Miguel Velardez
Por Miguel Velardez 12 Febrero 2013
Como la estela blanca que trazan los aviones en los días de cielo despejado, Alberto Lebbos está decidido a seguir el camino trazado antes por Susana Trimarco. El objetivo es el mismo: hallar a los culpables. La madre de Marita Verón tuvo que recurrir al poder político nacional para hacer oír su voz, porque nadie le abría las puertas que golpeaba en Tucumán. Al padre de Paulina Lebbos le pasó algo muy parecido. Durante casi siete años que pasaron hasta ahora del crimen de su hija (fue encontrada sin vida el 26 de febrero de 2006), nadie se hizo cargo -con todas las letras- del caso.

La impunidad fue ganando terreno a lo largo del tiempo sin que Lebbos pudiera hallar una respuesta concreta, precisa y contundente respecto de quiénes asesinaron a su joven hija y dejaron el cuerpo en un descampado. Ahora, Lebbos cambió su estrategia: en lugar de estar gritando para que alguien lo escuche en la plaza Independencia resolvió seguir el camino de Trimarco, que no es otro que ventilar el caso a todo el país. Así como se "viralizan" algunos temas de debate en las redes sociales, el caso Lebbos adquirió la fuerza de un #hashtag en enero pasado, cuando aparecieron los afiches en los centros turísticos más importantes de Argentina. Esa campaña logró que el rostro de Paulina empezara a ser conocido en el resto del país, y asociado a la palabra "impunidad".

Una puerta parece abrirse ante los ojos de Alberto Lebbos a partir de la injerencia del kirchnerismo. El Gobierno nacional pidió que se remita el expediente completo al Programa Nacional contra la Impunidad. Hasta ahora, esas miles de fojas del caso Lebbos parecen guardadas bajo siete llaves en manos del fiscal de Instrucción Penal de la II Nominación de esta capital, Carlos Albaca.

"Pacto de silencio"

Tanto hermetismo hay en torno de esa documentación que el propio Lebbos se quejó de que nunca le permitieron ver lo que allí está escrito, a pesar de que él es querellante. En su reclamo, Lebbos advirtió que, hubo un pacto de silencio en aquel tiempo. Dijo que un comisario fue premiado con un ascenso para que no abriera la boca y reclamó que se analicen los cruces telefónicos de funcionarios clave del Ministerio de Seguridad en 2006.

Por decisión kirchnerista, el abogado Bernardo Lobo Bugeau será el encargado de desempolvar el expediente para analizar en detalle, línea por línea, lo que está escrito y nadie pudo ver. Lobo Bugeau fue secretario de Derechos Humanos del alperovichismo, pero después de dejar el gabinete se vinculó políticamente a Stella Maris Córdoba. La diputada nacional, que está enfrentada al gobernador, José Alperovich, tiene cierta influencia en la Casa Rosada. Varios dirigentes alperovichistas entienden que ella fue la encargada de "gestionar" la intervención nacional en el caso.

Mientras espera que la presidenta, Cristina Fernández, lo reciba en su despacho, el padre de Paulina continúa con la organización de una marcha contra la impunidad para el 26. Ese día se cumplirán siete años del crimen. El tiempo dirá si la movida kirchnerista de "rescatar" el caso es sólo una cortina para descomprimir la movilización de fin de mes o es realmente un intento por hallar puntos claros donde todo se dejó a oscuras. Susana Trimarco esperó una década para llegar a un juicio (más allá de que los 13 imputados fueron absueltos), Alberto Lebbos no descansará en su afán. Está por verse si el kirchnerismo le dará al padre de Paulina idéntico respaldo que le dio a la madre de Marita. Al fin y al cabo, padre y madre están unidos por un mismo dolor.

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