Endemoniado

Endemoniado

"Demonio" juega su papel, confiesa emociones y tristezas mientras avisa que en Atlético están para atacar los dos frentes y no para mirar la tabla de abajo.

Gabriel Méndez Gabriel Méndez
26 Enero 2013
No hay gambeta ni cara larga. Se rompe una leyenda urbana. Gabriel Méndez sí tiene buena onda. "¿No parece?", pregunta medio en serio y medio en broma el volante de Atlético, una de las apuestas fuertes de Ricardo Rodríguez de 2012. "Demonio" también se sube a la moto de "RR" y hace saber lo mismo. "Me estoy jugando mucho, pero incluyo a todos los que formamos este plantel. Queremos ganar, siempre queremos ganar", se pone serio ante la cuestión de para dónde puede correr Atlético en caso de que lo necesite: si Copa Argentina o B Nacional. "Los dos", corta en seco.

El hambre del grupo no diferencia colores. Dicen ser caníbales, amigos de la gula porque ellos quieren ganar todo. O al menos lo intentarán. "Creo que nadie vino a quedarse en la B Nacional. Tampoco es mi caso, yo quiero ascender, volver a Primera, jugar en la A. Nuestra presión es constante". El crédito de Paso de los Libres (Corrientes) mira a los ojos y responde todo sin necesidad de esconder la pelota y patearla a la tribuna. Y así como expresa lo suyo también dispara de media distancia, quizás su gran especialidad cuando le dan espacio a su zurda endiablada. "Sí, también soy hábil con la derecha, un crack... naaa, está ahí nomás", se carga y vuelve a pedir una pared. Lo de la simpatía no es un tema cerrado.

"Yo tengo la mejor, si no hablo es porque no me preguntan nada. Aparte, no es que no me guste sino que no estoy acostumbrado. No tengo ningún problema con ustedes los periodistas. Al contrario, son ustedes los que a veces ponen y sacan jugadores". Sin anestesia, Gabriel tira el debate. "Hay ciertos técnicos, no en este caso, que se fijan en eso", dice. ¿En el diario del lunes?, pregunta LG Deportiva.

"Es que con el diario del lunes somos todos Maradona o Messi", busca la salida del laberinto el ahora carrillero y estratega al mismo tiempo, dueño de varios golazos en su carrera. En Atlético tiene tres, tes de alta factura. "Debo tener dos o tres dentro del área. Pensar, que cuando estaba en la pensión de Racing (compartió vida allí con "Bambino Carrizo) me imaginaba haciendo más goles dentro del área, pero no me quejo", como que no le da demasiada importancia a la estadística uno de los tres 10 que tendrá el "decano" hoy en el Monumental. Diego Barrado, Gonzalo Bustamante y él deben ser los generadores de juego de la aduana. Matías Ballini, el perro de presa, controla el lleve y traiga. "Tenemos mucho juego en esa zona", se enorgullece el ex San Lorenzo y Banfield, entre otros escudos que defendió.

Brota una cuenta pendiente después de enumerar los clubes por donde anduvo. Currículum, a Méndez no le falta. "No sé si será bueno o no mi currículum, pero me hubiera gustado estar más de un año en un lugar. Siempre lo hice por un año, pero bueno, son cosas del fútbol". Hay un poco de lamento, quizás de frustración. "A veces no tenés la continuidad necesaria", agrega quien se ganó el carril izquierdo ofensivo de Atlético.

Fútbol y siesta
Pasatiempos, Gabriel no tiene. "Soy vago", se ríe de sí mismo "Demonio", aunque su verdadero apodo, el que le pusieron en la intimidad de su casa, sea "Gabyto". "Quedó ese y bueno. En Banfield me lo decían. Será porque soy medio loquito en la cancha", saca sus conclusiones este confeso haragán."La verdad no se hacer nada. Si no hubiera sido futbolista, capaz estudiaba porque en mi casa siempre me obligaron a hacerlo cuando yo no quería. Tal vez hoy estaría estudiando alguna carrera, qué se yo", se sincera el medio de 24 años, cuyos pasatiempos apenas si le escapan a la almohada.

"Nada, me gusta dormir nada más. A lo sumo, juego con la tablet. Si me jugaran al ping pong (o al padel), ahí voy. Soy bueno. En la pensión de Racing no me ganaba nadie", saca pecho uno de los tantos defensores de un grupo cerrado y unido pese a pequeño sacudones deportivos. "Es que acá no se diferencia al pibe (juvenil) del resto. Todos participamos, somos uno", describe Gabriel a la familia celeste y blanca y le da la espalda al descenso. "Nunca miro abajo, porque sé que si perdés está mal".

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