos tiempos que corren es internet, de nada vale sintetizar lo que plantea Rivas con profusión de información y de ejemplos en su libro electrónico, que está sólo a un click. Sin embargo, aquí van algunas claves: 1) los cambios en la educación van a suceder, inexorablemente, y más les vale al Estado y a los docentes acomodarse para dar respuestas a esas transformaciones; 2) el reto no es tecnológico, sino pedagógico, pero las nuevas tecnologías forman parte de ese cambio pedagógico; 3) el tiempo que viene marca la muerte del maestro dueño de un "supuesto saber"; 4) haga click y viaje por el libro de Rivas, para que cuando lleve a su hijo al jardincito, en unos días, la esperanza mitigue el temor.
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