16 Enero 2013 Seguir en 

Lo que imaginó en sus relatos de ciencia ficción el escritor estadounidense Ray Bradbury hace más de cuatro décadas, comenzó a hacerse realidad. En los últimos lustros, la revolución en las comunicaciones ha modificado los hábitos culturales de una buena parte de la sociedad. La telefonía celular ha llegado a todos los niveles sociales. De acuerdo con el informe "Mercado celular argentino", divulgado el año pasado, había 38 millones de las líneas en uso, de las cuales 36 millones correspondían a teléfonos y 2 millones a módems y sistemas machine to machine (la conexión de una alarma a un celular, por ejemplo).
La telefonía móvil se ha masificado y ha dado lugar a una generación de ciudadanos tecnológicos. Con los beneficios, también vienen los perjuicios, estos últimos por un empleo adictivo que puede poner en riesgo la vida de una persona en determinadas circunstancias.
Una encuesta de Etiqueta Móvil de Intel que se conoció en septiembre pasado, mostró que un mínimo porcentaje quedaba fuera de los malos hábitos en materia de celulares. Se indicaba que entre los automovilistas que circulaban por Buenos Aires diariamente -alrededor de 1.800.000-, unos 174.000 usaban el celular mientras conducían, lo que les ocasionaba distracciones que podían derivar en accidentes de tránsito. Escribir mensajes de texto mientras se conduce (77%), hablar por el móvil en voz alta en lugares públicos (64%) o dejar el dispositivo en un volumen muy alto en lugares públicos (55%), se hallaban entre los principales malos hábitos.
Los transeúntes no se quedan atrás. Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo de la Nación mencionado en el sitio de Cesvi Argentina, los peatones se han convertido en el principal grupo de riesgo. Mientras de cada 1.000 lesionados que circulan en auto o moto mueren alrededor de 7 y 8 personas respectivamente, de cada 1.000 peatones atropellados han fallecido 15. Se indica que estos peatones tecnológicos caminan con la vista clavada en la pantalla del celular o abstraídos por la música de sus mp3 y pierden la noción del peligro. El aislamiento auditivo del medio ambiente y la distracción son dos de las causas. La ceguera por falta de atención se produce por un desdoblamiento de la función cognitiva que reduce la asignación de recursos mentales o la atención a los estímulos externos. Los estudios han demostrado que existe una correlación débil entre la distracción (definida como el uso de auriculares, teléfono celular, comer, beber, fumar o hablar) y la menor cautela para cruzar la calle. Además, se observó que los peatones que hablaban por celular cruzaban la calle con mayor lentitud, aumentando el tiempo de exposición al tránsito vehicular.
En San Miguel de Tucumán, se observan cada vez más peatones que caminan concentrados en sus aparatos, abstraídos de lo que los rodea; se los ve tropezar o chocar con otras personas, pero siguen adelante sin levantar la vista. Pese a que hay una normativa que lo prohíbe, una buena parte de los tucumanos habla por teléfono mientras conduce. Sería importante que se educara al transeúnte, por ejemplo, a través de campañas urbanas que podrían estar a cargo de personal municipal o los policías que recorren el centro. En el caso de los conductores infractores, se podrían endurecer las sanciones económicas para desalentar la reincidencia. Tal vez así entendamos que la vida es el don más preciado que tenemos.
La telefonía móvil se ha masificado y ha dado lugar a una generación de ciudadanos tecnológicos. Con los beneficios, también vienen los perjuicios, estos últimos por un empleo adictivo que puede poner en riesgo la vida de una persona en determinadas circunstancias.
Una encuesta de Etiqueta Móvil de Intel que se conoció en septiembre pasado, mostró que un mínimo porcentaje quedaba fuera de los malos hábitos en materia de celulares. Se indicaba que entre los automovilistas que circulaban por Buenos Aires diariamente -alrededor de 1.800.000-, unos 174.000 usaban el celular mientras conducían, lo que les ocasionaba distracciones que podían derivar en accidentes de tránsito. Escribir mensajes de texto mientras se conduce (77%), hablar por el móvil en voz alta en lugares públicos (64%) o dejar el dispositivo en un volumen muy alto en lugares públicos (55%), se hallaban entre los principales malos hábitos.
Los transeúntes no se quedan atrás. Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo de la Nación mencionado en el sitio de Cesvi Argentina, los peatones se han convertido en el principal grupo de riesgo. Mientras de cada 1.000 lesionados que circulan en auto o moto mueren alrededor de 7 y 8 personas respectivamente, de cada 1.000 peatones atropellados han fallecido 15. Se indica que estos peatones tecnológicos caminan con la vista clavada en la pantalla del celular o abstraídos por la música de sus mp3 y pierden la noción del peligro. El aislamiento auditivo del medio ambiente y la distracción son dos de las causas. La ceguera por falta de atención se produce por un desdoblamiento de la función cognitiva que reduce la asignación de recursos mentales o la atención a los estímulos externos. Los estudios han demostrado que existe una correlación débil entre la distracción (definida como el uso de auriculares, teléfono celular, comer, beber, fumar o hablar) y la menor cautela para cruzar la calle. Además, se observó que los peatones que hablaban por celular cruzaban la calle con mayor lentitud, aumentando el tiempo de exposición al tránsito vehicular.
En San Miguel de Tucumán, se observan cada vez más peatones que caminan concentrados en sus aparatos, abstraídos de lo que los rodea; se los ve tropezar o chocar con otras personas, pero siguen adelante sin levantar la vista. Pese a que hay una normativa que lo prohíbe, una buena parte de los tucumanos habla por teléfono mientras conduce. Sería importante que se educara al transeúnte, por ejemplo, a través de campañas urbanas que podrían estar a cargo de personal municipal o los policías que recorren el centro. En el caso de los conductores infractores, se podrían endurecer las sanciones económicas para desalentar la reincidencia. Tal vez así entendamos que la vida es el don más preciado que tenemos.
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